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Full text of "Revista javeriana"

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I 


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Princeton Theological Seminary Library 


https://archive.org/details/revistajaverian2311unse_0 



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El interior de la tierra 

La última palabra de la Geología. J. E. RAMIREZ 

Dumbarton Oaks 

Aspecto internacional. FRANCISCO JOSE URRUTIA 

¿Americanos o católicos? 

Problemas de colaboración. R. PATTEE 

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Francia en América 

El Canadá ejemplarizante. L. B. RAYMOND 

HUMANIDADES - GLOSAS - LIBROS EXTRANJEROS Y COLOMBIANOS 
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Colaboran: Monseñor FIDEL LEON TRIAN A - H. JEREZ - M. J. FORERO - N. BAYONA POSADA 

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BOGOTA " "^^COLOMEIA 
Ca//e 10, número 6-57 - Teléfono 53-75 


Commentaria in Codicem luris Canonici 


Tal es el título de la obra monumental que ha eo* 
menzado a publicar el R. P. José MU Uría s. j., doc¬ 
tor en derecho canónico y Decano de la misma fa¬ 
cultad de la Pontificia Universidad Católica Jave- 
riana, en Bogotá. El autor, conocido ya en el mun¬ 
do jurídico por sus obras de Filosofía del Derecho 
y Dar echo Romano, emplea en ésta de modo aptísi¬ 
mo, el método exegético-histórico de tal suerte que 
no se contenta con declarar amplia y lúcidamente 
el sentido de los cánones, sino que presenta la evo¬ 
lución histórica de cada instituto. De aquí que no 
dude el P. Uría en aducir en cada paso las fuentes, 
con lo cual, si bien resulta la obra voluminosa, pres¬ 
ta por otra parte un buen servicio al clero hispano¬ 
americano — a quien especialmente se dirige la 
obra — ya que no abundan en nuestras bibliotecas 
las colecciones de fuentes del Derecho Canónico. 
Por su método, por la extensión misma de la obra 
y por su claridad, no dudamos en calificarla de 

monumental. 


El l. €r tomo completo consta de 800 páginas aproximadamente 

De estos comentarios sólo se editaron 500 ejemplares 
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Pcnltticia Vnieersíilínl 

Jíwerianu 

rector, FELIX RESTREPO, s. j. 

VICERRECTOR, CARLOS OrTIZ R.ESTREPO, S. J. 

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SECRETARÍA f JOSE RAFAEL ANGULO, S. J. 

general! Ulad;slao González Andrade 
sindico, Félix Padilla 


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DEPARTAMENTO DE EXTENSION CULTURAL 

Revista Javeriana 

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directores, Juan Alvarez, s. j. — Francisco J. González, s. j. 


CONSEJO ADMINISTRATIVO DE LA UNIVERSIDAD: 

RECTOR, VICERRECTOR, SINDICO, DR. JESUS MARIA MARULANDA, 

DR. FRANCISCO DE PAULA PEREZ, DON JORGE OBANDO LOMBANA. 

LUIS CARLOS RAMIREZ, S. J. 
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FACULTADES FEMENINAS , Decanos: 

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FACULTADES ECLESIASTICAS , Decanos: 

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Directores: 

ARTE Y DECORACION. .SANTIAGO MARTINEZ DELGADO. 

COMERCIO .LUIS ALBERTO BRAVO. 

ENFERMERIA. ...... . RAFAEL BARBERI. 

BACTERIOLOGIA. . . . r . JORGE DE FRANCISCO. 

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^ HOGAR UNIVERSITARIO PARA SEÑORITAS. 










































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Vida nacional (I) 




(Del 15 de enero al 15 de febrero) 


Política internacional 


Colombia en Méjico 


Para mediados de febrero se con¬ 
vocó la conferencia de cancilleres 
de México, decidida por el conse¬ 
jo directivo de la Unión Panameri¬ 
cana. La conferencia ha de estu¬ 
diar diferentes problemas que se 
rozan con el porvenir de las Amé- 
ricas y, especialmente, con la po¬ 
sición internacional de la herma¬ 
na república Argentina. Gomo can¬ 
ciller fue nombrado don Alberto 
Lleras Gamargo, quien ocupaba la 
cartera de gobierno; es por consi¬ 
guiente, el presidente de la delega¬ 
ción. Miembros de ella fueron de¬ 
signados los doctores Garlos Lleras 
Restrepo, Jorge Soto del Corral, 
Roberto Urdaneta Arbeláez, José 
Vicente Gombariza, Alberto Gon¬ 
zález Fernández, actual embajador 
en Quito, y los señores Jorge Za¬ 
lamea, embajador en México, Emi¬ 
lio Toro y Fernando Salazar. Los 
doctores Darío Botero Isaza, Gon¬ 
zalo Restrepo Jaramillo y Maria¬ 
no Ospina Pérez, destacadas figu¬ 
ras del partido conservador se ex¬ 
cusaron de concurrir a la mencio¬ 
nada conferencia. No solo por el 
hecho de asistir a la conferencia 


sino por la «delegación de lujo» con 
que va representada Colombia, pa¬ 
ra El Tiempo (11-13) es motivo de 
aplauso sin restricciones este acto 
del gobierno. También para El Li¬ 
beral la delegación es motivo de 
orgullo: «Pocas veces había con¬ 
seguido la república (L. 11-13), in¬ 
tegrar una misión diplomática tan 
brillante, tan completa, y tan es¬ 
trechamente vinculada a todos los 
sectores de su actividad y de su 
inteligencia». El Siglo se aparta de 
estos conceptos (S. 11-13). En pri¬ 
mer lugar, el diario citado, destaca 
la forma improvisada como la re¬ 
pública se presenta al certamen, 
toda vez que el gobierno no se preo¬ 
cupó por elaborar plan alguno para 
someter a la conferencia. Tampo¬ 
co estima competente para el cargo 
de jefe de la delegación a don Al¬ 
berto Lleras, quien carece de las 
disciplinas que supone tan elevada 
misión. \ Por lo cual el periódico 
concluye: «Colombia aparecerá en 
la capital azteca desamparada y 
deslucida. En diez días nada se 
puede improvisar en materias que 








repugnan fundamentalmente la im¬ 


provisación. Las consecuencias pé¬ 
simas son enteramente previsibles». 


1 Periódicos más citados: C. El Colombiano; D. La Defensa; DP. Diario Popular; E. El 
Espectador; L. El Liberal; P. El Pueblo; Pa. La Patria; R. La Razón; S. El Siglo T. 
El Tiempo. 


( 58 ) 
















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La delegación partió hacia México 
el 17 de febrero, tal como fue in¬ 
tegrada por el gobierno. El canci¬ 
ller Lleras Gamargo reemplaza en 
ese despacho al doctor Darío 
Echandía. Y sustituto de Lleras 
Gamargo en el ministerio de go¬ 
bierno fue nombrado el doctor An¬ 
tonio Rocha, quien estuvo al fren¬ 
te del ministerio de educación du¬ 
rante un largo tiempo. 

Visita de la delegación boliviana 

De paso para México vino a Bo¬ 
gotá parte de la delegación bolivia¬ 
na que representará a esa nación en 
la conferencia de cancilleres. Los 
señores Gustavo Chacón, minis¬ 
tro de relaciones y Víctor Paz Es- 
tensoro, ministro de hacienda, lle¬ 
garon a esta capital el 12 de febre¬ 
ro. Enviados especiales de nuestra 
cancillería y del presidente de la 
república saludaron a los diplomᬠ
ticos visitantes. El señor Paz Es- 
tensoro hizo interesantes declara¬ 
ciones para la prensa (S. 11-113). 
En ellas el ministro boliviano mues¬ 
tra la enemistad del comunismo 
hacia el actual gobierno de la repú¬ 
blica; niega el contenido nazista 
que se le ha querido imputar a la 
última revolución boliviana. Al 
respecto dice: «Nuestro deseo es 
reivindicar las riquezas de Bolivia 
para beneficio del pueblo». Además 
informa que la normalidad ha re¬ 
tornado totalmente a su país el cual 
estuvo solamente noventa días ba¬ 
jo el estado de sitio. Finalmente 
el ministro Paz Estensoro insiste 
en el carácter nacionalista del go¬ 
bierno de Bolivia, como «reacción 
contra la oligarquía que se había 
apoderado del país». Los ministros 


fueron agasajados por diversas en¬ 
tidades durante el breve lapso que 
estuvieron en Colombia. 

Interccmbio colombo-ecuatoriano 

El ministro de defensa del Ecua¬ 
dor, coronel Garlos Macheno, ha 
hecho algunas declaraciones res¬ 
pecto al intercambio militar que 
debe verificarse entre Colombia 
y la antedicha nación hermana. El 
coronel Macheno (T. II-9) está em¬ 
peñado desde hace algún tiempo 
en hacer efectivo el «intercambio 
entre la oficialidad de las fuerzas 
armadas de los países bolivarianos, 
como el único medio de conseguir 
un conocimiento mutuo de los pro¬ 
blemas militares de estas naciones». 
Al efecto, el gobierno ecuatoriano 
ha ofrecido becas en el colegio mi¬ 
litar de Quito como base inicial 
para el intercambio de que habla 
el coronel Macheno. Igualmente el 
mencionado funcionario ecuatoria¬ 
no adelanta gestiones con el em¬ 
bajador colombiano González Fer¬ 
nández «para hacer el intercambio 
con Colombia de compañías de tro¬ 
pas orgánicas por un año». 

También de paso para Méjico, 
hizo escala en Bogotá el señor can¬ 
ciller ecuatoriano, Camilo Ponce 
Enríquez, en compañía del honora¬ 
ble señor Garlos Tovar y Zaldum- 
bide. El señor Ponce Enríquez fue 
recibido a su llegada por el can¬ 
ciller Lleras Gamargo y otras 
altas personalidades. Durante su 
permanencia en Bogotá el canci¬ 
ller ecuatoriano fue objeto de ho¬ 
menajes por parte del gobierno, y 
de diversas entidades. El señor 
Ponce se muestra satisfecho del 
creciente impulso de las relaciones 
colombo-ecuatorianas. 


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( 60 ) 








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/. Política 

La política liberal se agita en tor¬ 
no de dos problemas, o mejor, de 
dos actividades: las candidaturas 
para la presidencia y las próximas 
elecciones de representantes y di¬ 
putados. Respecto de candidaturas 
los jefes liberales se han abstenido 
de hacer declaraciones explícitas 
pero los comentadores de prensa 
registran a diario las posibilidades 
de los candidatos y aun empiezan a 
realizar la campaña. De las infor¬ 
maciones de los periódicos se puede 
concluir que hay tres nombres de¬ 
finidos como candidatos a la pre¬ 
sidencia: los doctores Gabriel Tur- 
bay, Jorge Eliécer Gaitán y Darío 
Echandía. El doctor Turbay regre¬ 
só de Wáshington y penetró direc¬ 
tamente a la política activa. Antes 
de llegar a Bogotá, hizo un reco¬ 
rrido por algunos departamentos. 

En Popayán el doctor Turbay 
(T. 1-15) hizo un llamamiento a 
la unión liberal, invitó a colaborar 
en la unidad nacional al conserva- 
tismo, no sin advertirle que, de no 
hacerlo «señalaría al pueblo los 
medios de ponerle la camisa de 
fuerza a la reacción enloquecida». 
Para responder a esta frase, el doc¬ 
tor Guillermo León Valencia, en el 
senado (G. 1-26) manifestó que la 
«camisa de fuerza» no debía ser 
para un partido honorable sino pa¬ 
ra los «asesinos y especuladores». 

El candidato continuó su jira por 
el Valle, Manizales, Pereira, el 
Quindío, Medellín, etc. En esta úl¬ 
tima ciudad fue proclamado por 
una fuerte corriente liberal. A su 
llegada a Bogotá (T. 1-28) gran par¬ 
te del liberalismo concurrió a reci¬ 
birlo y organizó una manifestación 
en su honor. Los partidarios del 
doctor Gaitán trataron de «sabo¬ 
tear» —según El Tiempo — dicho 
homenaje e impidieron a Salazar 
Ferro y a Turbay (G. 1-28) la pro- 


nacional 

nunciación normal de sus discur¬ 
sos. Ambos oradores, sin embargo, 
condenaron enfáticamente la ac¬ 
tuación gaitanista. Calibán saluda 
en Turbay no solo al «campanero 
de la unión , sino al conductor que 
devolverá a la colectividad la fe 
en la doctrina, y le pondrá fin a es¬ 
te período de absurdo confusionis¬ 
mo, a cuya sombra se han introduci¬ 
do en nuestras filas toda clase de 
aventureros políticos» etc. Calibán 
espera que el verdadero liberalis¬ 
mo elimine, con esta ocasión de la 
llegada Turbay, «la caterva extre¬ 
mista». 

En todas sus correrías, el doctor 
Turbay insistió en la unión liberal. 
Y llegó el momento del banquete 
en el Granada. El presidente del 
directorio de Cundinarqarca exaltó 
a Turbay como futuro candidato a 
la presidencia (T. II-3) Unión li¬ 
beral, «reajuste democrático», con¬ 
cordia general, aplauso al gobierno 
por su política de reformas consti¬ 
tucional y social, respeto para to¬ 
dos, oposición franca para los que 
traten de buscar «soluciones por 
la violencia o que en la defensa de 
sus intereses se muestran intransi¬ 
gentes o animados de un peligroso 
criterio de reacción capitalista o 
de revolución proletaria», apoyo 
a los sindicatos cuando no se cons¬ 
tituyan en herramienta política, in¬ 
tensificación de la agricultura, pro¬ 
blemas de la postguerra, protec¬ 
ción al trabajo, fueron los temas 
del doctor Turbay en su discurso 
de fondo. En cuanto a los proble¬ 
mas del mundo, el doctor Turbay 
cree, junto con el filósofo, que es¬ 
tos son «días decisivos» y que, ade¬ 
más, es este «un momento sombrío 
y estelar al mismo tiempo». Para 
referirse a la exaltación de su nom¬ 
bre a la candidatura presidencial, 
exaltación «que viene a sumarse a 


( 62 ) 




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las que he venido recibiendo de 
tiempo atrás de otras secciones de 
la república» el doctor Turbay re¬ 
pitió lo dicho hace dos años en Las 
Mesitas del Colegio: «honor tan 
grande ni se solicita ni se busca, 
pero ofrecido espontáneamente por 
una colectividad política como la 
nuestra, no se declina». Y, como 
obsequio especial para los concu¬ 
rrentes, el doctor Turbay dio la no¬ 
ticia de que a instancias suyas in¬ 
gresaría a la dirección del partido 
el doctor Eduardo Santos, quien 
en ocasión anterior se negó reite¬ 
radamente a efectuarlo; con el doc¬ 
tor Santos también entra a la di¬ 
rección el doctor Darío Echandía, 
ex-ministro de relaciones exterio¬ 
res. En efecto la dirección liberal 
ha quedado constituida por los doc¬ 
tores Julio Roberto Salazar Ferro, 
Darío Echandía, Gabriel Turbay 
y Eduardo Santos. Este movimien¬ 
to calificado por los jefes del par¬ 
tido de «reintegración liberal» ha 
sido saludado por la prensa* libe¬ 
ral, con muestras de regocijo. La 
Razón se complace en saludar a 
Turbay como al restaurador de la 
fe liberal cuya presencia ha levan¬ 
tado el ánimo de las masas «al mᬠ
gico conjuro de esta sola palabra: 
unión» (R. 1-24); como también 
se complace en transcribir el elo¬ 
gio que un orador de Popayán emi¬ 
tió en honor del jefe: «Habéis ve¬ 
nido a Popayán —(R. II-3)— a re¬ 
cibir de manos de Mosquera la 
misma espada de fuego con que el 
Libertador venció en Junín». Los 
comunistas no van a ese punto. 
Después de notificarle al candida¬ 
to que ellos sí tienen un programa, 
rematan con una admonición (D. 
P. II-5): «Cuidado, mucho cuida¬ 
do, doctor Turbay. . . La campaña 


anticomunista es una lección que 
no olvidan las masas». Con todo, 
el doctor Turbay prosiguió su co¬ 
rrería calificada por La Razón 
(11-14) de «marcha triunfal», enca¬ 
minada a fortalecer al partido para 
las elecciones de marzo. La direc¬ 
ción liberal, prepara, al momento 
de redactarse estas líneas, un ma¬ 
nifiesto político a* la colectividad, 
donde señalará la ruta para la cam¬ 
paña electoral que se avecina. En¬ 
tre tanto las directivas se ocupan de 
la organización de directorios mu¬ 
nicipales y departamentales. 

Debate sobre el 10 de julio 

La minoría conservadora del se¬ 
nado, presentó una proposición ten¬ 
diente a que la cámara alta solici¬ 
tara del gobierno el levantamiento 
del estado de sitio. Fundó la mino¬ 
ría su moción en que para entrar 
en el estudio final de la reforma 
de la constitución se imponía el to¬ 
tal regreso a la normalidad. La ma¬ 
yoría y los ministros consideraron 
inconstitucional la propuesta con¬ 
servadora y, en cambio, los docto¬ 
res Lleras Gamargo y Echandía in¬ 
vitaron a la corporación a delibe¬ 
rar sobre las causas, antecedentes 
etc. del 10 de julio (S. 1-24). La mi¬ 
noría situó sus reclamaciones des¬ 
de este punto de vista: el doctor 
Darío Echandía, canciller de la re¬ 
pública, cuando hacía la defensa del 
presidente López en el debate Han- 
del, amenazó al conservatismo —en 
concepto de sus voceros— con de¬ 
clararlo ante el país como responsa¬ 
ble de la conspiración de Pasto; 
posteriormente el doctor Echandía 
en reportaje concedido al semana¬ 
rio Batalla (1-5) dijo: «En Colom¬ 
bia, el conservatismo no expone 
ideas; planea cuartelazos»; como 


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\ 


( 64 ) 





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Estimado doctor y amigo: 

Me permito manifestarle, por medio de la presente, algunos puntos de vital importancia, 
para que por medio de la prensa los haga saber a todos aquellos que en la actualidad están 
sufriendo perturbaciones de la voz. 

Desde la edad de doce años venía sufriendo de una diplofonía, trastorno de la fonación, 
caracterizado por^ la formación de dos sonidos en la laringe. Se observa este caso, según- 
opinión suya, cuando existe un nodulo que divide la hen¬ 
didura vocal en dos glotis que emiten sonidos de tonos 
distintos. 

Tan acertado fue su diagnóstico, que ya algunos mé¬ 
dicos de Neiva y de Ibagué me habían dicho lo mismo 
que usted. Yo venía padeciendo en tal forma, que me era 
imposible asistir a las reuniones sociales por pena de lla¬ 
mar la atención de las personas que me rodearan, al oír 
dos voces, circunstancia ésta en extremo desagradable. 

Hoy me encuentro gozando de una voz agradable, 
fuerte y muy nítida, gracias a usted, doctor, que posee los 
sistemas más modernos para la corrección de los defectos 
funcionales de la voz y las perturbaciones psíquicas del 
habla. 

Mi padre y yo le damos nuestros sinceros agradeci¬ 
mientos por tan maravillosa curación en tan poco tiempo, 
y esperamos que Dios le recompense por tántos beneficios 
que usted le está haciendo a la humanidad. 

He leído algunos casos en la prensa, de sordomudos 

y audimudos curados por usted, como también otros casos interesantes a avanzados en la 
fonética. — Jesús Vargas J. — Neiva, febrero 12 de 1945. 



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tales frases del canciller —agrega¬ 
ban los senadores minoritarios— 
constituyen una imputación grave 
para el partido, es necesario que el 
doctor Echandía presente las prue¬ 
bas de que el conservatismo inter¬ 
vino en la trama del 10 de julio. El 
ministro de gobierno, habló en pri¬ 
mer término para referirse a la le¬ 
galidad y prolongación del estado de 
sitio; hizo al respecto una extensa 
disquisición constitucional, sin to¬ 
car, lo que pudiera llamarse, las res¬ 
ponsabilidades de Pasto. No hizo 
uso de la palabra el canciller por 
lo cual, reiteradamente los parla¬ 
mentarios conservadores lo invita¬ 
ron a definir la situación. El sena¬ 
dor Guillermo León Valencia en¬ 
frentó al canciller a un dilema (G. 
1-24): «Si no prueba que el conser¬ 
vatismo es responsable del 10 de ju¬ 
lio, es un farsante; si no habla es 
cómplice». Repetidas veces el con¬ 
servatismo declaró en el senado su 
voluntad de afrontar el debate en 
todas sus formas, como prueba de 
su absoluta tranquilidad de con¬ 
ciencia. En segunda intervención 
el ministro de gobierno manifestó 
que si el conservatismo no era res¬ 
ponsable directo de la sedición, en 
todo caso, había creado el clima o 
el ambiente propicio para que se 
efectuara. Pero, al mismo tiempo, 
el ministro en nombre del gobierno 
pidió que no se le extrajeran «con¬ 
clusiones políticas» al debate e ins¬ 
tó al senado a volver para siempre 
la página de Pasto y olvidarla de¬ 
finitivamente. El general Espinel, 
ministro de guerra, intervino en la 
discusión para informar al senado, 
en tres sesiones secretas, sobre 
asuntos de carácter militar. En la 
última de estas sesiones secretas, 
también hizo uso de la palabra el 


canciller Echandía. Gomo conclu¬ 
sión del debate sobre Pasto la ma¬ 
yoría liberal aprobó una moción 
donde se declara satisfecho por la 
actuación del gobierno ante los su¬ 
cesos de Pasto; y la minoría dejó 
su constancia en que destaca el si¬ 
lencio pertinaz del canciller Echan- 
día y ratifica haber sido totalmente 
ajena a la tentativa de sedición mi¬ 
litar. 

Política conservadora 

También el partido conservador 
se apresta a concurrir a las eleccio¬ 
nes de marzo. El directorio nacio¬ 
nal integrado por los senadores Da¬ 
río Botero Isaza, Francisco José 
Ocampo y Guillermo León Valen¬ 
cia, ha emitido varias resoluciones 
a fin de integrar directorios depar¬ 
tamentales. La política del partido 
en las cámaras se mantuvo al mis¬ 
mo nivel en la legislatura extraor¬ 
dinaria. 

\ 

Nueva Corte Suprema de Justicia 

Ha quedado integrada la nueva 
Corte Suprema de Justicia de 
acuerdo con las ternas pasadas al 
congreso por el presidente de la re¬ 
pública y escogidas por el senado y 
la cámara de representantes. En la 
selección de las ternas, según los 
diarios oposicionistas, no faltaron 
los incidentes políticos (S. 11-14). 
Uno afirma que en junta prepara¬ 
toria los senadores liberales (G. 
11-14) acordaron sus candidatos 
«con criterio político» y solo seña¬ 
laron para las magistraturas a ele¬ 
mentos totalmente adictos al gobier¬ 
no. Por la mayoría liberal del se¬ 
nado fueron elegidos los siguientes 
magistrados: Ricardo Hinestroza 
Daza, Aníbal Gardozo Gaitán, Her¬ 
nán Salamanca, Ramón Miranda y 


Para granos, bubones, furúnculos, recuerde: 
JARABE DE GUALANDAY. (Producto J. G. B.). 


( 66 ) 


'i 





Cooperativa de Crídito de Bogotá £tda. 

FUNDADA EN 1936 

Deposite sus economías en esta sociedad, que patrocina la 

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA JAVERIANA 

y que está debidamente autorizada por el 
GOBIERNO NACIONAL 

Recibe de cincuenta pesos ($ 50,00) en adelante. 

Paga el siete por ciento (7 %) de interés anual, por 

mensualidades vencidas. 

Obtenga usted una segura renta de sus economías y 
contribuya a los benéficos fines sociales de la 

COOPERATIVA DE CREDITO DE BOGOTA — Limitada 

Presidente del Consejo de Administración: 

DR. FRANCISCO DE PAULA PEREZ 
Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas 

de la Universidad Javeriana. 

Gerente: DR. MANUEL TRILLOS PALLARES 

CARRERA 8? NUMERO 13-83 — TERCER PISO 

BOGOTA 




























Ricardo Jordán Jiménez; la mino¬ 
ría del senado eligió a los doctores 
yíctor Cock, Eleuterio Serna y 
José Antonio Montalvo; la cámara 
de representantes eligió, por la ma¬ 
yoría liberal: Francisco Bruno, Jor¬ 
ge Restrepo Hoyos, Pedro Castillo 
Pineda, Germán Alvarado y Ma¬ 
nuel José Vargas; por la minoría 
conservadora: Arturo Tapias Pilo- 
nieta, Jorge E. Gutiérrez Anzola 
y Domingo Sarasty. Con estos nom¬ 
bres queda, pues, integrada la Corte 
Suprema de Justicia nacional, has¬ 
ta el año de 1950. El gobierno antes 
de pasar las ternas al congreso, so¬ 
licitó del directorio conservador los 
nombres que a su juicio debían re¬ 
presentar en la corte, al conserva- 
tismo. El directorio nacional se ne¬ 
gó cortésmente a señalar candida¬ 
tos por los siguientes motivos (S. 
II-6): 

Razones de importancia fundamentan nues¬ 
tra determinación: es evidente que la na¬ 
ción aspira a desvincular por completo la 
política de la administración de justicia y en 
consecuencia no estaría bien que los direc¬ 
torios de los partidos políticos robustecie- 
cieran esa vinculación, indicando candida¬ 
tos. y conviene recordar que este directorio 
asumió acertada actitud en anteriores elec¬ 
ciones de jueces municipales de Bogotá en 
1941 y 1942, sustrayendo su elección a toda 
intervención política, por medio de los con¬ 
cursos verificados entonces. , 

De nuevo Mamatoco 

Ha vuelto a ser motivo de comen¬ 
tarios el crimen de la Magdalena, 
conocido más exactamente como 
el asesinato de Mamatoco. El moti¬ 
vo de los nuevos comentarios ha 
sido la presentación de un docu¬ 
mento en el senado por parte del 
doctor Guillermo León Valencia 
(S. II-6) miembro del directorio na¬ 
cional conservador. El documento 
consiste en una carta del coronel 
Garlos Galvis Gómez, quien fue 
uno de los comandantes de la po¬ 
licía nacional, asistente a las jun¬ 
tas del 13 y del 14 de julio, donde 
según se viene afirmando pertinaz¬ 
mente fue planeado el asesinato del 


púgil negro. La carta del coronel 
Galvis Gómez va dirigida al presi¬ 
dente López y al doctor Darío 
Echandía. En ella el mencionado 
oficial hace un extenso relato so¬ 
bre diversos aspectos del crimen y 
sobre algunas de sus consecuencias, 
entre ellas, la drástica organiza¬ 
ción de que fue objeto la policía na¬ 
cional bajo la dirección del doctor 
Alfonso Araújo. Con referencia di¬ 
recta a los antecedentes del crimen 
el coronel Galvis Gómez relata en 
síntesis lo siguiente: poco antes de 
sucederse el delito, él —Galvis Gó¬ 
mez— entró a la oficina del enton¬ 
ces director de la policía Barrios 
Trujillo; departían en ese momen¬ 
to varios de los asistentes a la jun¬ 
ta del 14; dizque al penetrar al des¬ 
pacho el coronel Galvis oyó de Ba-. 
rrios Trujillo ciertas palabras ex- ’ 
traordinariamente graves que com¬ 
prometían a elevados personajes 
del gobierno. No se comprende por 
qué tal denuncia se hizo después 
de tanto tiempo y por tal conducto. 
Por esto y por el carácter de Gal- 
vis Gómez los periódicos liberales 
estiman todo esto como una «patra¬ 
ña» fruto del «resentimiento» del 
citado coronel. Y los diarios conser¬ 
vadores vuelven a inquirir (G. II- 
7) «por qué asesinaron a Mamato¬ 
co». El director de El Siglo, doctor 
Laureano Gómez llevó al juez, per¬ 
sonalmente, el texto completo de la 
carta de Galvis Gómez para que 
fuera incluida dentro del expedien¬ 
te. Hasta el momento no se sabe 
qué importancia judicial se dará al 
sensacional documento. El coronel 
Galvis Gómez reside actualmente 
en México y probablemente se¬ 
rá obligado a ratificar sus afirma¬ 
ciones. 

Reforma constitucional y Congreso 

El congreso que tuvo lugar de 
noviembre a diciembre del año pa¬ 
sado, aprobó en su primera vuelta 
el proyecto de reforma constitu- 


( 68 ) 








« 


A qué horas 



su cigarrillo? 


Para algunas perso¬ 
nas, el primer cigarri¬ 
llo de cada dia es el 
que les produce mayor 
agrado; otras hallan 
mayor deleite en el ci¬ 
garrillo que encienden después del almuer¬ 
zo; para otras, el cigarrillo que sigue a la 
comida de la noche les ofrece mayor atrac¬ 
tivo, hay quienes dan preferencia al ci- 
garrilo con el cual se acompaña una taza 
de café. 

Pero todos están de acuerdo en que el 
cigarrillo de su predilección es bueno a 
cualquier hora. Los fumadores saben que 
la experiencia agradable de fumar puede 
repetirse cada vez que se enciende un 
PIELROJA. 

Lo cual es el resultado de muchos años 
de experiencia en la dificil labor de pro¬ 
ducir todos los dias el cigarrillo más sa- S A B R O SO 

broso de Colombia. A TODA HORA 





































































cional sometido a su estudio por el 
gobierno. El extraordinario de 1945, 
dio trámite a la aprobación total 
del proyecto, con lo cual queda sa¬ 
tisfecho el anhelo del órgano eje¬ 
cutivo. La reforma constitucional, 
altera sustancialmente varios ar¬ 
tículos de la carta del 86 y de la 
reforma de 1936. He aquí, en resu¬ 
men, las principales modificaciones 
hechas por el congreso a la constitu¬ 
ción: se organiza la capital de la 
república —Bogotá— como distrito 
especial «sin sujeción al régimen 
municipal ordinario»; se concede la 
ciudadanía a la mujer, pero la «fun¬ 
ción del sufragio y la capacidad pa¬ 
ra ser elegido popularmente, se re¬ 
serva a los varones»; las ramas del 
poder público quedan divididas en 
legislativa, ejecutiva y jurisdiccio¬ 
nal (esta última sustituye al órga¬ 
no judicial); los magistrados de la 
Corte Suprema, los consejeros de 
estado, el procurador general de 
la nación y el contralor nacional, 
tendrán voz en las cámaras confor¬ 
me a la ley; el procurador de la 
nación será elegido en la cámara de 
representantes de terna enviada por 
el presidente de la república; se 
priva a las asambleas de la facultad 
de elegir senadores; y para este 
fin se impone el voto popular di¬ 
recto; efectuará la elección de con¬ 
sejeros de estado el congreso, de 
ternas elaboradas por el presidente 
de la república; igualmente los ma¬ 
gistrados de la Corte Suprema de 
Justicia, con la diferencia de que 
los suplentes serán personales; los 
empleados de la rama jurisdiccio¬ 
nal no podrán intervenir activamen¬ 
te en asuntos electorales ni los su¬ 
balternos de la misma, so pena de 
pérdida del empleo; para ejercer 
la abogacía solo podrán ser inscri¬ 
tos los abogados con título profesio¬ 
nal ; las asignaciones de los señores 


diputados a las asambleas quedan li¬ 
mitadas; se establece la carrera ju¬ 
dicial; ni el congreso ni el gobier¬ 
no podrán incluir nuevos gastos en 
el proyecto de presupuesto, si ello 
altera el equilibrio entre el presu¬ 
puesto de gastos y el de rentas; 
cuando haya necesidad de un gas¬ 
to «imprescindible» estando en re¬ 
ceso las cámaras, el gobierno podrá 
abrir créditos supletorios; «la cons¬ 
titución solo podrá ser reformada 
por un acto legislativo discutido 
primeramente y aprobado por el 
congreso en sus sesiones ordina¬ 
rias ; publicado por el gobierno pa¬ 
ra su examen definitivo en la si¬ 
guiente legislatura ordinaria; por 
esta nuevamente debatido, y últi¬ 
mamente aprobado por la mayoría 
absoluta de los individuos que com¬ 
ponen cada cámara». Tal, en sínte¬ 
sis, las más salientes enmendadu¬ 
ras hechas a nuestra carta funda¬ 
mental. Suscriben la reforma los 
parlamentarios liberales. El conser- 
vatismo dejó constancia explícita 
de que no tiene ninguna responsa¬ 
bilidad en la reforma por haber si¬ 
do hecha —dice la minoría conser¬ 
vadora (S. y G. 11-10)— con un 
«sentimiento sectario y apresura¬ 
do». sin dejar de reconocer que ella 
«contempla un avance en el perfec¬ 
cionamiento de la organización ju¬ 
risdiccional del país y tiende a ale¬ 
jarla del contacto con la política de 
los partidos». Concluida la reforma 
constitucional, aprobado el plan so¬ 
cial y los proyectos militares, todo 
ello especialmente recomendado 
por el ejecutivo a las cámaras, el 
congreso declaró terminado su tra¬ 
bajo y, en consecuencia, fue clau¬ 
surado por el ministro de gobierno 
doctor Antonio Rocha. Sancionadas 
estas leyes por el ejecutivo se le¬ 
vantó el estado de sitio en toda la 
nación. 


i 


I 


( 70 ) 


BAVARIA 

ES LA MARCA 
QUE HA HECHO 
FAMOSO EL 
NOMBRE DE LA 


CERVEZA 

COLOMBIANA 








//. Social 


Vida católica 

El sentido de la Acción católica 

El excelentísimo señor Luis Con¬ 
cha Córdoba, obispo de Manizales 
y designado hace poco tiempo direc¬ 
tor de la acción católica colombia¬ 
na, en carta al señor canónigo Enri¬ 
que Uribe, director de la acción ca¬ 
tólica de Medellín, conceptúa so¬ 
bre lo que debe ser en la práctica 
la labor de la acción católica. Con 
base en el pensamiento de Su San¬ 
tidad Pío XI, el señor obispo Con¬ 
cha hace ver la importancia de la 
«formación religiosa, moral y so¬ 
cial, indispensable para ejercer con 
provecho el apostolado en la so¬ 
ciedad moderna». Para tal forma¬ 
ción el distinguido prelado aconse¬ 
ja los círculos de estudio, de po¬ 
cos miembros, para un más firme 
y eficaz aprovechamiento. El obis¬ 
po Concha también traza las fron¬ 
teras que distinguen una de otra. 
«No son lo mismo, dice el doctor 
Concha Córdoba, las dos acciones: 
la acción católica depende directa¬ 
mente de la jerarquía, en tanto que 
la acción social, tan solo en forma 
indirecta. No obstante la acción ca¬ 
tólica forma los conductores de la 
acción social». 

* 

Asamblea de Acción social católica en 

Socorro y ¿San%Gil 

Bajo la presidencia honoraria del 
excelentísimo señor Leónidas Me¬ 
dina, obispo de Socorro-San Gil y 
la efectiva de su coadjutor, exce¬ 
lentísimo Sr. Angel María Ocampo 
S. J., tuvo lugar la asamblea sacerdo¬ 
tal con el fin de estudiar la organi¬ 
zación de la acción social católica 
en la mencionada diócesis. Después 
de varias reuniones de la confe¬ 
rencia, se llegó a las siguientes con¬ 
clusiones: se declara como funda¬ 
mento de toda acción social, la ac¬ 


ción católica; San Juan Bosco será 
el patrono de las labores sociales; 
se fundarán círculos de estudio 
para obreros y campesinos, con el 
objeto de combatir el comunismo; 
los párrocos deberán hacer una en¬ 
cuesta objetiva sobre los proble¬ 
mas sociales de su región y procu¬ 
rar solucionarlos; los párrocos con¬ 
vocarán a las personas pudientes y 
les inculcarán la justicia de las pres¬ 
taciones sociales; igualmente, los 
párrocos convocarán frecuente¬ 
mente reuniones de campesinos pa¬ 
ra ilustrarlos en forma sencilla y 
accesible sobre asuntos sociales; 
pero, principalmente, se les ha de 
poner presente la necesidad de fo¬ 
mentar el espíritu de unión y la de¬ 
fensa de sus intereses, con criterio 
de elevación moral; los campesinos 
han de saber que fuera de la doc¬ 
trina católica no hay doctrina qúe 
solucione el problema social; asi¬ 
mismo los propietarios católicos 
no pueden ser enemigos del pro¬ 
letariado sino que deben contri¬ 
buir a su bienestar. Las conclu¬ 
siones finalizan con una exhorta¬ 
ción al ahorro y con la solicitud al 
clero para que fortifique la campa¬ 
ña contra el comunismo, propague 
la prensa católica y vigile las escue¬ 
las, cuya dirección debe estar sujeta 
«estrictamente a las normas concor¬ 
datarias». 

Las comunidades educan a los pobres 

Las comunidades de religiosos 
adelantan, de manera efectiva, sin 
discursos, la educación del obrero 
colombiano, obra social indispensa¬ 
ble en los tiempos actuales. Un he¬ 
cho nuevo. Siguiendo las instruccio¬ 
nes de la quinta conferencia epis¬ 
copal reunida el año pasado, los 
padres salesianos han fundado una 
escuela gratuita para obreros, que 
ha de iniciar sus labores en el pre- 


( 72 ) 



La Funeraria “SAN IGNACIO” 

Situada en Bogotá, calle 10 número 6-60 — Teléfono 16-69 centro 

(Frente al templo de San Ignacio) 



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FUNERARIA “SAN IGNACIO " 

















sente mes de marzo. El plantel fun¬ 
cionará en la casa cural del barrio 
20 de julio, con cupo para cien 
alumnos, divididos en dos grupos 
de a cincuenta. Los grupos estarán 
separados según la edad. Las cla¬ 
ses serán nocturnas. Las materias 
que compone el curso son: aritmé¬ 
tica, castellano, lectura, escritura, 
e instrucción cívica. 

Congreso bolivariano de juventudes 

católicas 

Se celebrará en Medellín, hacia 
los primeros días de abril, y convo¬ 
cado por la cidec, (Confederación 
Iberoamericana de Estudiantes Ca¬ 
tólicos) este congreso de juventu¬ 
des católicas de los países boliva- 
rianos. Habrá una reunión previa 
de estudiantes católicos colombia¬ 
nos para la cual ya se ha elaborado 
el temario. Los puntos principales 
que debatirán los congresistas con¬ 
templan medios para penetrar en 
el ambiente universitario; forma¬ 
ción de dirigentes; establecimien¬ 
to de servicios sociales para obre¬ 
ros; fundación de la casa del es¬ 
tudiante, de policlínicas para obre¬ 
ros, de escuela de líderes obreros. 
De la conferencia bolivariana de 
estudiantes se formará el bloque 
bolivariano con un secretariado per¬ 
manente, como coordinador. El con¬ 
greso lanzará una declaración de 
principios, sobre relaciones con el 
Estado, partidos etc. 

La Madre Margarita Fonseca 

Hace un mes, aproximadamente, 
falleció en Bogotá la Madre Mar¬ 
garita Fonseca, fundadora de una 
de las obras sociales más efectivas 
con que cuenta la república. Por 
sus virtudes la Madre Margarita 
era acatada y respetada. Pero como 
realizadora de una obra espiritual 
y social, al mismo tiempo, la Madre 
Margarita era harto popular en Co¬ 
lombia, especialmente en la capital. 
Su obra, —la célebre Congregación 


de Siervas de la Sagrada Familia, 
aprobada por la Santa Sede— bien 
pronto se hizo famosa y extendió 
sus filiales por toda la nación. Va¬ 
rias generaciones de bogotanos vie¬ 
ron en la Madre Margarita un per¬ 
sonaje familiar. El servicio domés¬ 
tico tuvo en ella un protector y un 
guía. 

Plan social definitivo 

Desde la legislatura pasada se 
dio comienzo al plan social presen¬ 
tado por el gobierno y sostenido en 
las cámaras por el ministro de tra¬ 
bajo Arriaga Andrade. El plan fue 
aprobado constitucionalmente, con 
algunas modificaciones introduci¬ 
das tanto por senadores como por 
representantes. Se compendia el 
plan social en las siguientes dispo¬ 
siciones: definición del «contrato 
de trabajo» y casos en que debe ce¬ 
lebrarse: cuando haya contrato de¬ 
be efectuarse de acuerdo con los 
modelos que el gobierno promul¬ 
gue (subrayado en el texto); nin¬ 
gún contrato tendrá validez mien¬ 
tras no sea aprobado por las autori¬ 
dades respectivas; las horas de tra¬ 
bajo serán de 8 al día y de 48 a la 
semana; en los campos no podrán 
exceder de 9 al día y 54 a la sema¬ 
na; la diferencia de salarios en una 
misma empresa no podrá fundarse 
sino en motivos de capacidad pro¬ 
fesional etc., y en ningún caso en 
razones religiosas o políticas; «que¬ 
da absolutamente prohibido a los 
patronos imponer a los trabajadores 
obligación alguna de carácter reli¬ 
gioso, político o electoral»; queda 
prohibido, asimismo, el pago de sa¬ 
larios en mercancías o medios se¬ 
mejantes; los enganches colectivos 
de trabajadores para servicios del 
exterior estarán supervigilados por 
el gobierno, e igualmente los en¬ 
ganches dentro del país en una dis¬ 
tancia de doscientos kilómetros; el 
descanso dominical obligatorio se¬ 
rá remunerado; a los trabajadores 


( 74 ) 


Banco de los Andes 
Balance consolidado en 10 de febrero de 1945 

presentado a la Superintendencia nanearía 


ACTIVO 


Caja y Bancos del país. . $ 

Corresponsales extranjeros re¬ 
ducidos a moneda legal . 

Préstamos y descuentos: 

Descontables 
en el Banco de 

la República $ 7*020,109,91 

No desconta¬ 
bles en el Ban¬ 
co de la Repú¬ 
blica .... 666.341,48 

Descontados 
en el Banco de 

la República . 1*344 867,89 


4*539 323,30 
2.015,73 


9*061.319,28 


Inversiones en diversos valo¬ 


res mobiliarios .... 915.624,12 

Fincas raíces. 25.000,CO 

Deudores varios. 870.801,69 

Acciones del Banco de la Re¬ 
pública . 378.551,04 

i 

Edificios para oficinas del Ban¬ 
co . 568656,01 

Otros activos. 40 536,94 


Suma . . $ 16*401.828.11 
Cuentas diferidas. 20.897,71 

TOTAL . . $ 16*422.725,82 


PASIVO 

Depósitos y otras exigibilida- 

des antes de 30 días . $ 10'380,972,48 

Depósitos y otras exigibiiida- 
des después de 30 días . 

Corresponsales extranjeros re¬ 
ducidos a moneda legal . 

Acreedores Sección fiduciaria. 

Préstamos y descuentos en el 
Banco de la República . . . 

Sucursales y Agencias . . . 


910.968,21 

402.288,38 

56.780,90 

1*344.867.89 
. 3.695,70 


Suma 


$ 13*099.603,56 


Abonos diferidos. 2.184,00 

Intereses recibidos por antici¬ 
pado y devengados no re¬ 
cibidos . 76.284,39 

Capital pagado. 2*200.000,00 

Reserva legal. 360520,82 

Reservas eventuales .... 623.354,58 

Pérdidas y ganancias. . . . 60.778.47 


TOTAL . . $ 16*422 725,82 


Bl Gerente, JORGE OBANDO LOMBANA 
Bl Contador, JORGE ALV1S LOZANO 


El Subgerente-Secretario, BERNARDO VARGAS 
El Auditor, LUIS A. BOADA R. 


V. B\ El Comisario Fiscal, JESUS M. CARO 



























de servicias públicos o de necesi¬ 
dades inaplazables se les dará des¬ 
canso compensatorio; los patronos 
estarán obligados a las prestaciones 
sociales por concepto de acciden¬ 
tes de trabajo, auxilio de enferme¬ 
dad, gastos de entierro del traba¬ 
jador en caso de muerte, quince 
días continuos de vacaciones remu¬ 
neradas, auxilio de cesantía; cada 
tres años de trabajo continuo o dis¬ 
continuo dan derecho al auxilio de 
cesantía que no perderá, aun cuan¬ 
do se retire en los tres años subsi¬ 
guientes «voluntariamente, o incu¬ 
rra en mala conducta, o en incum¬ 
plimiento del contrato que origine 
su despido»; las empresas cuyo ca¬ 
pital exceda de un millón de pesos 
estarán en la obligación de: esta¬ 
blecer y sostener escuelas primarias 
para los hijos de los trabajadores; 


a costear estudios de especializa- 
ción en el exterior o dentro del 
país a los trabajadores o a sus des¬ 
cendientes; a pagar pensión vita¬ 
licia al trabajador que haya llega¬ 
do a los cincuenta años después de 
veinte de haber servido a la em¬ 
presa; los empleados nacionales 
tendrán idénticas prestaciones: au¬ 
xilio de cesantía, seguro de vida, 
pensión vitalicia por la causa anota¬ 
da, auxilio de enfermedad no pro¬ 
fesional, asistencia médica, etc.; el 
gobierno procederá a organizar una 
caja de previsión social de emplea¬ 
dos y obreros nacionales para lo 
cual imparte las medidas del caso. 
El plan social también reglamenta 
las actividades sindicales, los con¬ 
flictos del trabajo, el derecho de 
huelga, los tribunales de trabajo, 
etc. 


III. Economía 


La Revista del Banco de la repú¬ 
blica, en su más reciente entrega, 
da una visión general del estado 
económico del país, en el año de 
1944, visión que es en cierto modo 
optimista, teniendo en cuenta las 
cifras que suministra. Se mantuvo 
la tendencia al alza de las reservas 
de oro y divisas en dólares del Ba*- 
co de la República, las cuales lle¬ 
garon a $ 276.003.000, lo que repre¬ 
senta un aumento del 39,6 por cien¬ 
to con relación a 1943 que alcanza¬ 
ron tan solo a $ 197.702.000. Dicha 
alza ocasionó el crecimiento de los 
medios de pago cuyo aumento fue 
de un 30.0 por ciento sobre el año 
anterior. Los depósitos en el Banco 
de la República, por concepto de 
fondos congelados, ascendieron no¬ 
toriamente, pues de $ 19.224.000 su¬ 
bieron a $ 46.838.000. Gomo en lu¬ 
gar posterior de esta crónica se in¬ 
forma, el costo de la vida obrera lo 
registra la revista mencionada, con 


un aumento de 28.7 puntos —el dato 
de la contraloría es de 28.4 puntos— 
lo que representa un aumento de 
18.7 por ciento. El movimiento co¬ 
mercial lo mide el Banco de la Re¬ 
pública, por el valor de los cheques 
pagados en los bancos. Este valor 
fue en 1944, de $ 7.494.648,000, con¬ 
tra $ 5.810.860.000 en 1943, o sea un 
aumento de 29 por ciento. El au¬ 
mento obtenido en las operaciones 
bursátiles también señala un alza 
considerable: en 1944 las transac¬ 
ciones en la Bolsa de Bogotá fue¬ 
ron de $ 106.161.000 y en 1943 solo 
llegaron a $ 89.154.000. El alza fue 
de 49 por ciento. La producción de 
oro descendió en 1944 con relación 
a 1943 en un 2.1 por ciento. Por el 
contrario la de petróleo elevó de 
13.379.000 barriles en el año anterior 
a 22.668.000, lo que representa un 
aumento de 69.4 por ciento. La ex¬ 
portación de café disminuyó de 
5.430.073 de sacos que se enviaron 


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en 1943 a 4.782.937 salidos en 1944. 
Las edificaciones aumentan nota¬ 
blemente y son un indice de prospe¬ 
ridad en algunos sectores comercia¬ 
les: en 1943 las edificaciones ascen¬ 
dieron a $ 13.977.000 y en 1944 su 
monto total fue de $ 21.903.000. Las 
rentas nacionales aumentaron en el 
año anterior: en 1944 el total de lo s 
recaudos fue de $ 96.721.000 y en 

1943 fue de 79.147.000. Igualmente la 
renta de aduanas, que subió a 
26.078.000 en 1944, contra 21.667.000 
pesos en 1943. El déficit aproxima¬ 
do en 31 de diciembre fue de 
8 16.566.000. La balanza de pagos 
da un saldo favorable al país en 
1944. La exportación de 1944 mar¬ 
có un descenso representado en 14 
millones de dólares con relación a 
1943, a causa de la mayor exporta¬ 
ción de café en este último año, se¬ 
gún lo juzga la oficina de control 
de cambios en su primer boletín 
mensual. Esta publicación sostiene 
que ese bajo volumen de exporta¬ 
ción no es significante por cuanto 
sobrepasa las cifras de los años de 
1940 a 1942. En cambio la importa¬ 
ción se aumentó como que de 82 
millones de dólares a que ascendió 
en 1942 llegó en 1944 a 88 millones. 

Azúcar 

La producción de azúcar en el 
año de 1944 tuvo un aumento nota¬ 
ble sobre los años anteriores. Sobre 
el año de 1943 el aumento fue de 
79.000 sacos, según dato de la con- 
traloría. Durante once meses de 

1944 el consumo de azúcar tuvo 
el siguiente desarrollo en quinta¬ 
les: Antioquia, 101.181; Atlántico, 
126.619; Bolívar 190.339; Boyacá, 
29.194; Caldas, 104.561; Cundina- 
marca, 24.617; Huila, 23.195; Mag¬ 
dalena, 29.974; Nariño, 21.342; Ñor- 
te de Santander 74.492; Santander, 
11.076; Tolima, 63.734; intenden¬ 
cias 1.403. La producción total de 
azúcar en 1944 fue de 1.462.506 
quintales y el consumo ascendió a 


1.418.208, sin contar el mes de di¬ 
ciembre; agregando una cifra pro¬ 
porcional de este mes al total del 
consumo, resultan poco menos que 
iguales producción y consumo. Es 
decir, la producción de azúcar esca¬ 
samente alcanza a satisfacer la de¬ 
manda del artículo. Por eso se ha¬ 
brá presentado posiblemente el ca¬ 
so de convertirse en artículo de lu¬ 
jo. Sin embargo en 1943, año de 
producción inferior, fueron expor¬ 
tados al Uruguay 197.000 quintales. 
Por fortuna en 1944 tan solo fueron 
enviados al exterior 53.000 quinta¬ 
les. Se importaron del Perú 11.219 
sacos de 50 kilos con lo cual se lo¬ 
gró satisfacer un tanto la demanda. 

Costo de la vida 

En aumento como siempre. Agra¬ 
vado por el débil aumento de los 
salarios según datos que suminis¬ 
tra la contraloría. El problema del 
pan ha venido últimamente a agu¬ 
dizarse con la intención de los pa¬ 
naderos de suprimir el pan de dos 
centavos, después de haber elimi¬ 
nado el de un centavo. Gomo en 
otros casos, los panaderos descar¬ 
gan la responsabilidad en los moli¬ 
neros, o en la interventoría, y así 
tod os. Con la supresión del pan de 
dos centavos, seguramente quedaría 
Unicamente el de cinco, lo cual re¬ 
presenta un ingente desembolso aun 
para consumidores pudientes. El 
costo de la vida en diciembre au¬ 
mentó con relación a noviembre y 
los meses anteriores. Los índices 
del aumento son muy claros al res¬ 
pecto: febrero, 153.9; marzo, 167.0; 
abril, 167.2; mayo, 169.8; junio, 
175.3; julio, 174.3; agosto, 175,4; 
setiembre, 175.0; octubre 176.4; 
noviembre 181.5; diciembre 182.3. 
Nótese el aumento entre febrero y 
diciembre: de 153.9 a 182.3, es de¬ 
cir 28.4 puntos. Los artículos de 
primera necesidad señalados como 
más provocadores del alza son la 
manteca y la carne. En materia de 


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cereales y granos secos, diciembre 
marca un índice de 303.4, sobre 
299.0 para noviembre, es decir 4.4 
puntos de aumento de un mes a 
otro. Si se compara el aumento con 
el año de 1937, por ejemplo, se de¬ 
duce que el costo de la vida ha 
aumentado casi en un ciento por 
ciento. 

Control de precios 

Fiel a su política de sanción im¬ 
placable para los que violen las 
disposiciones hasta ahora estable¬ 
cidas para evitar la especulación, 
la interventoría de precios ha se¬ 
guido imponiendo multas a diver¬ 
sos establecimientos comerciales. 
$ 3.000 de multa correspondieron 
a la Ferretería Peraza «por rein¬ 
cidencia en la violación de disposi¬ 
ciones sobre control de precios pa¬ 
ra los artículos de ferretería» (T. 
II-8). El propietario de la ferrete¬ 
ría debe reembolsar el exceso de 
precio cobrado en sus ventas; ade¬ 
más, se le cancela el permiso para 
importar durante seis meses. El 
Almacén Andino fue multado con 
$ 500 por vender manteca a precio 
mayor del señalado por el zar. Y 
$ 100 a un almacén de granos por 
la misma causa. En multas de $ 10 
a $ 50, la interventoría ha impues¬ 
to más de un centenar en pocos 
días. Con una multa de $ 15.000 fue 
sancionado el Banco de Bogotá 
por elevar los arrendamientos con¬ 
tra prohibición expresa de las me¬ 
didas de control. Y la compañía 
de textiles del Atlántico, fue cas¬ 
tigada con una multa de $ 5.000. El 
zar de precios, doctor Martínez 
Velasco, presentó renuncia de su 
cargo, pero según declara (E. 11-12) 
no por diferencias habidas con el 
presidente de la república ni con 
el ministro de economía. El doctor 
Martínez quiere libertad y rapi¬ 
dez de movimientos para el éxito 
de la interventoría. Prepara una 
jira por todo el país a fin de solici¬ 


tar la colaboración de la ciudada¬ 
nía en las medidas de control. In¬ 
sistentemente la interventoría ha 
hecho el llamamiento al público pa¬ 
ra que denuncie toda clase de irre¬ 
gularidades que sorprenda en los 
expendios o informe sobre los de¬ 
pósitos clandestinos de los acapara¬ 
dores. El interventor de precios ha 
continuado y parece que continua¬ 
rá en su cargo a contentamiento 
general. Entre las más recientes 
medidas dictadas por el interventor 
figura la resolución que tiende a 
establecer un control más directo 
sobre los acaparadores. Impone es¬ 
ta resolución a los propietarios de 
agencias, bodegas, expendios etc., 
la obligación de fijar en lugar vi¬ 
sible el nombre del establecimien¬ 
to o el de su dueño y tener libre el 
acceso al público donde se hagan 
las ventas, con facilidad permanen¬ 
te de revisión para los inspectores 
de la interventoría. Los dueños o 
administradores de empresas co¬ 
merciales estarán obligados a in¬ 
formar a la interventoría sobre la 
ubicación precisa del local, depó¬ 
sito o bodega, con la especificación 
del objeto a que se destina. Gomo 
se ve, el objeto de esta resolución 
es el de evitar el almacenamiento 
clandestino de los artículos, forma 
esta de impulsar la especulación 
que estaba a la última moda entre 
ciertos comerciantes. La infracción 
a estas medidas será castigada con 
multas que oscilan entre $ 5,00 y 
$ 20 , 000 , 00 . 

Agricultura y ganadería 

No faltan quienes opinan que 
una de las causas del costo de la 
vida, o mejor, del aumento en el 
precio de ciertos cereales, depen¬ 
de de la conservación de estos, 
muchas veces afectados por plagas 
inevitables, y sin la defensa de gra¬ 
neros apropiados. El ministerio de 
la economía nacional, de acuerdo 
con la caja de crédito agrario y 

(Pasa a la página 93) 


( 80 ) 





Revista Javeriana 

' t • ' 

TOMO XXIII MARZO 1945 NUMERO 112 


Directores: JUAN ALVAREZ, S. J. - FRANCISCO J. GONZALEZ, S. J. 

Gerente: FILIBERTO GODOY Ch. 


Admón.: Calle 10 No. 6-57. Tel.: 53-75 


Apdo. 445 - Telégrafo: REVISTA JAVERIAN A, Bogotá 


IMPRESA Y EDITADA POR EDITORIAL PAX - BOGOTA 


Sumarie: 

PAGINA ARTISTICA: 


Estadio sobre la ascensión y ondulaciones de 
la línea arquitectónica cristiana . 

ORIENTACIONES: 

Declaración colectiva del Episcopado de los 
Estados Unidos . 

ARTICULOS DE FONDO: 

Busca y hallazgo . 

Renovemos nuestro calendario anticuado 

La tierra por dentro . 

Economía telúrica . 

Un modelo de poetas . 

Las proposiciones de Dumbarton Oaks . . . 

La iglesia católica en el Canadá . 

Apuntes para una paremiología hispano-ame - 
ricana . 

GLOSAS: 

Cuestiones de procedimiento eclesiástico. . 
Problemas católicos del presente . 

REVISTA DE LIBROS. 

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Vida nacional - A nuestros amigos - Crónica 
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sical - Crónica de la Universidad . . 


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.(82) 

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Jesús E. Ramírez . . . 

. 84 

Rafael borres ¿ftíariño . 

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Hipólito Jerez .... 

. 94 

Francisco José Urrutia. . 

. 99 

L. B. Raymond 

. 106 

Enrique Tobar y R. . 

. 110 

Fidel León Triana . . 

. 113 

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. 117 

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. 121 


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(58 a 104) 


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Página artística 


La arquitectura incomparable 


Estudio sobre la ascensión y ondulaciones de la 

línea arquitectónica cristiana 

Segunda parle: La arquitectura cristiana en occidente 

Segundo periodo: El templo desde el renacimiento hasta el neoclasicismo 

(siglos xv a x/x) 

Sección tercera: La arquitectura neoclásica 


Capítulo único - Causas y 


3. Francia 

Las relaciones de Francia con Italia 
en achaques de arte eran muy antiguas 
y muy conocidas desde los tiempos del 
renacimiento. Para el siglo neoclásico 
ya había sentado un precedente impor¬ 
tante la fundación de la Academia fran¬ 
cesa en Roma, establecida en 1677 para 
el estudio de los jóvenes artistas fran¬ 
ceses. 

El influjo de Piranesi sobre P. L. 
Fontaine y sobre Ch. Percier, el influjo 
teórico y real de J. F. Blondel sobre 
los arquitectos R. de Cotte, Boffrand y 
J. A. Gabriel y el influjo de las cons¬ 
trucciones civiles del mismo Gabriel en 
la plaza parisiense de la Concorlia, eran 
ya bastante impulso para la arquitectu¬ 
ra religiosa. 

Un italiano, J. N. Servandoni cons¬ 
truyó de 1733 a 1745 la fachada de San 


desarrollo del neoclasicismo 

(Continuación) 

Sulpicio (figura 354), punto de parti¬ 
da para una nueva dirección del gusto 
arquitectónico. Está compuesta de dos 
dolumnatas o vestíbulos superpuestos 
Panqueados por dos torres. Un gran en¬ 
tablamento clásico cruza de lado a la¬ 
do entre las dos columnatas y suprime 
con su trazo recto y fuerte todo cuerpo 
de resalto grande o pequeño: es como 
la negación radical del espíritu barroco 
y de su movimiento ondulante y pro¬ 
fundo. Tan rotunda oposición impresio¬ 
nó indudablemente a los arquitectos, 
pues la nueva dirección se esbozó en¬ 
tre ellos bien pronto, de suerte que para 
la segunda mitad del siglo la escuela 
neoclásica dominaba el campo. 

En 1764 empezó J. G. Soufflot (1713- 
1780) la iglesia de Santa Genoveva, pa- 
trona de París. La obra fue terminada 
en 1790 y en el siglo xix fue destinada 














( 83 ) 


PAGINA ARTISTICA 



Figura 354—Iglesia de San Sulpicio en París, 

1733-1745. 


a Panteón. Con razón se tiene esta obra 
como una síntesis de las admiraciones 
de Soufflot por la arquitectura italiana 
(véase el último edificio de nuestra vi¬ 
ñeta al principio del capítulo). El con¬ 
torno exterior es sin duda una sugeren¬ 
cia de la Superga de Juvara en Tu- 
rín (figura 351); el vestíbulo es una 
reproducción del Panteón (figuras 253 
y 255); la base de la cúpula con su co¬ 
lumnata circular es una copia del tem- 
p’ete de Bramante en San Pedro in 
Montorio (figura 347) y la cúpula mis¬ 
ma es una imitación de la de San Pedro 
(figuras 313 y 314). Aparece pues en 
pleno vigor el espíritu de imitación que 
no puede ser la pa’abra más expresiva 
de la inspiración, sino solo «el lenguaje 
de eruditos para eruditos». 

El deseo de clasicismo pasó hasta la 
arquitectura griega. Constant d'Ivry ha¬ 
bía proyectado el templo de Santa Mag¬ 
dalena, en París, como una cruz enfren¬ 
tada por un pórtico y coronada por 
una cúpula. Pero Couture cambió en 
1777 el pórtico por un vestíbulo prós¬ 
tilo (figura 356), y la planta en cruz 
por una planta de templo períptero: era 
la resurrección del templo griego en me¬ 
dio de templos góticos y barrocos b Dado 

1 El templo fue terminado por Barthélémy 
Vignon por decreto de 1806, para que fuera 
consagrado a la Grande Armée, y solo en 
1816 se volvió a dedicar al culto religioso. 
En el interior del templo está cubierto por 


una vez el impulso, se llegó más ade¬ 
lante: para el convento de los Capu¬ 
chinos de San Luis d'Antin, en París, 
Brogniart construyó una réplica del 
templo de Pestum como iglesia y un 
atrio dórico como claustro. El prurito 
imitativo talvez no había llegado tan 
adelante ni tan desatinado en los días 
más paleómanos del renacimiento. 

4. España. 

A España vino el movimiento por un 
camino a un tiempo francés e italiano. 
Felipe V de Borbón, educado en Versa- 
lles, llamó en 1734, para construir el 
palacio real de Madrid a Filipo Juva¬ 
ra y a Giambattista Sacchetti. En aque¬ 
lla obra y bajo estos arquitectos em¬ 
pezó a trabajar en el modesto oficio de 
dibujante, el artista que más tarde ha¬ 
bía de dirigir la construcción del palacio 
y representar y dirigir con muchas otras 
obras el neoc’asicismo en España: Ven¬ 
tura Rodríguez. Su estilo no dejó nun¬ 
ca de evolucionar; pero en él trabaja la 
nueva tendencia que compone con ma¬ 
yor o menor predominio casi todas sus 
obras. Otto Schubert distingue los perío¬ 
dos de esa evo ución en barroco, dasicis- 
ta y herreriano. 



Figura 355—(Lützler Sinn der Bauformen) 
Planta de la iglesia de Santa Genoveva 
(Panteón) en París. 1764-1790. 

cúpulas rebajadas y el testero termina en 
ábside semicircular bajo una bóveda de 
cuarto de esfera. Composición híbrida que 
recuerda la elegía de Milton invocando a los 
santos del cielo y a las ninfas en favor de 
su amigo Lycidas. 

















































































































( 84 ) 


EDUARDO OSPINA 


En los planos de San Marcos de Ma¬ 
drid (1748-1793), iglesia votiva del rey, 
para celebrar la victoria obtenida por 
las armas reales en Almansa, Ventu¬ 
ra Rodríguez traza, sobre una planta 
circular de carácter barroco, un alzado 
de carácter clásico por la sobriedad de 
líneas, pero levemente tocado de liber¬ 
tad barroca en las formas ornamentales 
que rompen por momentos las líneas 
clásicas (figura 357 ). 

En la cátedral de Lugo tuvo una in¬ 
tervención análoga a la de Galilei en 
San Juan de Letrán. La catedral había 
sido construida sustancialmente de prin¬ 
cipios del siglo xii a mediados del siglo 
xvi. Su interior fue reformado en ba¬ 
rroco a principios del siglo xvm y su 
fachada, a mediados del mismo siglo, fue 
encargada al más famoso de los arqui¬ 
tectos neoclásicos de España. En este 
frontispicio (figura 358) Ventura Ro¬ 
dríguez da la impresión típica del estilo 
por la firme armonización en ángulo 
recto de las líneas ascendentes (colum¬ 
nas en orden colosal) con las horizonta¬ 
les (firmes cornisamentos). Es una obra 




Figura 356 — (Arquitectura ). Frontispicio 
de la iglesia de Santa Magdalena en París 

1777-1806. 


de espíritu romano, en su impresión ge¬ 
neral, aunque no del todo desprendida 
de toques barrocos en el contorno de 
las estatuas, en los óculos y volutas y 
en el dibujo de las flechas que terminan 
las elegantes torres. 

Schubert ofrece una lista de 140 pro¬ 
yectos atribuidos con mayor probabili¬ 
dad a V. Rodríguez: la mayoría de 
ellos se refiere a construcciones o res¬ 
tauraciones religiosas. No todos llega¬ 
ron a realizarse y entre estos se cuen¬ 
ta el proyecto para San Francisco el 
Grande, en Madrid, que hubiera sido 
una de las más bellas obras leí neocla¬ 
sicismo en Europa (figuras 359 y 360). 

El barroco tenía demasiado hondas 
raíces en España, para que la erudita 
escuela nueva llegara a ser verdadera¬ 
mente popular: una lucha sorda se sos¬ 
tiene hasta los umbrales del siglo xix. 
(Obsérvese en la figura 361, planta de 
la catedral de Cádiz, construida en los 


Figura 357 —(Schubert, El barroco en Espa¬ 
ña) . Interior de la iglesia de San Marcos 
en Madrid. 1748-1793. 

















































































































































































































PAGINA ARTISTICA 


( 85 ) 


siglos XVIII y XIX, la mezcla de gótico, 
barroco y neoclásico). 

* * * 

El neoclasicismo en Europa duró me¬ 
nos que cualquier otra escuela históri¬ 
ca y el análisis de su obra nos muestra 
que hay un déficit en su misión artís¬ 
tica. Una escuela que tiene la aspiración 
de sustituir a otra escuela de obra fe¬ 
cunda y grandiosa, debe plantear y 
resolver nuevos problemas técnicos y 
estéticos, y debe llevar a cabo un con¬ 
junto monumental más bello y grandio¬ 
so que la escuela anterior o al menos 
comparable con ella. El neoclasicismo 
no formuló ningún problema nuevo: so¬ 
lo ofreció soluciones comunes a comunes 
problemas. Tampoco presenta un con¬ 
junto de obras que resistan la compara¬ 
ción con ninguna de las grandes escuelas 
en la historia del arte. Por eso el neo¬ 
clasicismo debía pasar pronto, y pasó. .. 

§ III. EL SIGLO XIX 

Para comprender el arte del siglo xix, 
y por tanto el de nuestro siglo, es pre¬ 
ciso hacer una consideración breve y 
sintética sobre la relación existente en¬ 
tre la historia del arte católico y la 
historia general. 

Es sabido por el conocimiento gene¬ 
ral de la historia y se habrá observado 
por este estudio, que desde los prime¬ 
ros siglos cristianos hasta que la Igle¬ 
sia, por sus pasos contados y difíciles, 
fue realizando la unidad religiosa de 
los pueblos de Europa, la arquitectura 
desplegó una doble linea ascendente, 
acomodada al continente oriental y occi¬ 
dental, doble línea caracterizada según 
los pueblos que la producían, pero línea 
continua, progresiva, triunfante. 

De esas dos líneas de progreso, con¬ 
sideremos principalmente la occidental, 
la más larga, la más lógica, la más vic¬ 
toriosa y la que más penetra en nues¬ 
tros intereses de raza y de cultura. 

En occidente, hasta mediados del si¬ 
glo xv, cada estilo se desarrolla normal¬ 
mente hasta que su propia perfección 
le sirve de transición hacia otra forma 
nueva más adelantada, más técnica, más 



Figura 358—(Schubert, o. c.) . Exterior de 

la catedral de Lugo. Siglos xii al xvi. 

Restaurada en el siglo xviii. 

estética. Así el principio vital del arte 
cristiano pasa, subiendo siempre, de la 
basílica latina al templo románico; éste, 
al llegar a su cumbre en avance podero¬ 
so, se remonta naturalmente hasta el 
gótico, que continúa su pasmosa ascen¬ 
sión hasta la perfección de las grandes 
catedrales, las creaciones arquitectóni¬ 
cas más geniales, bedas y grandiosas de 
la tierra. 

En este avance de quince siglos ob¬ 
servamos por una parte la unidad so¬ 
cial del estilo artístico (en cada época 
progresiva hay un estilo, expresión es¬ 
pontánea de la sociedad cristiana en 
Europa), — y por otra parte adverti¬ 
mos que en ese avance secular no ha 
















































































































































































































(86) 


t 


EDUARDO OSPINA 


habido ni retrocesos ni fracturas de la 
tradición, sino una tradición que pre¬ 
para y causa un progreso, y un progreso 
que sería imposible sin la tradición. En¬ 
contramos pues una compenetración del 
progreso social de la Iglesia en su ex¬ 
pansión unificadora de los pueblos y el 
progreso unificado y ascendente de la 
arquitectura. 

Pero en los siglos xv y xvi elementos 
antagónicos penetran cada vez más en 
las ideas y costumbres de la Europa 
cristiana, que vienen a producir la ca¬ 
tástrofe de la seudoreforma protestan¬ 
te 2 . Y entonces también se da, junto 
con la trasformación social, una tras¬ 
formación artística: el renacimiento pa¬ 
gano en el arte es un reflejo del re¬ 
nacimiento pagano en las ideas y en las 
costumbres. Desde entonces aparece la 
reacción, la contradicción en el arte. 
Desde entonces toda época nueva traerá 
una lucha de principios enemigos de los 
anteriores. Pero la unidad social del es¬ 
tilo se conserva, porque la Iglesia, al 
combatir las ideas y las costumbres an¬ 
tagónicas, procuró asimilar como pudo 
las formas de arte, que no son malas 
por sí mismas. 

Sinembargo, se ve que esas formas 
ajenas no eran del todo asimilables, pues 
la Iglesia, por un proceso vital espontᬠ


neo, al organizar frente al protestantis¬ 
mo la verdadera reforma de sus males 
internos, fue plasmando el arte rena¬ 
ciente hasta trasformarlo en otro arte 
reaccionario, de caracteres contrapues¬ 
tos: el arte barroco 3 . También en esa 
época el arte fue expresión de la vida 
cristiana, porque los artistas, al vivir 
intensamente su cristianismo, se hicie¬ 
ron como el órgano expresivo de la vita¬ 
lidad artística en la Iglesia. Y crearon 
un arte tan vigorosamente cristiano, que 
hicieron penetrar la arquitectura barro¬ 
ca hasta en los templos protestantes. 
También entonces hubo un estilo en el 
arte europeo. 

Al arte barroco siguió la reacción neo- 
clasicista. Esta fue producida por cau¬ 
sas no solo de orden art stico, sino tam¬ 
bién de orden ideológico y moral, por¬ 
que en el seno de la sociedad europea 
otra nueva catástrofe de orden moral 
e ideológico se iba preparando hasta lle¬ 
gar a su término natural. El libre exa¬ 
men protestante procreó el libre pensa¬ 
miento racionalista y este procreó la 
libertad de la revolución. No es una co¬ 
sa casual que durante la preparación y 
desarrollo de la revolución francesa, sur¬ 
jan los monumentos neoclásicos de Pa¬ 
rís (la escuela militar, los pabellones de 
la Concordia, los arcos del Carrusel y de 
la Estrella), que la iglesia de la Mag- 


2 Véase la introducción a la tercera sec¬ 
ción de nuestro estudio en Revista Javeria- 
na, octubre y noviembre de 1943. 


3 Véase esa contraposición en el capítulo 
anterior Revista Javeriana, noviembre de 
1944. 



Figura 359—(Schubert, o. c.). 


Planta de la iglesia de San Francisco el Grande en Madrid. 
(Proyecto de V. Rodríguez). 






















































































PAGINA ARTISTICA 


( 87 ) 



o s “J 'S * 1*mT 

■ ' ■ ' \ >■<■ - >-!----*-' 

Figura 360 —(Schubert, o. c.) —Fachada para 
la iglesia de San Francisco el Grande 
(Proyecto de V. Rodríguez). 

dalena sea consagrada a la memoria del 
«Gran ejército» de la revolución y que 
en la catedral de Nuestra Señora suba 
la Razón hasta el altar. . . 

Entonces hubo todavía unidad de es¬ 
tilo en Europa, porque el cristianismo 
estaba ya avezado a la enérgica asimila¬ 
ción de las formas artísticas extrañas a 
su genio. Pero esa unidad frágil había 
de disolverse pronto: la revolución ha¬ 
bía creado al liberalismo, es decir, al 
individualismo disolvente de la socie¬ 
dad y de la tradición. 

Tampoco es una cosa casual que el 
siglo xix sea el siglo del liberalismo y 
el siglo de todos los estilos artísticos o, 
lo que es lo mismo, de ningún estilo. 
Los románticos propugnaban el arte me¬ 
dioeval ; los seudoclásicos, el arte clᬠ
sico; los racionalistas, el arte de la ra¬ 
zón. . . La unión vital con una tradición 
quedó destrozada por el individualismo, 
y éste desde el abismo de su nada hace 
esfuerzos supremos por levantar una to¬ 
rre que descuelle sobre todas las cum¬ 
bres de la historia. .. 


Y como durante el siglo xix — y 
en cuánto grado también en nuestros 
días! — los sistemas gubernativos, los 
sistemas políticos, los sistemas econó¬ 
micos están penetrados de liberalismo 
hasta los huesos, también lo está el ar¬ 
te, y por eso el siglo xix en arte es un 
siglo al propio tiempo abigarrado y gris, 
polimorfo e informe. , 

En ese desconcierto general del arte 
del siglo xrx, en que aspiraciones, prin¬ 
cipios y procedimientos se combaten y 
se despedazan, todavía vemos siempre 
en la Iglesia la misma fuerza creadora 
que busca apasionante su expresión, aun¬ 
que no logre encontrarla siempre. Espec¬ 
táculo conmovedor semejante al de un 
genio que habiendo olvidado en parte su 
lengua materna ha aprendido a medias 
muchas lenguas y que atormentado por 
su inspiración dice todavía cosas admira¬ 
bles en frases correctas e incorrectas de 
diversos idiomas. Ciertamente: la arqui¬ 
tectura que, aun en el siglo xix ha créa¬ 
lo el santuario de Covadonga, ha erigido 
la basílica del Sagrado Corazón en Mont- 
martre y ha terminado la catedral de Co¬ 
lonia bien puede seguir llamándose la 
Arquitectura incomparable . 

Ed. Ospina s. j. 



Figura 361—(Lampérez, Arquit. en España). 
Planta de la catedral de Cádiz. 

Siglo xviii-xix. 





























































































































































































































































































Biblioteca de la 

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BOGOTA MEDELLIN 

2555 42 



















Orientaciones 


Declaración colectiva del Episcopado 
de los Estados Unidos 

Aceptamos el desafío de la guerra, 

¿aceptaremos el desafío de la paz? 

El episcopado católico de los Estados Unidos í al clausurar en Washington su 
conferencia anual suscribió la siguiente declaración sobre el orden internacional: 

Esta es la interrogación que vibra en las inteligencias de los hombres 
por doquier, que en medio de sufrimientos y calamidades, se han levanta¬ 
do contra la cruel agresión. Los hombres de nuestros ejércitos, la mu¬ 
chedumbre de nuestros ciudadanos, nuestros dirigentes, todos, aspiran 
a ser leales a los héroes que tanto han dado —algunos hasta la propia vi¬ 
da— en arás de esta guerra por la libertad. Aspiran a ser leales, así mis¬ 
mo, a las futuras generaciones sobre las cuales tuvimos que imponer pe¬ 
sadísima carga, como precio de esa libertad. Con honradez y sincero em¬ 
peño anhelamos recoger de los sacrificios, de las calamidades y de las 
pérdidas que hemos padecido en esta contienda, la plena cosecha de la 
victoria, con el logro de una paz genuina. El problema máximo en nues¬ 
tros planes para la postguerra, consiste en la forma de lograr una paz jus¬ 
ta duradera para nosotros y para el mundo entero. 

Recientemente reunidos en Dumbarton Oaks, representantes de Es¬ 
tados Unidos, del Reino Unido, de la Unión Soviética y de China, formu¬ 
laron y presentaron a sus respectivos gobiernos, a manera de esbozo, am¬ 
plias proposiciones para el establecimiento de una organización interna¬ 
cional con el fin de «conservar la paz y la seguridad, y de crear las con¬ 
diciones aptas para esa paz». Esas proposiciones han sido publicadas para 
que todos los pueblos, en todos los países, las estudien y las discutan. 
Nuestro secretario de estado expresó la esperanza de que las cabezas 
de nuestra cultura nacional y de nuestra opinión pública la discutirían con 
esfuerzo y con espíritu constructivos. 

Libres de odio y codicia 

En nuestro país la opinión pública puede ejercer una influencia tre¬ 
menda para el establecimiento y la conservación de la paz. Si la opinión 
pública es indiferente, o no se manifiesta con armonía, correremos el ries¬ 
go de que la paz no sea legítima y quizás, de que se renueve la tragedia 
de la «política del poder», que en el pasado dividió a las naciones y sem¬ 
bró las semillas de la guerra. En cambio, si la opinión pública se mantie- 




66 


ORIENTACIONES 


ne alerta y se expresa en uniformidad, podremos lograr paz y seguridad 
duradera. Es necesario que todos nuestros conciudadanos acepten sus res» 
potabilidades en el establecimiento y la conservación de la paz. Deben 
mantenerse informados acerca de lo que entraña el problema, y juzgarlo 
a la luz de la sana razón y de nuestras tradiciones cristianas y democráti¬ 
cas. Deben renunciar al odio, a la desconfianza, al espíritu de utilitarismo,, 
a la codicia nacional y a la actitud indiferente frente a las exigencias del 
derecho en el empleo de la fuerza, y formular el propio juicio según las 
estrictas realidades objetivas. 

Esta guerra se debe en gran parte a una educación defectuosa. No 
la desencadenaron los hombres iletrados o incultos; la filosofía contem¬ 
poránea que proclama el derecho a la agresión, ha sido creada por inte¬ 
lectuales de altos estudios. Prescindiendo de los principios morales y 
apostatando de Dios en la vida del hombre, estos intelectuales engendra¬ 
ron aquellas monstruosas filosofías que, cristalizadas en sistemas políti¬ 
cos y sociales, esclavizan la razón del hombre y destruyen la conciencia 
de sus derechos y deberes innatos. Con estos sistemas se deforma total¬ 
mente la noción del bien común, que entonces no se concibe como conse¬ 
cuencia del goce común de los derechos ni del cumplimiento de los debe¬ 
res, sino como una creación caprichosa de un dictador, de un grupo o de 
un partido. Los sueños dorados de una nueva era que esos sistemas pre¬ 
nunciaban, han demostrado ser tan sólo horrenda pesadilla. Si hemos 
de lograr una paz justa y duradera, esta debe crearse según una visión 
sana de la realidad, con clara consideración de la ley moral, con reveren¬ 
te aceptación de que Dios es su Autor, y reconociendo como base la uni¬ 
dad del género humano, por encima de todas las diferencias nacionales» 

Que se cumpla la Carta del Atlántico 

No tenemos confianza en ninguna paz que no Heve a la realidad, sin 
reservas ni equívocos, los principios de la Carta del Atlántico. Considera¬ 
mos, además, que debe prestarse asistencia a las naciones postradas, en la 
reconstrucción de sus instituciones económicas, políticas y sociales. Si se 
compromete la justicia, si se hacen concesiones irrazonables a la fuerza, 
se inflamará el descontento en el seno de las naciones agraviadas, poniendo 
en peligro la paz del mundo. Si no se acude en ayuda de las naciones pos¬ 
tradas, proporcionando a sus pueblos oportunidades económicas equita¬ 
tivas, se convertirán en campo propicio para conflictos y revueltas. Hay 
una organización internacional de naciones. Dios mismo ha hecho inde¬ 
pendientes a las naciones, para que vivan y crezcan con plenitud. No se 
trata, en consecuencia, de crear la comunidad internacional, sino de or¬ 
ganizaría. Para lograr este objeto débense repudiar, absolutamente, las 
falacias trágicas de la «política del poder» con su equilibrio de fuerzas y 
de esferas de influencia, con su sistema de gobiernos fantoches y con el 
recurso de la guerra como instrumento para resolver las controversias 
internacionales. 


ORIENTACIONES 


67 


La ley, no la fuerza 

Al concluir la pasada guerra se hizo un esfuerzo por organizar la 
comunidad internacional. Este fracasó, no porque fuese falso su objeti¬ 
vo, sino porque las naciones no estuvieron dispuestas a reconocer el deber 
de colaborar al logro del bien común universal. La ley internacional debe 
regir las relaciones internacionales. La fuerza debe someterse a la ley. 
Para la preservación de una paz justa y para fomentar la cooperación 
internacional cort el objeto de procurar el bien común internacional, im- 
pónese la necesidad de una institución internacional cimentada en el re¬ 
conocimiento de una obligación moral objetiva, y no solamente en las exi¬ 
gencias de un convenio. El bien común de toda nación se halla insepara¬ 
blemente ligado al bien común de la comunidad internacional. 

La institución internacional debe ser universal. Debe tratar de incluir, 
con la debida consideración de la igualdad fundamental de los derechos, 
a todas las naciones, grandes y pequeñas, fuertes y débiles. Su constitu¬ 
ción debe ser democrática. Aunque con toda razón pueda crearse un con¬ 
sejo de seguridad, con un número limitado de miembros, este consejo no 

debe convertirse en instrumento de predominio imperialista al servicio 

\ 

de unas cuantas naciones. Ante esta institución internacional, toda nación 
debe comparecer apoyada por sus derechos, jamás por su poderío; como 
tampoco debe permitirse que ninguna de ellas se dicte su propio fallo. 
Tal organismo debe reconocer con franqueza que en las naciones, como 
en los individuos, la vida no es estática; en consecuencia, su constitución 
debe proveer las medidas necesarias para la revisión de los tratados, en 
aras de la justicia y del bien común de la comunidad internacional, y para 
el reconocimiento de los pueblos que, llegando a la mayoría de edad, ven¬ 
gan a integrar la familia de las naciones. 

Auxilio a los débiles 

Ha de ser función de la organización internacional, conservar la paz 
y la seguridad universales, promover y fomentar la cooperación entre 
las naciones, y adoptar una norma política general para la solución de los 
problemas comunes en el orden económico y social, y en otras cuestiones 
de carácter humanitario. Es razonable que para la conservación de la 
paz, la organización internacional disponga de recursos para imponerse 
coercitivamente, aun por medidas militares, a las naciones que se rebelen 
contra el derecho. 

En la empresa de promover y fomentar la cooperación internacional, 
la organización debe tratar de garantizar a las naciones débiles y pobres, 
aquellas oportunidades económicas necesarias para que los pueblos gocen 
de condiciones decentes de vida, empeñándose además en evitar que se 
impongan monopolios egoístas de materias primas que sean necesarias pa¬ 
ra la estabilidad económica de otras naciones. Una efectiva cooperación 
internacional exige deberes concretos a las naciones más favorecidas. Nin¬ 
gún pueblo puede ver con indiferencia que predominen en cualquier país 


68 


OROS NTAQÜNES 


condiciones tales que obliguen a millones de obreros a verse privados de 
oportunidades para ganar con su trabajo, el sustento adecuado de sus pro¬ 
pias familias. Las naciones ricas en recursos naturales deben recordar 
que la posesión de la propiedad nunca dispensa de las obligaciones socia¬ 
les de servicio. Las naciones privilegiadas con dones de inventiva y de 
ingenio productivo están obligadas a servir a las necesidades justas y ra¬ 
zonables de otros países. Las naciones deben eliminar, guardadas las 
efectivas garantías necesarias, las barreras comerciales, y abrir rutas 
mundiales de comunicación a todos los países que profesen el respeto a 
la ley. La legislación nacional que busca proteger los legítimos intereses 
económicos nacionales, no debe impedir el desarrollo del comercio interna¬ 
cional, ni la adecuada función del intercambio internacional. 

Una corte mundial 

En la organización internacional debería funcionar una corte mun¬ 
dial ante la cual fuese posible someter jurídicamente las disputas que 
surjan entre las naciones. Su autoridad no debería ser meramente de 
consejo, sino estrictamente judicial. Una de las condiciones para el debido 
funcionamiento de esta corte es el adecuado desarrollo y codificación del 
derecho internacional. Las autoridades internacionales competentes deben 
convertir en leyes positivas los principios de la ley moral én sus alcances 
internacionales, a los que se incorporen luego provisiones para tratados 
positivos, junto con la constitución y la legislación de la organización in¬ 
ternacional. 

Debiera darse poder a la corte mundial para emitir resoluciones, tan¬ 
to en lo que atañe a los casos que le someta una parte interesada como 
sobre los que le someta la organización internacional. Las naciones que 
se nieguen a someterle sus disputas internacionales, aipenazando con su 
actitud la paz o el bien común de la comunidad internacional, serían tra¬ 
tadas por la organización internacional, como naciones rebeldes a la ley. 
Más aún, la obligatoriedad del arbitraje en las disputas que amenacen la 
paz mundial, constituiría un adelanto notable en las relaciones interna¬ 
cionales. 

t 

Los derechos innatos del hombre 

La organización internacional jamas puede violar la justa soberanía 
de las naciones. La soberanía es el derecho que proviene de la personali¬ 
dad jurídica de una nación, y a esta personalidad la organización interna¬ 
cional ha de salvaguardar y defender. Sin embargo, la nacional soberanía 
no puede interpretarse para una nación como dispensa de sus obligaciones 
hacia la comunidad internacional. Aun mas, dentro del Estado mismo, 
la soberanía nacional está limitada por los derechos innatos del hombre 
y de la familia. Porque el Estado no confiere estos derechos, otorgados 
por Dios, tampoco puede violarlos. 


ORIENTACIONES 


69 


A la comunidad internacional concierne la ideología de una nación en 
su vida interna. Rechazar este principio equivaldría a sostener que la vio¬ 
lación de los derechos innatos del hombre, en determinado país, y por par¬ 
te de un gobierno determinado, no tiene nada que ver con la paz del mun¬ 
do. Pero precisamente en los momentos actuales, y en beneficio de la paz 
mundial, nuestra nación se esfuerza por desarraigar ciertas ideologías que 
violaban los derechos del hombre, en los países que estamos liberando. 
Sostenemos que, si ha de existir una paz mundial genuina y duradera, la 
organización internacional ha de exigir como requisito de admisión, que 
cada nación garantice jurídicamente, y que respete de hecho, los derechos 
innatos del hombre, de la familia, de los grupos minoritarios, en la vida 
civil y en la vida religiosa. Nuestras generaciones debieran saber ya, sin 
ningún género de duda, que la tiranía en cualquier nación constituye una 
amenaza para la paz del mundo. Una nación que se niega a otorgar a su 
propio pueblo el pleno goce de los innatos derechos humanos, no puede 
ofrecer garantías ni inspirar confianza en la comunidad internacional 
para cooperar a la conservación de una paz que se cimenta en el recono¬ 
cimiento de la libertad nacional. Tal nación perseguiría tan sólo el lo¬ 
gro de sus propias aspiraciones egoístas en la política internacional, aun 
cuando al mismo tiempo tomase posturas declamatorias en favor de la 
cooperación internacional. 

Hombres libres en naciones libres 

Tenemos en nuestras manos la ocasión de dar vida a una nueva era, 
la era que han anhelado los pueblos a través de los siglos, la era en que las 
naciones convivirían en justicia y caridad. Queremos la realización de una 
esperanza cristiana, la esperanza de un mundo de paz, un mundo en que 
naciones soberanas cooperen a garantizar a todos los hombres el pleno 
disfrute de sus derechos; un mundo de hombres libres y de naciones li¬ 
bres, con una libertad salvaguardada por la ley. La guerra podría siempre 
sobrevenir, pero si se realizara nuestra esperanza, sería una guerra pu¬ 
nitiva contra naciones rebeldes a la ley. A través de todos los sufrimien¬ 
tos y sacrificios causados por la actual contienda, hemos recordado siem¬ 
pre, y las recordamos hoy, las palabras de nuestro presidente, escritas al 
principio del conflicto: «Ganaremos esta guerra y en la victoria no bus¬ 
caremos la venganza, sino el establecimiento de un orden internacional 
en que el espíritu de Cristo rija los corazones de los hombres y de las 
naciones...». 

En nombre del episcopado católico de los Estados Unidos, firman el anterior docu¬ 
mento los miembros de la junta episcopal administrativa de la National Catholic Welfare 
Conference, excelentísimos y reverendísimos monseñores Edward Mooney , arzobispo de 
Detroit, presidente; Samuel A. Stritch, arzobispo de Chicago, vice-presidente; Frangís 
J. Spellman, arzobispo de Nueva York, secretario; John T. McNicholas, arzobispo de 
Cincinnati; John Gregory Murray, arzobispo de St. Paul; John J. Mitty, arzobispo de 
San Francisco; Joseph F. Rummbl, arzobispo de Nueva Orleáns; Josbph F. Noll, obispo 
de Fort Wayne; Karl J. Alter, obispo de Toledo; James H. Ryan, obispo de Ornaba. 


por Sigrid Undset 


Busca y hallazgo 


La autora de este artículo es la célebre novelista noruega, premio 
Nobel 1928, refugiada hoy en los Estados Unidos, y autora de nume¬ 
rosas novelas. Entre ellas se destacan Kristin Lavransdatter, Olav 
AudunssoH, Jenny, Ida Elisabeth, La orquídea silvestre, La esposa 
fiel. En su último libro. Return to the future, nos relata su fuga de 
Noruega invadida y sus impresiones de Rusia, Japón y Estados Uni¬ 
dos. En 1925 se convirtió al catolicismo. Aquí nos relata su conversión. 

Si todos ios que han vuelto a la Iglesia católica intentaran relatarnos 
la vía que los condujo a ella, se patentizaría muy probablemente que ni 
siquiera dos trillaron el mismo camino. Quienes hemos abrazado la rea¬ 
lidad de la Iglesia como «el fundamento y la piedra angular de la ver¬ 
dad», no nos admiramos de que tantos caminos conduzcan a Roma como 
opiniones humanas existen. 

Todos los mortales nos mecemos a gusto en la esperanza de que po¬ 
siblemente no lograremos nunca la verdad pura; nos imaginamos que la 
vida perdería todo su encanto y que nuestra libertad quedaría descaí tada, 
en cuanto en la realidad existiera una verdad, una sola, en la que todas las 
otras verdades estuvieran contenidas. En muchos de nosotros se entabla a 
veces una lucha contra el hecho de que dos y dos son cuatro. Pero en cuan¬ 
to se acepta una vez por todas esta monótona fórmula, suele demostrarse 
a menudo, que sobre tal base puede uno desarrollar una multitud de dotes 
y capacidades personales. Y en cuanto uno se toma la libertad, por personal 
convicción, de calcular y obrar como si dos y dos fueran cinco, o cero o sie¬ 
te, debe atenerse a las consecuencias inmediatas. A este orden pertenecen 
las represalias del mundo que nos rodea, cuando luchando contra su pro¬ 
vecho, parece que rompemos con él valiéndonos de una tan particular ta¬ 
bla de multiplicación. Y sinembargo todos experimentan, aunque no sea 
sino como voz pasajera, el anhelo de un país fantástico, en donde dos y 
dos sean tanto cuanto quisiéramos en el presente instante. 

En realidad aun en tal país de ensueño la libertad no es más que una 
imaginación. El número de tipo de ensueño y de combinaciones fantásticas 
no es ilimitado. La vida fantástica está sometida en más alto grado a la 
ley de lo que la mayoría de los hombres suponen. Pero uno se imagina 
como una libertad magnífica el que se pudiera huir a un mundo donde el 
hombre por sí mismo pudiera determinar la esencia y los aspectos de 
las cosas. 

La realidad en que nos encontramos sumergidos contiene ya deter¬ 
minadas cosas en cuanto a su ser y eficacia, las cuales a su vez están 
coordinadas conforme a medida. Entonces al hombre tal como es ahora no 
le queda más que una puerta libre: tratar justamente de abrirse camino 



BUSCA Y HALLAZGO 


71 


entre esta red de causas y relaciones. Y el fin suele ser que se encuentra 
más hundido y enredado hasta la desesperación. 

En este mundo solo podemos lograr una especie de libertad, a saber, 
aquella de que habla Jesús cuando dice: «La verdad os hará libres». Pero, 
aun entonces, cuando uno ha reconocido aquella verdad y ha salido del 
entrevero, de tal manera que el sentimiento de tener que conceder irre¬ 
mediablemente normas preestablecidas ya no pueda inquietarlo, aun en¬ 
tonces debe uno comprar a precio de oro ese gaje por medio de una lucha 
incesante contra los espíritus que uno creía libres. A esa lucha pertenece 
ante todo la tentación de mirar atrás, de recogerse soñadoramente a su 
antiguo país fantástico, en el que dos y dos suman tanto cuanto a uno se le 
antoja. 

Es por consiguiente muy comprensible que el hombre de ahora gaste 
todas sus argucias en debilitar la autoridad de la Iglesia. Desde este as¬ 
pecto parece mirar aquel que se ocupa día y noche por evitar cuanto tenga 
que ver con la pretensión de autoridad. Por lo demás estos esfuerzos pa¬ 
ra no dejarse atar, ese rebelarse contra una Iglesia que siempre ha exigido 
francamente el reconocimiento de su autoridad, no contienen nada que 
caracterice particularmente al hombre moderno. La misma rebelión se 
patentizó en Jerusalén, allá antes de la pascua en la que Nuestro Señor 
fue crucificado. 

Muy pocos son los convertidos que están en situación de demostrar su 
vuelta, cómo superaron su resistencia contra Aquel que es «Camino, Ver¬ 
dad y Vida», resistencia nacida de miedo y desconfianza. Porque ello 
sucedió únicamente con la cooperación de una fuerza misteriosa y sobre¬ 
natural que los teólogos llaman la gracia. 

Lo más que podemos es decir cómo cierto día nuestra resistencia se 
nos representó como algo injustificado. Puesto que por una parte abrigᬠ
bamos una desconfianza granítica contra toda autoridad, que fuera de es¬ 
te mundo, y por otra desfallecía nuestra alma de hombres con una ham¬ 
bre insaciable justamente de autoridad. 

Empezamos a desear maestros, que fueran capaces de enseñarnos al¬ 
go, buscamos guías con mandatos y órdenes, y hubiéramos querido ver 
surgir a alguien a quien pudiéramos dar nuestra confianza, nuestra admi¬ 
ración, y si fuera posible, nuestro afecto. Se plantea pues la pregunta: 
¿Por qué esa ansia de autoridad? ¿Acaso porque todos debemos inclinar¬ 
nos como criaturas ante Aquel que tiene sobre nosotros el único derecho 
justificado, derecho de Creador, Autor de la vida, Creador del cuerpo y 
del alma? 

«Pensad por vosotros mismos...» era lo que se nos decía continuamen¬ 
te en la escuela a que asistí de niña. Pero cuando tomé en consideración 
ese consejo como mejor pude, y cuando empecé a pensar en forma distin¬ 
ta de lo que en concepto de los adultos debía pensar, mis maestros que¬ 
daban desagradablemente sorprendidos. Porque tener opiniones diferentes, 
solo podía provenir en mí de espíritu de contradicción, de presunción, o por¬ 
que gentes ignorantes y mentirosas que no pensaban ni creían lo que mis 
maestros opinaban, habían trastornado mi cabeza... La directora pertenecía 
a los campeones de la cuestión femenina en nuestra patria; el espíritu de la 
escuela correspondía al liberalismo del siglo xix; «libertad espiritual, pro¬ 
greso o ilustración», eran los puntos de ese programa, y los cabecillas del mo¬ 
vimiento eran Wegeland y Bjórnson. 








72 


SlGRlD UNDSET 


Para muchas personas, como todavía hoy para mí, aquella tendencia 
de nada servía a la patria, ni a sus mujeres, ni a sus clases sociales, por 
su idealismo y su prurito de novedad. Pero mucho antes de mi madurez» 
ya había yo comprendido que aquellos hombres que se jactan de no tener 
prejuicios y de ser modernos y radicales, suelen con frecuencia padecer 
de una incomprensible estrechez de miras. Estrecho o mojigato no sig¬ 
nifica considerarse a sí mismo como infalible y a los demas como equivo¬ 
cados, estrecho tiene más bien el sentido de carencia de fantasía humana 
y capacidad de sentimiento para conceder a los que se apartan de nuestras 
opiniones buena fe y honestidad. 

Quizás también predominaba entonces en los círculos «conservado¬ 
res» enorme estrechez de corazón. Pero en mi formación los conserva¬ 
dores eran algo como un cuerpo extraño. Y aquellos con quienes más 
tarde tuve mi encuentro, por los días en que yo era empleada, desperta¬ 
ban tan poco mi interés, que no valía la pena de buscar su amistad. Sin¬ 
embargo tenía ya la impresión de que ellos miraban las cosas con más 
calma y desde una mira más elevada. 

El primero que me hizo conocer las ideas corrientes de entonces en 
forma coherente fue el pastor que me confirmó. Aquello me causó gran 
abatimiento. Me pareció que Dios (al menos en aquella comunidad y en 
especial de las chicas de entonces) lo más que exigía a las virtudes do¬ 
mésticas era el cumplimiento de cualidades negativas. La plática sobre e! 
sexto mandamiento me revolvió profundamente. El párroco se dirigía pro¬ 
piamente a las chicas de la escuela pública. Las amonestaba para que no 
salieran las tardes de asueto con hombres y les inculcaba que no se de¬ 
jaran tratar con libertad; y lo confirmaba con el relato conmovedor de 
una chica a quien él acababa de visitar en el hospital: «Allí yacía la po¬ 
bre, descalificada de por vida, y todo por un beso». Yo pensaba para mí 
malhumorada, que no era tan condenable la chica, como el otro, el seduc¬ 
tor. . . Ya estaba yo suficientemente enterada de que las damas de la 
«buena sociedad» con frecuencia pecaban más indignamente: conocía ca¬ 
sos de adulterio y de buscadotes, o había oído que el llamado «buen par¬ 
tido» no era más que una ruina en cuanto al cuerpo, un hombre sin con¬ 
ciencia y un negociante calculador. 

¿Quién podía esperar entonces de un hombre de iglesia, que era a 
su vez hijo de su época, la exposición de la pureza virginal como un 
ideal en sí mismo, como una fuente de energía, y no como un capital que 
«en el mercado del matrimonio podía cambiarse en moneda corriente ?»* 

«La doncella» era para la mentalidad de aquel entonces un ser des¬ 
graciado y objeto de mofa. Cuanto Lutero escribió sobre la virginidad me 
previno totalmente contra él. El influjo del colegio no dejó sinembargo de 
hacer su huella en mí. 

En ningún instante he dudado de que aquel clérigo estaba convencido 
de la verdad de su opinión y que llegado el caso estaba dispuesto a sacri¬ 
ficarse por su bien poco atrayente concepto de Dios. Pero tampoco me 
cabía en la cabeza que su concepto del cristianismo era más justificable 
que otras versiones contra las que ya yo me rebelaba. Entre tanto había 
llegado, gracias a la instrucción a los confirmandos, a esta convicción: yo 
no creía en aquella religión, por más que mantuviera una pálida imagen 
de ella, aunque en mi niñez y juventud hubiera tenido a pesar de todo 
una ligera y floja adhesión a ella. 


BUSCA Y HALLAZGO 


73 


La fatalidad del luteranismo consistía, en cuanto se me alcanzaba, en 
que cuanto protestante educado religiosamente que yo encontraba, había 
de tener su «personal convicción» y su «concepto autonomo» acerca de 
lo que significa ser cristiano. Así, el Cristo que mi profesor de religión 
nos trazaba, era mucho más amable que el que exponía el competente 
párroco de aquel famoso oeste; era humano, demasiado humano, pero 
no más humano que la más noble humanidad, que yo procuraba colum¬ 
brar; sabio, perp no sabio «sobre toda razón». 

Con la mayor parte de la juventud de la época liberal compartía yo 
la opinión de que la fe era una cuestión privada o de gusto personal. Y 
por lo mismo iñe había forjado mi creencia particular, solo que en aquel 
entonces poco caso hacía de un Dios, que para nada más servía sino para 
aprobar mis iáeas acerca del bien y del mal, de indignidad y de decoro, 
mis ideales o prejuicios. Que estos brotaban del fondo de mi carácter y de 
mi educación fue algo que se me impuso; yo debía mantenerme firme en 
ellos y no n/cesitaba forjarme un Dios cuya aprobación me aseguraba de 
antemano, l¿os como un «otro absoluto», que sinembargo se inclinaba ha¬ 
cia mí, cuyos caminos no eran los míos, cuya voluntad de manera con¬ 
cluyente se apartaba de la mía, y que sinembargo podía hacer desembocar 
mi ruta en su camino, un Dios semejante, no era todavía capaz de imaginar. 

Habí/ algunos, aquellos que nos hablaban en nombre del cristianismo, 
que procuraban con este nombre encubrir su arraigada manera de pen¬ 
sar y su f ideales; muchos de entre ellos habían ya rechazado como algo 
insostenible el cristianismo histórico, aunque todavía no lograban apar¬ 
tarse deuna ética de ligero barniz cristiano por pura consideración senti¬ 
mental .¡La fe en Jesucristo, «verdadero Dios y hombre», la habían echa¬ 
do por/la borda, mientras se proponían a Jesús, el hijo del carpintero, 
como 4 h° m t> r e ideal o el ideal humano. No osaban aceptar como verda¬ 
deros ios dogmas inspirados sobrenaturalmente como verdades formula¬ 
das ei leguaje humano; en cambio creían en una capacidad sentimental 
religiosa, en la intuición y en el genio religioso del hombre. 

l^ada ni nadie era capaz de llevarme a la adoración del hombre; no 
quei/a creer en la inspiración religiosa ni siquiera de aquel que dijo: 
«Yqsoy manso y humilde de corazón.. .», porque me parecía por lo me¬ 
nos! impertinente usar semejante lenguaje contra los adversarios, si no 
es fue quien las empleaba era un genio. Yo quería suponer como «proba¬ 
do/ (rechazando todo argumento) que el Jesús histórico había hecho 
av/nzar buen trecho el concepto humano de Dios en su evolución histó¬ 
rica, y esto con inspiración genial. Y por aquellos días se pensaba general- 
ninte que evolución equivalía a progreso, cuando no se iba más adelan¬ 
té Aunque yo personalmente no tomara partido acerca de si 1900 años 
¿tes había / aparecido un joven hebreo para dar al pueblo la seguridad 
le que sus pecados quedaban perdonados. A este proposito el había for¬ 
mulado una pregunta: «¿Quién podrá señalarme un pecado?». Por pro¬ 
pia experiencia no podía El saber lo que pasaba cuando uno había hecho 
jo, otro algo que quisiera por todo el oro del mundo que no hubiera sido 
I hecho; o lo que sucede cuando se quebrantan los mejores propósitos y ya 
uno no puede por nada concederse perdón. Yo sabia bien por desgracia 
qué era arrepentirse por tener entrañas duras con el prójimo, lo que era 
la cobardía encubierta, la negligencia en lo que ella tiene de imperdona¬ 
ble... porque mi religión humanística naturalmente de nada me había 


74 


SIGRID UNDSET 


valido para vivir la vida de modo que pudiera tener la alegría de mi par¬ 
te. Y con otros que por lo visto se hacían el problema más llevadero, yo 
no quería compararme. De todos modos no conocía su interior y a mí 
no me tocaba juzgarlos. Y además: en cuanto me era dado saberlo, no 
eran tan altaneros como yo. —Si non est deus , non est bonus —; todavía 
no sabía que mucho tiempo antes alguien había compuesto este adagio, 
pero sabía al menos lo suficiente de la historia como para comprender que 
el cristianismo histórico enseñaba un Jesús, que podía perdonar los pe¬ 
cados, el cual era al mismo tiempo Dios y Creador, y que todo lo que 
cometíamos contra nosotros y contra el prójimo, era en primer lugar con¬ 
tra El. El podía perdonar pecados porque «se le ha dado todo poder en el 
cielo y en la tierra», aun el poder de trocar nuestras faltas contra los de¬ 
más en bien. A El le había confesado en tiempos antiguos S¿n Olavo, cuan¬ 
do los huéspedes paganos convinieron en aceptar su fe en fuerza de su 
apasionante y regia personalidad: «Si queréis pues creer le que yo creo, 
prestad atención a esta doctrina: creed que Jesucristo es el Creador del 
cielo y de la tierra y de todos los hombres». 

Y sinembargo me dejé imbuir en la vida de Jesús de Renín, y en una 
serie de intentos de empequeñecer a Cristo hasta convertirlo en un Je¬ 
sús histórico. Pero cuán inverosímil resultaba que alguien tan infinita¬ 
mente distante de esas fantasmagorías se hubiera propuesto alentar a sus 
amigos sobrevivientes a una aventura de vida o muerte, como ios lo de¬ 
jaba entender el libro de los Hechos apostólicos. Muy lejos estaba yo de 
creer que Jesús era Dios en envoltura de hombre, que su cuerpo era su 
Iglesia, y la manera como su obra redentora realizada 1900 años antes re¬ 
vivía siempre renovada de generación en generación. Pero ya eupezaba 
a ver con claridad algo que empezaba a comprender hasta ciert» punto: 
que los nuevos sistemas religiosos que se basaban en el ateísmo o en una 
especie de humanidad divinizada, no estaban con mucho más científica¬ 
mente cimentados que las antiguas religiones. 

Antes bien trabajaban con dimensiones puramente supuestas, * eran 
en muy alto grado cuestiones de moda. Muchas afirmaciones que enonces 
eran corrientes y a las que yo presté oídos sin crítica ninguna y poi des¬ 
gracia sin que escaparan por el otro oído, eran totalmente tontas o con¬ 
formes tan solo con la corriente de la época y con las exigencias espiritua¬ 
les de entonces. 

No recuerdo, por ejemplo, cuántas veces oí repetir: Dios es un an¬ 
helo. . o la suposición de una vida futura es solo producida por el him- 
bre de más vida de la que señala la naturaleza a cada cual. Comprendí <ue 
la primera afirmación era una espada de dos filos; porque yo no poiía 
pensar que la mayoría de los librepensadores que conocía suspirasen p»r 
Dios; muy al revés, la mayoría padecía una formal ojeriza contra Dio;. 
Dentro de mí tuve que aceptar que igual cosa me había pasado más cb 
una vez. 

Además, yo sabía que algunos hombres habían creído en una existen¬ 
cia después de la muerte bajo la impresión arrebatadora del cuadro del 
infierno o del Hades; y esto tenía que pasar forzosamente porque tenían 
que arreglarse de alguna manera con la muerte. Yo misma no lograba 
imaginar bajo ninguna forma una esperanza de eternidad, sin que a la 
larga se me volviera aburridora, de igual modo que los bienes de este 



BUSCA Y HALLAZGO 


75 


mundo pierden para nosotros su encanto precisamente porque nos da¬ 
mos cuenta de su fugacidad. 

Las maravillas que se suceden en las cuatro estaciones penetran in¬ 
timamente nuestra alma porque sabemos que vendrá una primavera^ en 
la cual ya nosotros no vivamos; y un día la primera nevada cubrirá la 
tierra bajo la cual reposemos. 

Y lo mismo pasará con los seres más caros: ¿Nos apegaríamos tanto 
a ellos si no supiéramos que a la postre la muerte nos ha de separar ?. .. 
Si no es que ya la vida se encarga de ello. 

La viéja historia se repetía: yo rehusaba la fe o la incredulidad de 
los demás como cuestión de idiosincracia. Y sinembargo percibía que mis 
propias opiniones no tenían más valor tampoco. Naturalmente que yo po¬ 
día construir «con mi propia fuerza y vigor», aunque enseguida me daba 
cuenta que muy pocas eran las que me acompañaban. Y quienes en épo¬ 
cas pasadas habían logrado salir adelante con fe tan mezquina, la habían 
tomado como un expediente para atravesar bien o mal este corto trecho 
de la vida. A decir verdad no estimaban bastante esta especie de temor de 
Dios, pero tampoco simulaban creer en la fraternidad, fuera en el juego, 
en el amor o en la lucha. 

r 

Sinembargo, no podía desechar la idea de que quien de esta suerte 
afincaba en sí mismo era en alguna manera un traidor, aunque no podía 
especificar en qué consistía la traición y contra quién iba. Porque yo sí 
creía en la fraternidad entre los hombres, aunque de ninguna manera po¬ 
día tenerla por perfecta, y solía dividirla sumariamente en inteligente y 
estrecha, en buena y mala, en valiente y cobarde, y como inseguras por 
naturaleza las tenía a todas. 

Solo en muy pocos de la gran masa ponía mi confianza; pero sentía 
que si era verdad esta expresión dicl^a una vez por nuestra niñera, mili¬ 
tante del ejército de salvación: «Cuanto mayor es el pecador, es más pre¬ 
cioso a los ojos de Dios...», El tenía que amar de manera especial aque¬ 
llas almas humanamente más perfectas, por más que siempre estuvieran 
en peligro de pecar de mente y corazón, más de lo que publícanos y peca¬ 
dores podían soñar. 

Todas las cualidades y dones que constituyen a un particular en maes¬ 
tro, jefe e innovador, consciente o inconscientemente lo convierten en 
reo ante sus seguidores, desde el momento en que no se le ve sujeto por 
un sentimiento de responsabilidad a un poder más alto, que está sobre la 
humanidad y la sostiene con su mano. Así al menos lo enseñaba el cris¬ 
tianismo en una forma que delataba bondad y verosimilitud, al revés de 
otras fórmulas para explicar el universo. 

La única solidaridad de la humanidad consiste en que todos nosotros 
somos herederos comunes de una empresa en quiebra, de la bancarrota 
del pecado original. Y la común incapacidad que a todos nos asiste para 
llegar a un punto muerto en nuestro proceder y conducta, nos imposibilita 
por igual para guiar rectamente a nuestros hermanos. Allí se impone la 
intervención redentora de un más alto poder. La Iglesia cristiana enseña 
que ese más alto poder es Cristo, Dios, nacido de mujer y confundido con 
nuestra naturaleza; y que al mismo tiempo El entrego su vida en rescate 
por nuestros pecados, nos despejó la ruta de la vida eterna, no de una entele- 
quia aérea o subterránea que los hombres apenas se podrían imaginar 


76 


SIGRID UNDSET 


como algo repelente y miedoso, sino de una vida en Dios y con Dios: fe¬ 
licidad eterna, inefable, incomprensible... Pero por lo mismo debemos 
probar desde aquí abajo nuestra consonancia con lo divino, es decir, nues¬ 
tra conciencia de la vida. Y la felicidad puede ser vida sin fin, en cuanto 
tomemos incesantemente la fuerza de nuestra alma de la fuente de toda 
energía, de donde toda vida creada toma su origen. 

Tan lejos había ido ya, que caí en la cuenta de que mis propias fal¬ 
sas apreciaciones no merecían confianza; pero todavía no creía en Dios. 
Ni para qué hablar de pruebas que pudieran obligarlo a aceptar el cris¬ 
tianismo contra su voluntad, algo así como se acepta en botánica la des¬ 
cripción genealógica de una familia de plantas. Si no ¿cómo hubiera podido 
Cristo decir: «Quien creyere y fuere bautizado será salvo; pero quien no 
creyere se condenará»? (S. Mateo, 16, 16). 

Esto no presupone que el hombre no debe echar mano de su potencia 
crítica, sino más bien, que el hombre a fin de cuentas elige entre enquis¬ 
tarse en su propio yo y precipitarse en el infierno del egoísmo, o dejarse 
redimir por Dios de las ataduras del propio yo hacia las eternas posibi¬ 
lidades de evolución y de progreso. 

No me quedaba otro camino que dirigirme a un sacerdote y pedirle 
que tuviera a bien instruirme acerca de cuanto la Iglesia católica enseña. 
Que aquella era la Iglesia fundada por Cristo no me cabía la menor duda. 
La cuestión de plenitud de poderes en la Iglesia católica me planteaba in- 
mediatmente la cuestión de la plenitud de poder en Cristo. La historia de 
la reforma me parecía cada vez más como la relación de una conjura con¬ 
tra el cristianismo, una revuelta de almas creyentes, que con una piedad 
sujetiva, esperaban que existiera un verdadero cristianismo que concor¬ 
dara mejor con su caprichoso ideal de Cristo, superior al de la antigua 
Iglesia, que ahora se les presentaba en medio de un mundo, en el que lo 
santo padece no pocas veces violencia en manos mancilladas. 

Las objeciones corrientes contra la Iglesia católica, como yo las ha¬ 
bía oído, nunca, hicieron impresión en mí, por más que tenía una idea de 
que algo de verdad debía de haber en los prejuicios ampliamente difun¬ 
didos contra la Iglesia. Y así es de hecho en un doble sentido. Desde luego 
que no permitimos sean destruidas así como así por una Iglesia autoritaria. 
Y, luego viene el escándalo de que en todas las épocas haya habido católi¬ 
cos flojos. Esto último forma el fondo oscuro sobre el cual se va ilumi¬ 
nando poco a poco el dogma de la «comunión de los santos». 

Los hombres de nuestros días, creo yo que deberían entender más 
fácilmente lo que queremos decir cuando afirmamos que «los méritos 
de los santos son el tesoro dé que vive la Iglesia». Porque también ahora 
experimentan no solo los católicos, sino los cristianos de toda clase y con¬ 
fesión, que la cristiandad como tal debe hacer penitencia por lo que cada 
uno de nosotros se ha hecho reo ante Dios y ante el prójimo. No hay pri¬ 
sión humana tan difícil de abrir como la que se pasa entre las celdas vi¬ 
vas que forman el cuerpo místico de Cristo. El culto de los santos corres¬ 
ponde espontáneamente a una inextirpable necesidad de nuestra natura¬ 
leza, culto que la Iglesia ha fomentado conscientemente desde el prin¬ 
cipio. Tenemos nécesidad de honrar a los héroes. A falta de algo mejor, 
fomentamos el culto heroico de los reyes del fósforo, de los campeones del 
deporte, de las estrellas del cine, de los artistas, etc. A alguien tenemos 



BUSCA Y HALLAZGO 


77 




que levantar 9 obre un pedestal, para lograr divinizar algo de lo más ínti¬ 
mo del hombre. 

En los santos, Dios realizó designios que El primitivamente tenía 
con todos nosotros, puesto que (para usar las palabras de la santa misa) 
El creó la naturaleza humana admirable, para renovarla todavía más ma¬ 
ravillosamente en cada uno. Una solución para nuestros impulso de exalta¬ 
ción heroica la tenemos en la veneración de los «santos», al par que encon¬ 
tramos una ocasión humilde y misericordiosa de honrar nuestro propio 
«viejo Adán». 

¿Y la devoción a María? A mí se me presenta como algo que no pide 
explicación: Quien ecepta con fe que Dios nos redimió, al tomar nuestra 
carne y sangre, tiene por fuerza que acercarse con profundo sentimiento 
de veneración a aquella de la cual nació; sentimiento pleno de un pro¬ 
fundo respeto, lleno de ternura, lleno de comprensión por las incompren¬ 
sibles dificultades de su vida terrestre, lleno de júbilo por su inefable 
exaltación en el reino de Dios; porque si El es «verdadero hijo de Dios 
y de María», por lo mismo el Hijo es su hijo, y la Madre su Madre por to¬ 
da la eternidad, El el Creador y ella su creatura. 

¿Tortura o libertad de conciencia? Tengo para mí que a aquellos 
que exaltan a voz en cuello la libertad de conciencia es a quienes más 
convendría que alguno les amordazara su amplia conciencia con mano fuer¬ 
te. Muchos se toman la libertad de jugar con el buen nombre de su pró¬ 
jimo, como no me lo hubiera permitido yo en tiempo de mi paganismo. 
Yo no puedo saber si era mi conciencia la que hablaba o mis padres que 
habían resurgido en mí. Se me grabó hondamente que un hombre sabe muy 
poco de lo que pasa en el interior de los demás, de forma que uno debie¬ 
ra responder más bien: «ello pudo pasar de otro modo». Los gustos de 
los sentidos son siempre «pobres de espíritu», y como a^ las flaquezas del 
espíritu, también a ellos se les escapa un cierto anhelo de pureza. Nunca 
me he atrevido a negarles conciencia y buena fe. 

Pero, ¿qué no se han irrogado unos hombres a otros? ¿Tendré que^ 
afirmar que se han causado tantos males contra su propio querer? Pero 
aunque tengo poca confianza de poder probar si a otros hombres su con¬ 
ciencia les pone en la lengua lo justo y recto, ¿tendré que limitarme a creer 
que la conciencia humana podrá salir adelante sin una más alta dirección? 

Entre tanto yo creo que Jesucristo es Dios y Creador, y creo también 
que El ha fundado su Iglesia en la forma que conviene a los hombres. 

Más difícil resulta expresar en palabras lo que Dios me ha concedido 
por medio de su Iglesia. El mismo dijo que nos daba su paz en forma 
diferente del mundo. Porque su paz es como la calma absoluta que reposa 
en el fondo del mar. El buen tiempo lo mismo que el viento que riza su 
superficie no turban esa calma, como tampoco la lucha por la vida de los 
seres que en él se agitan. Así el reino de Dios reposa profundamente en 
nuestro interior, salpicado por las corrientes de nuestro inquieto yo, que 
es mitad realidad y mitad ensueño. Pero prácticamente experimentamos 
que Dios habita en nosotros en forma insospechada para siempre y que 
afirma su reino dentro de nosotros, aun contra nuestros propios ataques, y 
aunque contra él desatemos la borrasca. 



Renovemos nuestro calendario anticuado 

por A. Alvarez C. 55 . R. 

¡Renovémoslo! Pero sin provocar conflictos de ningún orden, de 
manera racional, con un plan sencillo, metódico, bien calculado ¡ fᬠ
cil de retener ■, definitivo aún, a ser posible. 

■ > 

¿Por qué sigue siendo un problema «la reforma del calendarioP» —Sen¬ 
cillamente porque las soluciones presentadas no son aceptables. Veámoslo: 

Gomo eco de una aspiración unánime, que clama por la mejor orde¬ 
nación y simplificación del calendario gregoriano vigente, * surgieron, ha¬ 
ce años, múltiples propuestas, pero dos son las que han merecido el favor 
del público: la del calendario positivista primero y la del calendario mun¬ 
dial después. 

Ambas a dos se dan la mano en lo esencial. Los años comienzan con 
el primer día de la semana o sea el domingo y terminan el sábado. El día 
sobrante de los años comunes y los dos de los bisiestos son supernumera¬ 
rios intercalándose, en los comunes, a fin de año y, en los bisiestos, uno 
entre junio y julio y otro a fines de diciembre. La diferencia, accidental 
por cierto, estriba en que el calendario positivista pone trece meses, de a 
cuatro semanas cada uno, que empiezan todos en domingo. El calendario 
mundial parte el año en los cuatro trimestres tradicionales que empiezan 
todos en domingo y cuentan 91 días, cada uno, distribuidos así: 31 días 
el primer mes y 30 el segundo y el tercero. Indudablemente que el calen¬ 
dario mundial se cotiza hoy en alza sobre su contrincante, el calendario 
positivista, que sigue contando adeptos fervorosos. 

En el número 6 de Selecciones correspondiente a mayo de 1941 apare- 
^ ció un artículo titulado: Tenemos un calendario anticuado por Anthony 
M. Turano, en que se aboga por la reforma imperiosísima del calendario 
gregoriano y se sugiere, como la mejor, la del calendario mundial. Muchas 
otras publicaciones, antes y después, han desplegado celo ardiente por su 
adopción encomiando las ventajas que reportaría en todos los aspectos de 
la vida humana. 

Pero francamente hay mar de fondo en este problema, se tropieza en 
él con escollos que llevan al naufragio inevitable. ¿Cuáles? 

No hace mucho en la propia cámara de los comunes el contraalmiran¬ 
te T. Ph. Beasmish propuso que se vaya decididamente a la reforma del 
calendario vigente, de manera racional, sencilla y bien dirigida, como todos 
desean. A lo que el vocero del gobierno de su majestad contestó que para 
ello se requiere antes la aprobación de todas ias religiones cristianas. 

No podía indicarse más certeramente el nudo gordiano del problema. 
A desatarlo, pues. Cortarlo, como muchos pretenden, ¡jamás! 


RENOVEMOS NUESTRO CALENDARIO ANTICUADO 


79 


¿Será difícil lograr semejante aprobación? Sí y no. Todo depende, se¬ 
gún puedo apreciar el asunto, de que se haga caso omiso de la rotación 
regular de semana o de que se mantenga esta rotación inalterable. 

Será difícil, prácticamente inasequible, si se acude a la interpolación 
de un día extrasemanal en los años ordinarios y de dos en los bisiestos 
porque se interrumpe así la sucesión regular de la semana que, por su 
origen divino, debe ser intangible y equivaldría a provocar una revolución, 
en el campo religioso, de proporciones monstruosas... y, lo mejor es no 
intentarla ni pensar siquiera en ella. 

No será difícil, aun se impondrá, cuando por ningún caso falle la ro¬ 
tación regular de la semana. Hasta puede darse por descontada la aquies¬ 
cencia no solo de la Iglesia católica y de las otras iglesias cristianas, sino de 
la propia sinagoga judía. El obstáculo tope habrá desaparecido. El calen¬ 
dario mundial perpetuo con años que invariablemente comiencen el do¬ 
mingo y terminen el sábado pasará, para satisfacer el común anhelo, y de 
manera definitiva, a contar el tiempo que dure el mundo. 

Búsquese, pues, la solución, dejando para siempre incólume la semana . 
Tal solución es la única aceptable y tal solución felizmente se da. Es sen¬ 
cillísima como se va a ver. 

La solación aceptable 

A tres se reducen las condiciones que se requieren para la aceptación 
del calendario mundial y para que este sea perpetuo . 

I®—Ante todo respetar y guardar incólume la institución divina de la 
semana y su sucesión regular sin interpolación de ningún día extrasemanal 
por ningún caso. 

2r —Impedir que el año civil propuesto, adelante o retroceda nunca más 
de siete días o una semana sobre el año solar. 

3®—Que los años comiencen por el mismo día, que necesariamente ha 
de ser el domingo. 

¿Cómo obtener todas estas ventajas, sobre todo la primera de guardar 
la semana intacta? 

A mi modo de ver así: Con años de cincuenta y dos semanas o tres¬ 
cientos sesenta y cuatro días, que serían los más y se llamarán «años 
ordinarios», interponiendo, razonable y matemáticamente aún, años de 
cincuenta y tres semanas o trescientos setenta y un días que se llamarán 
«años extraordinarios» 

Pruebas claras y precisas 

En efecto. Para los años ordinarios de cincuenta y dos semanas nos ha¬ 
llamos con un residuo o remanente de 1,242.315 días sobre el año solar 
que, como es bien sabido, cuenta 365,242.315 días. Acumulando este re¬ 
siduo, al cabo de cinco años se obtiene casi una semana exactamente 6,211.575. 
Por eso cada cinco años, año lustral, viene un año extraordinario de cin¬ 
cuenta y tres semanas. 

Resulta que para obtener la semana más del año lustral ha habido que 
agregar 0,788 425 días. Esta fracción a los ocho lustros o cuarentena años 



80 


A. ALVAREZ C. 


compone casi una semana —exactamente 6,307 400 días—. De ahí que el 
año lustral correspondiente al cuadragésimo no debe ser extraordinario si¬ 
no ordinario . 

Mas he aquí que en los cuadragésimos, al quedar reducidos a años 
ordinarios, se da un remanente o residuo de 0,692 600 días. Pasados diez 
cuadragésimos o cuatrocientos años (período que llamaremos ciclo 
cilio) volveremos a tener casi una semana más —exactamente 6,926 000 

días_. Los años, pues, que componen un ciclo sencillo tornarían a ser 

extraordinarios. 

Pero ha habido que añadir, para completar la semana, una fracción de 
0,070 000 días—. Esta fracción después de noventa ciclos sencillos (perío¬ 
do que llamaremos ciclo grande) nos da casi la semana exactamente 
6,660 000 días—. De ahí que los ciclos grandes tienen que ser ordinarios . 

Nos hallamos en cada ciclo grande con un residuo de 0,340 000 días 
y este residuo, tras de veinte ciclos grandes (llamaremos este período ciclo 
mayor) compondría casi una semana —exactamente 6,800 000 días . Por 
tanto los ciclos mayores deben ser extraordinarios . 

Nuevamente, para obtener esta semana más de los ciclos mayores, 
hemos agregado una fracción de 0,200 000 días, fracción que en treinta 
y cinco ciclos mayores (período que llamaremos ciclo máximo) nos da una 
semana cabal y completa. El ciclo máximo será año ordinario. 

Y comenzará otra era al cabo de veinticinco millones doscientos mil 
años (25.200.000 años) para contarse lo mismo que la precedente con todo 
rigor matemático. 

La institución divina de la semana es, pues, regla segura de contar el 
tiempo . Mil trescientos catorce millones ochocientas setenta y dos mil tres¬ 
cientas treinta y cuatro semanas nos dan veinticinco millones doscientos 
mil años solares (1.314.872334 semanas = 25.200.000 años) sin quitar ni 
añadir para ello un segundo. 


Resumen del calendario mundial perpetuo 

El año es ordinario y extraordinario. 

El año ordinario tiene 52 semanas = 364 días. 

El año extraordinario tiene 53 semanas — 371 días. 


5 años extraordinarios. 
40 años ordinarios. 

400 años extraordinarios. 
36.000 años ordinarios. 
720.000 años extraordinarios. 


El lustro tiene... 

El cuadragésimo tiene 8 lustros o. 

El ciclo sencillo tiene 10 cuadragésimos o 
El ciclo grande tiene 90 ciclos sencillos o 
El ciclo mayor tiene 20 ciclos grandes o 
El ciclo máximo tiene 35 ciclos mayores o 25.200.000 años ordinarios. 

A los 25200.000 años comienza una nueva era que se arregla de igual 
modo. 

Años ordinarios son los que terminan enl — 2 — 3 — 4 — 6 — 7 — 8 — 9. 
Además los cuadragésimos que no sean ¿icios sencillos; los ciclos grandes ' 
que no coincidan con los ciclos mayores, y por fin el ciclo máximo. 

Total: 20.727.666 años ordinarios . 






RENOVEMOS NUESTRO CALENDARIO ANTICUADO 


81 


Años extraordinarios son todos los demás: Los lustros , menos los 
cuadragésimos; los ciclos sencillos, menos los que coinciden con los ciclos 
grandes; los ciclos mayores, menos el que cae en el ciclo máximo. 

Total: 4.472.334 años extraordinarios. 

De los 25.200.000 años son: ordinarios. , . 20.727.666 

extraordinarios 4.472.334 

y . . ■■ 

S 25.200.000 

Aplicación de las normas establecidas 

No ofrecen la menor dificultad cualquiera que sea la corriente que 
se siga en el número de meses —doce o trece— en que se quiera dividir 
el año. 

Si se opta por que los meses, como los años, empiecen todos en do¬ 
mingo, en tal caso los años, así ordinarios como extraordinarios, constarán 
de trece meses, empezando todos los meses en domingo. El año extraor¬ 
dinario se diferenciará en que uno de sus meses —el séptimo preferente¬ 
mente—constará de cinco semanas. 

Si se prefiere dejar al año sus doce meses tradicionales, lo que me 
gusta^ más, puede dividirse el año ordinario en trimestres, de noventa y 
un días cada trimestre. Al primer mes se le asignan treinta y un días, a 
los otros dos treinta. En los años extraordinarios se intercala una semana 
más al principio de alguno de los trimestres y, con preferencia, al empe¬ 
zar el tercer trimestre en la mitad del ano. Los trimestres comienzan to¬ 
dos invariablemente en domingo. 

De fijar la pascua sena la fecha indicada, en el primer caso el 15 del 
cuarto mes, en el segundo el 8 de abril, equidistante del máximo y mínimo 
de la luna post-equinoccial de marzo. 

La semana más de los años extraordinarios que convendría incluir 
a principios de julio —o del sétimo mes si prevaleciere el calendario po¬ 
sitivista— se puede arreglar, sin sensible perturbación, bisando los siete 
primeros días, lo que nos dara el siguiente cómputo: día 1®, domingo; 
V bis, lunes; 2, martes; 2 bis , miércoles; 3, jueves; 3 bis , viernes; 4, sᬠ
bado; 4 bis, domingo; 5, lunes; 5 bis, martes; 6, miércoles; 6 bis , jueves; 
7, viernes; 7 bis, sábado; 8, domingo... 

Fecha en que puede entrar en vigor el calendario 

A mi modo de ver podría darse comienzo a este nuevo método de 
computar los años desde 1950 que se abre con el primer día de la sema¬ 
na, el domingo 1 . El primer año lustral sería el de 1955 y en consecuencia 
extraordinario y seguirían siéndolo todos los lústrales hasta el 2000, exclu¬ 
sive, Hágase un cómputo de los días que estos 51 años, desde el 1950 al 

1 De hacerlo así hasta se lograría que la pascua de este año, primero del novísimo cómpu¬ 
to, coincidiese con la fecha asignada en el Calendario Gregoriano, o sea el nonagésimo nono 
día del año. 








82 


A. ALVARBZ C. 


2000 comprenden, y se verá que tanto en el calendario gregoriano como en 
el calendario mundial perpetuo nos dan 18.627. 

Nota importante—Vara facilitar el uso de este calendario mundial per¬ 
petuo con un cómputo mejor, más preciso y fácil de retener^ podrán y de¬ 
berán considerarse los años que restan de siglo hasta el 2000 inclusive co¬ 
mo preliminares y en 2001 empezar la era de 25200.000 años, de modo que 
el primer cuadragésimo sea el 2040, primer ciclo sencillo el 2400, el primer 
ciclo grande el 38.000, y así sucesivamente. 

* * * 

He aquí un proyecto modestísimo de calendario mundial perpetuo 
que considero aceptable, singularmente porque respeta la institución di¬ 
vina de la semana y ofrece las ventajas, que tanto se codician, de que por 
él comiencen los años por el mismo día semanal, esto -es el domingo, y 
aún los trimestres y los mismos meses según que se desee y expuesto queda. 

No voy a incurrir en la pretensión de que no pueda darse otro mejor. 
Sí que se dará y lo aguardo ansiosamente. El decidirme a ofrecer al 
público este mío ha sido para que se abandonen las iniciativas presenta¬ 
das por algunos en que se atenta a la sucesión regular de la semana, cosa 
inadmisible, y para que surjan otros métodos que perfeccionen el presente 
y aún lo sustituyan de manera definitiva, mereciendo la aceptación ge¬ 
neral hasta adoptarse entre los pueblos civilizados del orbe. 

Mis manos se juntan para aplaudir fervorosamente el invento y al 
dichoso descubridor del calendario mundial perpetuo que se desea. 


Comprobación de los cálculos precedentes 

I—CUADRO DEMOSTRATIVO DE LOS CALCULOS EN QUE SE FUNDA EL PLAN 

DEL CALENDARIO MUNDIAL PERPETUO 


1,242.315 Lustro: 5 años 

* Extraordinario. 

6,211.575 


1,000.000 

— 211.575 Cuadragésimo que comprende 8 

— - lustros o 40 años. 

0,788.425 

X 8 Ordinario. 


6,307.400 


1,000.000 

— 926.000 Ciclo grande que comprende 90 

-— ciclos sencillos o 36.000 años. 

0,074.000 

X 90 Ordinario. 


6,660.000 


1,000.000 

— 660.000 Ciclo mayor que comprende 20 

- ciclos grandes o 720.000 años. 

0,340.000 

X 20 Extraordinario. 


6,800.000 

i 


1,000.000 

— 307.400 Ciclo sencillo que comprende 

- 10 cuadragésimos o 400 años. 

0,692.600 

X 10 Extraordinario. 


1,'000.000 
— 800.000 


0,200.000 

X 35 


Ciclo máximo. 
que comprende 35 ciclos 


6,926.000 


1,000.000 mayores o 25.200,000 años. 

6,000.000 

- v Ordinario. 


7,000.000 



















RENOVEMOS NUESTRO CALENDARIO ANTICUADO 


83 


II— DE LOS 25.200.000 AÑOS QUE COMPRENDE EL CICLO MAXIMO 


1° — Ordinarios 

Son : a) Los años comunes y que terminan enl — 2 — 3 — 4 — 6 — 7 — 8 — 9 

y que dan un total de . 20.160.000 

b) Los cuadragésimos menos los ciclos sencillos (630.000 — 63.000) . 567,000 

c) Los ciclos grandes menos los ciclos mayores ( 700 — 35) . 665 

d) El ciclo máximo . 1 

20.727.666 


2° — Extraordinarios 


Son: a) Los lustros menos los cuadragésimos (5.040.000 — 630,000) que dan. 4.410?000 

b) Los ciclos sencillos menos los ciclos grandes (63.000 — 700) que dan 62.300 

c) Los ciclos mayores menos el ciclo máximo (35 — 1) que dan . 34 


4.472.334 


III— 


20.727.666 

4.472.334 

años 

años 

ordinarios dan: 
extraordinarios dan: 

1.077.838.632 

237.033.702 

semanas 

semanas 

o 

o 

7.544.870.424 

1.659.235.914 

días. 

días. 

25.200.000 

Y 

años 

en total dan: 

1.314.872.334 

semanas 

o 

9 204.106.338 

días. 

JL 

25.200.000 

años 

solares dan: 

1.314.872.334 

semanas 

0 

9.204.106.338 

días. 


Compruébase 

Los 365,242.315 días del año solar multiplicados por 
25,200.000 años nos dan: 9.204.106.338 días y 1.314.872.334 
semanas. Véase: 


365,242.315 días de año solar. 
X 25,200.000 años solares. 


Años ordinarios. 

20.727.666 
X 52 


41.455.332 

1.036.383:30 


1.077.838.632 semanas. 
X 7 


7.544.870.424 días. 


Años extraordinarios. 

4.472.334 
X 53 


13.417.002 

223.616.70 


237.033.702 semanas. 
X 7 


73 048 463 000 000 
1826 211 575 
7 304 846 30 


9 204.106 338,000 000 

. 22 
10 
34 
61 
50 
16 
23 
23 
28 
00 


7 

1.314.872 334 semanas. 


1.659.235.914 días. 


























La tierra por dentro 

por Jesús E. Ramírez, S. J. 

Director del Instituto Geofísico de los Andes 
Colombianos y profesor de física en el 
Colegio de San Bartolomé , Bogotá. 

Al querer tratar sobre el interesante tema «el interior de la tierra 
desde el punto de vista de la sismología», surgen instintivamente en mi 
imaginación las tres carabelas en las que se embarcó Colón y sus marinos 
a descubrir un nuevo mundo. El sismólogo se embarca también con rum¬ 
bo al interior de la tierra en dos clases de ondas que. atraviesan el globo 
terráqueo oada vez que la madre tierra se agita debajo de nuestros pies. 
Ambas se producen al mismo tiempo en el foco sísmico, origen del terre¬ 
moto, y se propagan esféricamente en todas direcciones. 

Las carabelas de Colón se apellidaban: La Santa María, La Pinta y 
La Niña: nombres cortos y bien definidos. Las ondas sísmicas tienen nom¬ 
bres variados y largos. La primera onda sísmica que se registra en la es¬ 
tación sismológica es llamada primaria; es sencillamente la más yeloz. 
Se la apellida también onda longitudinal debido al hecho de que las par¬ 
tículas se mueven en la dirección de propagación; a veces se llama onda 
de dilatación y de comprensión porque las partículas del medio se compri¬ 
men y dilatan al paso de la onda y por la misma razón le cabe también el 
nombre de onda de rarefacción y de condensación. Nombres todos ellos 
que van a designar la misma clase de onda. 

Hay otra clase de onda llamada secundaria, porque llega siempre re¬ 
trasada con respecto a la primaria; el movimiento de las partículas del 
medio que la trasmite es perpendicular a la dirección de propagación y de 
ahí el nombre de onda trasversal. Entre los sismólogos estas dos clases 
de ondas se conocen más comúnmente con los apelativos cortos de onda P 
y onda S (primaria y secundaria). 

Existe un aparato en el laboratorio de física del Colegio de San Bar¬ 
tolomé muy apropiado para ilustrar el movimiento de las partículas de 
la tierra en estas dos clases de ondas: consiste en una especie de cilindro 
formado por una serie de ruedas excéntricas acanaladas en las que des¬ 
cansan las varillas de acero de igual tamaño. Al hacerse girar el cilindro 
de ruedas excéntricas por medio de un pequeño manubrio, las varillas 
reproducen perfectamente el movimiento de las partículas en estas dos 
clases de ondas. Las ondas primarias adquieren el movimiento de conden¬ 
sación y rarefacción, moviéndose las partículas en la dirección de propa¬ 
gación y en las ondas secundarias las partículas se mueven perpendicular¬ 
mente a la dirección de propagación semejantes al movimiento de las 

ondas de un lago cuando se arroja una piedra en la tranquilidad de sus 

aguas. 




LA TIERRA POR DENTRO 


85 


La velocidad de las carabelas de Colón dependía principalmente de la 
fuerza de los vientos y de las corrientes marinas. La velocidad de las 
ondas sísmicas depende de la elasticidad d© las rocas y de su densidad. 
Las velocidades de las ondas primaria y secundaria se suelen represen¬ 
tar por Vp y Vs respectivamente. 

Sus fórmulas son: Vp Vs ““ 

en donde X denota la densidad de las rocas y y y [i son las llamadas cons¬ 
tantes de Lamé, que están relacionadas con la elasticidad del medio. Cada 
vez que la tierra tiembla y esto suele ser unas 80 veces al día en todo el 
mundo, (en Bogotá se registran por término medio cerca de dos temblo¬ 
res diarios), tenemos barcos grandes y pequeños que parten hacia el in¬ 
terior de la tierra. 

El sismólogo no se lanza a explorar los mundos sin apertrecharse co¬ 
mo Colón de los conocimientos que le ofrecen las ciencias afines. Con¬ 
vencido estaba Colón de que la tierra era redonda y de que podía hacer 
su viaje sin caer al abismo. 

La astronomía nos da un conocimiento bastante aproximado de la 
forma de la tierra con un diámetro ecuatorial de 6372 kilómetros, y la 
geodesia, hija de la astronomía, nos enseña que la forma más aproximada 
a la real de la tierra es la de un esferoide achatado. 

Conocida la forma de la tierra y su tamaño, la física matemática nos 
informa que la densidad media de la tierra pesa 5.6 veces más que igual 
volumen de agua; de esta misma ciencia proceden también algunos co¬ 
nocimientos sobre la elasticidad y el valor de la gravedad. 

Viene luego la geología a enseñarnos ciertos detalles que no ofrecen 
tan fácilmente las otras ciencias. Informado el geólogo de que la densidad 
media de la tierra es de 5,6 determina a su vez la densidad media del gra¬ 
nito, la piedra caliza, el basalto, la dolomita, etc., que constituyen la base 
principal de las rocas superficiales y encuentra para estas rocas una den¬ 
sidad cuyo valor es algo así como la mitad del valor de la densidad de la 
tierra en conjunto, y concluye que el material interior debe ser más denso. 
Y así de lo conocido arguye a lo desconocido, de lo observado a lo pro¬ 
bable; del hecho de que en las rocas exteriores de la tierra aumenta la 
temperatura un grado centígrado por cada 50 metros de profundidad, pasa 
a la superficie lo que en otros tiempos yacía a grandes profundidades. Los 
1260 9 G. o sea la temperatura que corresponde al color blanco de la forja 
del herrero; de las medidas sobre la elasticidad y compresibilidad de 
las rocas bajo las altas presiones del laboratorio, pasa a conjeturar lo que 
pueden ser las propiedades de las rocas a grandes profundidades dentro 
de la tierra. 

También sabe el geólogo que en tiempos pasados la corteza terres¬ 
tre se rompió y se levantó a considerables alturas y se invirtió exponiendo 
a la superficie lo que en otros tiempos yacía a grandes profundidaes. Los 
volcanes arrojan lava, materia del interior de la tierra y de fácil examen 
ocular, aunque de qué profundidad proviene, es algo que ignoramos y de 
lo cual desearíamos tener datos más concretos. 





86 


JESUS E. RAMIREZ 


De esta suerte las ciencias acompañan a la sismología en la búsqueda 
de una prueba más decisiva sobre las teorías que tratan de explicar el 
interior de la tierra, en que vivimos, nos movemos y esperamos nuestro 
descanso final para vivir luego la vida verdadera. 

Aquí los interrogantes: ¿Hasta dónde se extienden las rocas super¬ 
ficiales? ¿Qué distribución de densidades existe dentro de la tierra? ¿En 
qué estado físico está esa materia interior: sólido, líquido o gaseoso? Y 
el sismólogo se embarca bien provisto de conocimientos en sus dos on¬ 
das para buscar algunas respuestas que satisfagan a esas preguntas. 

Es el terremoto para muchos un fenómeno raro que pasa, aunque de 
absorbente interés por el momento; es una pesadilla para los que lo sien¬ 
ten nerviosamente. Para el ingeniero es un factor en sus problemas de 
cálculos de resistencia; para el agente de una compañía de seguros es un 
riesgo; para el periodista significa negocio; para el geólogo es un agente 
tectónico y para el sismólogo es eso y algo más. 

Nuestra materia requiere que consideremos el terremoto como un 
desprendimiento de energía, como un agente que despacha una señal que 
ha de ser captada por una nutrida red de sismógrafos distribuida por todo 
el globo. Las vibraciones se registran después de penetrar a diferentes 
profundidades, de recorrer distancias varias y por caminos diferentes. El 
carácter de esas firmas que deja la tierra en los sismogramas indica los 
caminos que siguieron las ondas hasta el sismógrafo y las propiedades de 
los materiales que atravesaron. 

Penetremos a través de las capas sedimentarias. La mina más pro¬ 
funda es quizá la de Sao Joáo do Rey en el Brasil; en 1924 la profundidad 
alcanzaba a 2064 metros. El fondo de la mina no es sinembargo el punto 
más cercano al centro de la tierra hasta donde ha penetrado el hombre. Las 
minas de Calumet y Hecla en Michigan, Estados Unidos de América, aun¬ 
que solo tienen unos 1824 metros de profundidad han alcanzado Un hori¬ 
zonte a 1400 metros debajo del nivel del mar, y es este quizá el punto más 
cercano al centro de la tierra hasta donde el hombre ha bajado. 

Si el radio de la tierra se representa por una línea recta de 200 kiló¬ 
metros, la distancia entre Bogotá y Manizales, entonces el fondo de la 
mina de Michigan alcanzaría unos cuarenta metros de distancia. 

El pozo más profundo de petróleos es el de California y tiene unos 
4800 metros. Hemos taladrado un pozo de una distancia de 50 metros en 
la línea de los 200 kilómetros. 

El estudio de las capas sedimentarias pertenece más que todo a la 
sismología comercial, a la prospección sísmica. La longitud de onda es tan 
grande en los terremotos en comparación con el pequeño espesor relativo 
de esas capas, que la sismología pura o la sismología de los terremotos tie¬ 
ne que descartarlas, y dejarla a los que estudian los temblores artificiales 
o las explosiones de dinamita, cuya longitud de onda es mucho menor. 
La fórmula que nos da la longitud de onda es 1 = v. p.; en donde 1 = lon¬ 
gitud de onda, v ±= velocidad de onda y p = período de la misma. Como el 
período de las ondas de los terremotos suele ser de varios segundos, resul¬ 
ta que la longitud de onda es de varios kilómetros y reflexiones de ondas 
de esta longitud no son las más apropiadas para el estudio de rocas que 
raras veces tienen 10 kilómetros de espesor. 




LA TIERRA POR DENTRO 


87 


Siguiendo adelante por debajo de las rocas sedimentarias, ¿cuál es la 
constitución de la tierra hasta una profundidad de 60 kilómetros? Hay ra¬ 
zones de orden geológico y geofísico para juzgar que la corteza superior 
de la tierra está dividida en capas de diferente composición química y de 
propiedades elásticas diferentes. 

Las rocas ígneas forman capas o estratos de varios kilómetros de es¬ 
pesor separados por límites precisos y algo parecidos a la separación de 
las capas sedimentarias. El sismólogo A. Mohorovicic en el estudio de 
los sismogramas de ciertos terremotos europeos ocurridos en 1909, loca¬ 
lizó una discontinuidad en la base de la corteza, a una profundidad de 60 
kilómetros; existe una transición rápida entre las ondas que están arriba 
de los 60 kilómetros y entre las que están abajo de los 60 kilómetros. 

Más tarde Jefreys en Inglaterra interpretó y explicó esta disconti¬ 
nuidad de Mohorovicic y según él existen tres capas separadas por dos 
discontinuidades o cambios bruscos de densidad a profundidades de 12 
y 37 kilómetros. En otras palabras, y en orden descendente, la primera capa 
de 12 kilómetros de espesor es la capa granítica, la segunda capa de los 
12 kilómetros a los 37 kilómetros o sea de 25 kilómetros de espesor es 
la capa basáltica, y la última de los 37 a los 60 kilómetros, de 23 kilómetros 
de espesor, es la capa ultrabásica, indicando así la naturaleza probable 
de los constituyentes de las rocas. Las tres capas mencionadas se conocen 
con el nombre de sial (silicio-aluminio). 

Detengámonos unos momentos a considerar la manera como pueden 
averiguarse estas discontinuidades y las consiguientes velocidades de las 
ondas en las diversas capas. 

Supongamos por un momento que hay una velocidad constante Vi 
(figura 1), en la primera de las capas, de tal manera que el camino recorri¬ 
do sea la línea recta. El foco del temblor está en F y el epicentro en E. 
Los puntos S, S', S", son estaciones colocadas a varios kilómetros de 
distancia. , * 



Figura 1—Rarefacción de las 
ondas sísmicas en dos capas 
de diferente velocidad sísmi¬ 
ca V 1 y V 2 y su camino des¬ 
de el foco F hasta las esta¬ 
ciones S, S', S". 


Dos ondas de condensación se registrarán en cada estación, una que 
viené por la capa superior, otra por la inferior. 

En S, por ejemplo, se observa una onda que llega por la capa supe¬ 
rior y cuyo camino es FS. Esta onda de condensación se ha llamado Pg, 
porque atraviesa el presunto granito, calculándose por las observaciones 
hechas, una velocidad de 5,5 kilómetros por segundo, con pequeñas varia¬ 
ciones en diversas partes del globo. Habrá otra onda que seguirá el ca¬ 
mino FABS para la cual el ángulo de incidencia i es el ángulo critico. En 
S' se observarán dos ondas, una FS' y otra FABCS', y así para otras esta¬ 
ciones. Es obvio que las distancias BS y CS' etc. son iguales y que el tiempo 
que requiere la onda para ir del foco F a A y de B o G o D a la estación 










88 


JESUS E. RAMIREZ 


es el mismo. Por tanto los tiempos de llegada de las ondas diferirán por 
el intervalo necesario para viajar con velocidad constante de A a B y 
de B a G etc.; que los gráficos de tiempo y distancia serán rectilíneos y 
toda pequeña inclinación que tenga será índice de la variación de la ve¬ 
locidad en las rocas inmediatamente debajo de la discontinuidad. 

Siguiendo este método se puede determinar la velocidad de las ondas 
en las cercanías de un temblor para rocas que están encima y debajo de 
las discontinuidades. En el sismograma (figura 2) que registró el temblor 









MMm 




« w w w wíi iw wMi vwtMW TflWMiV i W 'W i > ‘ W>w<ir»vi wmtf wf 1 y i i , w*“i M "".. 






'wtmtm# 


v « i i nr^i»yrrrirtfrr^yrP * w * Ml, V..r i *“* ll “ ,t ““** ,llt .. . . > t A ' ü N***t mi ifth 


Figura 2—Identificación de la llegada de las ondas longitudinales Pn, P* y Jg y de las ondas 
transversales Sn, S* y Sg, en el sismograma del temblor del 4 de setiembre de 1943, a las 
9 horas, 26 minutos y 10.5 segundos, hora de Bogotá y sentido en Popayán, Colombia. 

Distancia epicentral: 410 kilómetros. 

sentido en Popayán el 4 de setiembre de 1943, se han identificado las on¬ 
das primarias y secundarias, tanto las que atravesaron el granito Pg y Sg, 
como las que recorrieron el basalto P* y S*, y las rocas ultrabásicas Pn y Sn. 

Aunque el número y espesor de las discontinuidades parece variar 1 
de un punto a otro de la corteza terrestre, los investigadores están de acuer¬ 
do en asegurar que debajo de todas ellas existe una discontinuidad mayor, 
la discontinuidad de Mohorovicic a 60 kilómetros de profundidad^ Su exis¬ 
tencia es por tanto bastante segura, aunque no su posición a esa profundidad 
exacta, y suele servir de marca al límite superior de la costra de cilicio y 
magnesio o SIMA, de que a veces hablan los geólogos. 

Conviene anotar aquí que esta discontinuidad de Mohorovicic a 60 
kilómetros no se ha de confundir con la profundidad de la compensación 
isostática cuya profundidad varía entre los 10 kilómetros que le ponen 
algunos hasta los 110 kilómetros que le calculan otros. También conviene 
tener presente que los terremotos ordinarios o normales tienen su origen 
a una profundidad de 25 a 60 kilómetros, lo cual indica que cerca de la 
discontinuidad de Mohorovicic, está la fuente de la energía que produce 


1 A. R. Daly, en su ensayo de correlación entre sus ideas geológicas y las de los sis¬ 
mólogos propone las siguientes capas superficiales: 


I Granito 
II Intermedia 

III Inferior Cristalización 

IV Vitrea (Poca Veloc.) 

V Vitrea (Mucha Veloc.) 


Espesor 15 
Espesor 25 
Espesor 20 
Espesor 50 


kilómetros, 
kilómetros, 
kilómetros, 
kilómetros. 


Profundidad 

Profundidad 

Profundidad 

Profundidad 


0-15 kilómetros. 
15-40 kilómetros. 
40-60 kilómetros. 
60-110 kilómetros. 
110 kilómetros. 


























































LA TIERRA POR DENTRO 


89 



Figura 3—Superficies de discontinuidad en el interior de la tierra y sus distancias a lo 
largo del radio terrestre. Ondas sísmicas reflejadas y refractadas en el núcleo central 

según B. Gutenberg. 


la mayor parte de los terremotos. Si la profundidad del foco sísmico es 
tan solo de unos 15 kilómetros el terremoto es considerado superficial, 
y en los sismogramas aparece con características especiales, y en igualdad 
de circustancias, aunque no sacude a una región muy extensa, es sinem¬ 
bargo mucho más destructor. 

Bajando aún más en nuestro viaje al interior de la tierra con una velo¬ 
cidad inicial de 7.8 kilómetros por segundo, (figura 3) para las ondas P, 




























90 


JESUS E. RAMIREZ 


encontramos una discontinuidad de segundo orden a 970 kilómetros, la 
cual fue investigada por el jesuíta padre Repetti, actual director del ob¬ 
servatorio de Manila, la cual no produce ningún cambio notable en la linea 
de tiempo y distancia pero sí es suficientemente abrupta para producir 
reflexiones de ondas en la superficie. La velocidad de la onda P aumenta 
gradualmente hasta unos 11.6 kilómetros por segundo. Los terremotos de 
foco profundo con una profundidad máxima de unos 700 kilómetros se acer¬ 
can a la discontinuidad de Repetti, se hacen sentir en una gran extensión 
de territorio, no suelen dejar ninguna señal de resquebrajamiento en la 
superficie del terreno y presentan características especiales en los sismo¬ 
gramas como es por ejemplo la carencia de ondas superficiales. 

En 1904 Dutton afirmó en Inglaterra, y ese era el parecer general de 
los sismólogos, que la máxima profundidad del foco sísmico yacía a unos 
32 kilómetros. Guando el sismólogo Walker llegó a la conclusión en 1921 de 
que había terremotos con focos de más de 1000 kilómetros de profundidad 
su conclusión no fue aceptada. Sinembargo esta idea fue defendida por el 
sismólogo de Oxford Tumer en una serie de artículos, el primero de los 
cuales apareció en 1922. Desde entonces las pruebas han aumentado la 
evidencia de que los terremotos también pueden tener focos a profundi¬ 
dades de 200, 400, 500 hasta 700 kilómetros; los terremotos de esta clase 
son raros, con un término medio de uno al año, y se ha acuñado un nuevo 
término, pues se Ies llama «terremotos plutónicos». 

Hoy día el hecho de que el foco sísmico u origen del terremoto ocu¬ 
rre a diferentes profundidades hasta los 700 kilómetros es de una eviden¬ 
cia irrefutable. Algunos como Walker calculan su profundidad por los 
ángulos de emergencia de las ondas, otros como Turner por la llegada a 
los antípodas de las ondas primarias que tiene lugar mucho antes del tiem¬ 
po calculado para los terremotos comunes, debido a que la distancia que 

tienen que recorrer las ondas es mucho menor. 

• 

Siguiendo nuestro viaje hacia el interior encontramos que las ondas 
longitudinales adquieren su máxima velocidad de 13.4 kilómetros por se¬ 
gundo a una profundidad de 2780 kilómetros en donde encontramos otra 
discontinuidad descubierta por' Cornelius Dahm en 1934. Debajo de esta 
discontinuidad la velocidad de las ondas P disminuye a 12,5 kilómetros 
por segundo. 

Finalmente penetremos hasta el núcleo central, a una' profundidad 
de casi 3000 kilómetros debajo de nuestros pies, es decir hasta cerca de 
la mitad del radio terrestre. La superficie de discontinuidad del núcleo 
central está bien establecida. Se caracteriza por una rápida disminución 
de la velocidad de las ondas P que baja hasta los 9.8 kilómetros por se¬ 
gundo de un máximo de 13.4 kilómetros por segundo que alcanzó fuera del 
núcleo, lo mismo que por refracciones de ondas en su superficie, de tal 
manera que los sismogramas manifiestan ondas nuevas que coinciden per¬ 
fectamente con el tiempo que gastan en viajar del foco sísmico al núcleo 
y reflejarse, con un ángulo de incidencia igual al de reflexión y volver de 
nuevo a la superficie del globo. Hay todavía otra prueba mayor de ese 
núcleo central y es lo que se llama zona sombreada (shadow zone). Los 
rayos sísmicos que penetran a esa profundidad emergen a 100® o 110® 
grados de distancia sobre el globo y las características reflexiones apare¬ 
cen a todo lo largo de las estaciones situadas dentro de esta distancia del 
foco sísmico. 


LA TIERRA POR DENTRO 


91 


Las ondas P desaparecen casi totalmente más allá de los 100 9 grados 
de distancia; la línea de tiempo y distancia se endereza indicando que 
las ondas han ido a la superficie de la tierra, después de haberse refractado 
en la superficie del núcleo. 

Una onda P aparece unos 3 minutos después de la onda P, o mejor 
dicho de donde debiera aparecer P, y es precisamente la que atraviesa 
el núcleo central, con una velocidad menor. A los 145 9 grados de distancia 
medidos sobro la superficie del globo terráqueo, aparece de nuevo la 
onda P muy prominentemente. Es el punto de donde alcanza a salir la 
onda después de refractarse dos veces en el núcleo, una al entrar y otra 
al salir. 4 . 

De manera que ese material del núcleo es distinto del que le rodea, 
y puesto que la velocidad es menor, se sigue o que la densidad es mayor 
porque están en razón inversa, o que la elasticidad ha aumentado o pro¬ 
viene de una combinación de ambos factores. 

El que descubrió y probói la existencia de este núcleo central al mis¬ 
mo tiempo que analizó o sintetizó el trabajo de otros autores en este pun¬ 
to, fue el doctor Beño Gutenberg, discípulo de E. Wiechert de Góttingen 
quien trabaja actualmente en California. 

¿Y de qué materia está compuesto ese núcleo central? La Opinión 
general es de que está compuesto en su mayoría de hierro con algo de 
níquel. Varias razones militan en este sentido. Si nuestra tierra está hecha 
del mismo material de los otros astros (aserción bastante razonable) y 
si los meteoritos que ocasionalmente nos visitan son muestras típicas de 
ese material, podemos conjeturar que una mezcla de hierro y níquel cons¬ 
tituye el núcleo central de la tierra. Además, el físico y el astrónomo 
exigen una densidad grande en las rocas interiores de la tierra para com¬ 
pensar las más livianas de la superficie, y esta compensación la obtendría 
la mezcla de hierro y níquel en el núcleo central. El ferro-níquel tiene una 
densidad de 8.1. 

El estado físico del núcleo: sólido, líquido o gaseoso, ha sido siempre 
objeto de disputa. El hecho de que las ondas S no se trasmiten a través 
de los líquidos o los gases, daría un criterio que debería aplicarse como 
norma segura. Pero rio es tan fácil como a primera vista podría suponer¬ 
se. Algunos sismólogos creen que la onda S ha podido ser identificada 
después de atravesar el núcleo central, pero la mayor parte opina que no 
ha sido identificada positivamente; algunos sostienen francamente su opi¬ 
nión de que el centro de la tierra es líquido o gaseoso. 

En este caso el núcleo central sería de una densidad notable porque 
está sujeto a grandes presiones, pero no sería un sólido elástico. 

La velocidad de la onda P es notablemente alta, 13.4 kilómetros por 
segundo, fuera del núcleo. Dentro del núcleo baja a 9,8 kilómetros por 
segundo. ¿Se debe esto a que la densidad aumenta rápidamente al pasar 
el núcleo o a que la elasticidad disminuye notablemente? Siempre queda¬ 
rán preguntas, no contestadas aún pero sí contestables. De los que lo 
hicieren es el reino de la investigación. 



Economía telúrica 

por Rafael Torres Marino 

Eliminación del sodio o sal gema de las aguas del mar 

El cloruro de sodio o sal gema es, después del carbonato de cal, el 
mineral que mayores masas presenta en los continentes. 

En todo el mundo se encuentran inmensas montañas de sal gema, a lo 
cual hay que añadir los lagos salados que abundan en las regiones de¬ 
siertas de Africa, Asia y América. 

Además las aguas del mar contienen 2,7 por 100 de cloruro de sodio 
o sal gema. 

De manera que la sal gema es una de las sustancias que más abundan 
en el mundo, lo que se explica bien porque los animales marinos necesitan 
cierta cantidad de sal gema y los animales todos, empezando por el hom¬ 
bre y siguiendo con el ganado vacuno, el caballar y el lanar. 

Los ríos llevan al mar 0.39 por 100.000 de su propio peso en sal gema. 
La dosis parece pequeña, pero son tan largas las épocas geológicas que 
cada una de ellas bastaría para determinar una salinidad excesiva en 
el mar. En las épocas primitivas cuando se formaron los depósitos cam¬ 
brianos, el mar era tan salado como lo es ahora. 

Si los animales marinos necesitan la sal gema porque sin ella no po¬ 
drían vivir, tampoco toleran un aumento de dosis porque les sería fatal 
para su vida. 

Se observa, parece que sin excepción, que es tanto mayor la cantidad 
de un mineral fijado en los organismos de los animales marinos, cuanto 
menor es la cantidad del mismo mineral libre en las aguas. 

El carbonato de cal se halla en los organismos, pero no disuelto en 
las aguas del mar. Ya lo hemos estudiado en artículos anteriores. Pasa¬ 
mos a estudiar el cloruro de sodio. 

En las aguas marinas en compañía del cloruro de sodio se hallan los 
cloruros de potasio y magnesia, los sulfatos de magnesia y de cal y el 
bromuro de magnesia. Estos minerales siguen al cloruro de sodio y por 
tanto se les aplica cuanto digamos sobre la eliminación de esta sal. 

De modo que vamos a estudiar la principal de las sales solubles y no 
* asimilable^, es decir, que se hallan disueltas en las aguas del mar, pero 
que no han sido asimiladas por los animales marinos, de manera que no 
se las encuentra en el organismo de los mismos. 

Gomo hemos dicho antes, los animales marinos necesitan de cloruro 
de sodio para vivir. Si ponemos medusas, conchas y peces marinos en 
agua dulce pronto morirían por falta de sal. 


f 






ECONOMIA TELURICA 


93 


* 

Pero como hemos dicho, el aumento de esa salinidad, sería fatal para 
los animales marinos, de manera que la naturaleza misma se ingenia para 
quitar el exceso de sal en el mar. 

El primer medio que emplea la naturaleza para este fin es el de las 
lagunas saladas, que se forman en los continentes y en las bocas de los 
grandes ríos. La mecánica de su formación consiste en lo siguiente: supon¬ 
gamos un lido o playa débilmente inclinada; durante la tempestad la 
onda llamada lama de fondo, empuja hacia el lido el cascajo y arena que 
ella arranca de profundidades considerables. 

Al aproximarse a la orilla la ola disminuye en altura y fuerza y tiene 
que abandonar los más gruesos materiales que van formando un relieve 
sobre el fondo del litoral del mar. Las ondas sucesivas encuentran ya un 
obstáculo en aquel relieve y lo aumentan de altura. Entre el mar y la 
ribera se forma una especie de laguna. En el cordón litoral se van for¬ 
mando muchas lagunas de variable extensión. 

En las lagunas quedará una especie de depósito de agua salada, evapo¬ 
rándose el agua, volviendo dulce al mar o al continente y dejando por 
tanto un depósito de sal en el fondo. 

Observad los aparatos litorales que se ven en la desembocadura del 
Missisipí. Estos aparatos que corren paralelamente a la ribera del golfo 
de Méjico están constituidos por una serie, que no ha sido interrumpida, 
de cordones y lagunas, que se desarrollan sobre un arco de 4.000 kilómetros. 

i 

En las costas del mar Negro entre las bocas del Danubio y del 
Dniéper las tres lagunas al S. O. de Odesa se secan parcialmente durante 
el estío, cosa que facilita la actividad de la evaporación. Luégo la sal se 
deposita en una capa de 0.30 centímetros de altura. En una ocasión se ex¬ 
trajeron 100.000 kilogramos. 

Si la laguna se halla en región seca o poco lluviosa, y no recibe corrien¬ 
tes de agua dulce, la evaporación, bajando el nivel del agua, provoca un 
aflujo de agua de mar. 

Así continuarán formándose depósitos de sal, semejantes a las lagu¬ 
nas artificiales especialmente construidas para obtener este producto, que 
es irreemplazable. 

También existen lagos o lagunas a orillas del mar donde éste no pe¬ 
netra y que no reciben corrientes de agua dulce. 

La provincia de Argelia nos ofrece en el lago Zagrés un bellísimo 
ejemplo de salina natural donde el proceso de la salinación está muy avan¬ 
zado. He aquí cómo lo describe el ingeniero Fouruel: «En abril de 1844 
el lago de Zagrés estaba enteramente cubierto de una inmensa capa de 
sal cuya superficie, lisa como la de un espejo, ofrecía de lejos la ilusión 
perfecta de un velo de agua. La capa muy sutil cerca de la orilla adqui¬ 
ría pronto tal espesor que soportaba sin romperse el peso de dos caba¬ 
llos. Más adentro el espesor de la capa de sal era de m. 33 e iba crecien¬ 
do hasta que en las partes centrales del lago alcanzaba m. 70. En toda 
la extensión de la masa aquella sal era totalmente pura de materias ex¬ 
trañas, blanquísima y de calidad excelente». El lago Zagrés cuenta al me¬ 
nos 12 leguas de largo. Contiene 127.000.000 de metros cúbicos de sal o 
sea más de dos mil millones de quintales, los cuales no exigen ninguna 
labor para ser exportados. 





94 


HIPOLITO JEREZ 


Otro procedimiento que emplea la naturaleza para eliminar del mar el 
exceso del cloruro de sodio, son las oscilaciones del globo, pero éste es 
un punto muy difícil de tratar, porque esas oscilaciones se veiifican en 
miles de millones de años, es decir, es punto de que se ocupa la geología, 
por ejemplo: la Escandinavia y la Groenlandia se abajan por el sur y se 
levantan por el norte. Dinamarca también se levanta y todas las costas 
de la Europa setentrional, presentan indicios de recientes oscilaciones. 
Pero como ya hemos dicho, este punto lo dejaremos a los geólogos. Dijimos 
en nuestro artículo sobre la eliminación del carbonato de cal, que los atoll 
coralinos son testimonios de un abajamiento del fondo del océano, en in¬ 
mensa extensión. Por donde se ve que el mar se halla modelado por la 
acción de las épocas geológicas. 

Economía telúrica. Dijimos en nuestro artículo anterior sobre la eli¬ 
minación del carbonato de cal de las aguas del mar, que economía telúrica 
es el conjunto de leyes que gobiernan el mundo que habitamos, y como es¬ 
te mundo no es aislado, sino una parte del universo, las leyes que forman 
la economía telúrica, son las mismas que rigen la economía del universo. 
No hay fenómenos en la naturaleza que no estén ligados por un sistema 
de mutua dependencia al universo todo; un átomo cualquiera contribuye 
en mínima, infinitésima parte al equilibrio del universo. 

Dios mismo estableció las leyes que rigen el universo, leyes que for¬ 
man un conjunto que se llama la naturaleza. 


Un modelo de poetas 

por Hipólito Jerez, S. J. 

Ha sido un estudio crítico-literario sobre Horacio, el que .acabo de 
realizar con unos discípulos que han llegado al bello placer de saborear 
en su original latino, al poeta de Venusa. Por eso no fueran indignos de 
alternar con el propio lirida en el aristocrático círculo de Mecenas. Saben 
entender con regocijo el canto que se confiesa tibio en el culto de los dio¬ 
ses (parcus deorum); al que les sacrifica una becerra en acción de gra¬ 
cias, porque su amigo Númida ha vuelto incólume desde la remota Es¬ 
paña, pero que de pronto se trasforma en un satírico terrible con las ve¬ 
leidades del cantor Tigelio, o con la sabiduría inflada de un discípulo de 
Zenón. 

Solo por leer la sátira, Omnibus vitium est cantoribus . .o la oda 
del Delicia maiorem merecía la pena imponerse en la bella lengua del La¬ 
cio. De este su Delicia maiorem podíamos decir algo parecido a lo que 
decía el poeta Byron de Cervantes: «Ningún mortal debiera morirse sin 
leer en su original a Don Quijote ». Y decía bien, en su original. Nadie 
pretenda ser un crítico perfecto de Horacio, si no absorbe el perfume de 
aquellas palabras justas y perfectas que, en el más clásico latín, salieran 
de sus labios. Las traducciones no hacen sino vas sincerun incrustare, opa¬ 
car una copa trasparente. 






UN MODELO DE POETAS 


95 


Qué pocas cosas puede aprender un hombre serio en los poetas que 
se dicen modernos. Es un afán el querer ser originales en eso que llaman 
su producción poética, en la que un verso que no significa nada, por ser 
hermoso, es superior a otro menos bello que signifique algo. 

Según la bella frase de Platón, el oficio del poeta ha de ser el de edu¬ 
cador de pueblos. Hoy estamos hastiados de tantos temitas personales en 
donde Ticio no sabe sino andar a vueltas con su Lesbia. Pequeños sátiros 
que no tienen otro oficio que el de encender deseos y buscar la fealdad en 
toda sensación que sea voluptuosa. No, poeta. Tus pensamientos poco 
castos dicelos tan solo a tu confesor. Leamos a Horacio para crear en el 
alma arranques varoniles; temas de noble humanismo; intenso amor pa¬ 
trio y hasta religiosidad, como él dice, para con los dioses. El emperador 
Augusto se propuso educar y moralizar a su pueblo, y fueron Horacio y 
Virgilio los que le ayudaron en su empresa, mientras Ovidio iba a cum¬ 
plir su destierro al Ponto Euxino, como un privilegiado desflorador de 
inocencias. 

Pero Horacio nos está espetando ya con su oda, la del Delicia mato - 
rem de profundos alcances ético-sociales; diríamos que es una esmeral¬ 
da que dejó caer la Providencia para adornar la toga rasa del autor del 
Carmen sceculare del Imperio. 

Mirado sólo como un documento humano, podía figurar como el pri¬ 
mer ejemplar en un manual de alta educación cívico-religiosa, elaborado 
para nuestros universitarios y cadetes del ejército. 

Gomo nos interesa mas el nervio de las ideas, damos en prosa la tra¬ 
ducción de una oda tan artística. El poeta atribuye a la irreligión y a la 
depravación de las costumbres, los males en que se ve envuelta la repúbli¬ 
ca. Propone como ejemplo las sólidas virtudes de la Roma aptigua, y se la¬ 
menta de que cada nueva generación vaya trayendo para el porvenir una 
decadencia moral más profunda. Oigamos al magister morum de una Roma 
pagana: 

Oh romano, aunque tú seas inocente, expiarás los delitos de tus abue¬ 
los, en tanto que no restaures los santuarios y templos derruidos de los 
dioses, o no pongas en sus hornacinas sus efigies ennegrecidas por el humo . 

Has dominado al mundo, pero eso se debe a que reconoces humilde 
la soberanía de los dioses, que es tu principio vital así como el éxito de tus 
glorias. El abandono de las deidades le ha traído muchas catástrofes a 
nuestra Italia enlutecida. Por marchar las tropas sin consultar a los augu¬ 
res, ya por dos veces, las hordas de Moneses y Pacoro han derrotado a 
nuestras legiones, y se gozan de ver lucir nuestras joyas en sus collares. 

En medio de su guerra civil, casi a punto estuvo Roma de que la domi¬ 
nara el Dado y el Etiope; éste, con el empuje de su escuadra, y aquél con 
la maestría en disparar las saetas voladoras. 

Nuestro siglo, fecundo en desafueros, comenzó por viciar el tálamo 
nupcial, y luego la raza y los hogares. De esta fuente proceden nuestras 

desgracias, que después se han desbordado sobre el pueblo y la patria 
entera. .. 

No nació de semejantes padres modernos, (cómplices en el delito de 
sus hijos), aquella juventud que tiñó el mar con sangre cartaginesa; la 
que derrotara a Pirro, a Antíoco el Grande o al aguerrido Aníbal. 




% , HIPOLITO JEREZ 

Hercúlea prole de guerreros aquella que se endureció manejando el 
arado en las tierras de la Sabina y que, al caer de la tarde, cuando se 
alargan las sombras de los montes, en el momento de desuncir los bueyes 
fatigados, al ocultar por fin el sol su carroza, era de verla, en lo mas_ ten¬ 
tador del descanso vespertino, cargar entonces con sus haces de lena, al 
solo guiño caprichoso de las severas madres latinas. 

Pero ¿qué es lo que no cambia el tiempo demoledora Peor que la 
edad de nuestros abuelos, es esta de nuestros padres, en la que hemos 
nacido tan perversos nosotros que, a nuestro turno, doblaremos la corrup¬ 
ción de nuestros hijos. 

Nos ha dicho maravillas este poeta pagano, apoyado tan solo eñ la 
que diríamos rectitud humana del hombre. El vincular la felicidad del 
imperio al culto de la divinidad, es una tesis que, en el momento de que 
alguien la discuta, dejará de ser recto y aun perspicaz conocedor de la 
filosofía de la historia. 

Horacio asienta en primer término la necesidad religiosa, como un 
hecho cuya universalidad es indiscutible. Aquel magister morum estaba 
viendo que Roma, a pasos agigantados, llevaba la misma curva que había 
generado la decadencia de Gorinto. Sin saberlo, repetía el profundo pen¬ 
samiento de Salomón: La justicia engrandece a los pueblos, y el pecado 
es el que los hace miserables. 

No es el talento, ni la ciencia, ni las máquinas, aunque estas trabajen 
como un cerebro humano, lo que hace feliz a un pueblo. La ciencia verda¬ 
dera de nuestra vida es un bien, de entre todos, el más interno, el culto 
perfecto y reverente a la divinidad. Toda otra exploración sicológica, cuan¬ 
do le falta esa raíz fecunda, no hará sino dar grandes pasos fuera del camino. 

Y no hay que desarrollar apenas el análisis de esa necesidad del culto 
a un Dios verdadero, del que dependemos como primera y única causa. 
Además de la revelación, que es el fondo, a eso nos lleva la aspiración ar¬ 
diente hacia un ideal, que no es vago como el del escéptico, sino algo ob¬ 
jetivo que encarna en nosotros por la fe, por esta fe nuestra, que tiene que 
batir sus alas sobre el mero presentimiento humano de una existencia eterna, 
borrosamente concebida en ciertas almas débilmente nutridas en el espí¬ 
ritu, y por eso tan temblorosas. 

Ese culto es el único que se adapta a la capacidad insaciable de una 
alma, a quien los goces breves de la vida le dejan en un inmenso vacío. 
¿De dónde se deriva si no la inquietud religiosa, la sed de lo infinito, y 
aun eso que llamara un pobre sabio moderno, el retorno a lo eterno? 

Si el encanto de la religión procede de la verdad y de la belleza, que 
es lo que necesitamos para vivir idealmente, hay que mirar a Cristo, algo 
más que como a un ser simpático; como a una realidad divina, embajador 
del Padre, que murió por nosotros, pero que no se durmió eternamente 
en una mortaja de púrpura como les aconteció a los dioses del Olimpo. 

Creemos o no creemos. De creer, ese nuestro culto externo o inte¬ 
rior a la divinidad, tiene que ser puro, reflexivo, cordialmente vivo. Un 
culto que, aun en lo exterior, no entregará nuestros altares a las goteras o 
a las telarañas, o a un establo de la divinidad. También nosotros podemos 
tener hornacinas ennegrecidas, o aras de altar en pleno desaseo, porque nos 
falta la fe viva, como si creyéramos que nuestro celo y esfuerzo habrían 


UN MODELO DE POETAS 


97 


de perderse en el más estéril de los vacíos. Todo eso quiso decir Horacio 
a aquellos sus latinos que, después de las guerras civiles de los Silas y 
Pompeyos, veían con indiferencia tendidos sobre los bordes de la Vía 
Apia y con el rostro mutilado, a los dioses que reclamaban como Vesta el 
más lujoso de los lararios. 

Por eso, Uii hombre de Estado moderno, (toleraré que se levante un 
pequeño escándalo al nombrarlo), por eso el general Franco, por ser un 
perfecto creyente, y acaso por habérselo aprendido a Horacio en sus 
jornadas humanísticas, en unos pocos años ha restablecido o edificado de 
raíz más de 800 templos que arrasara, no diré la vesania de los hombres, 
pero sí la cólera del diablo. 

De ahí dice Horacio que viene toda prosperidad, y en esto mostró que 
tenía dotes y visión del mejor hombre de Estado. Franco está recibiendo 
esa recompensa. Para verlo, digamos solo en síntesis lo que está ocurrien¬ 
do en España, de la que únicamente sabemos porl referencia de la United 
Press, que allí es máxima la alegría de los toros,( (lo cual no deja de ser 
una felicidad para el pueblo), cuando en los aledaños europeos está en su 
punto cumbre la danza de la muerte. 

Allí tiene mucho que aprender, quiera o no, todo Estado moderno 
que aspire a fundamentar a un pueblo en las firmes bases de la religión; 
de esa religiosidad ferviente y práctica de la que está dando alto ejem¬ 
plo esa madre patria de la cual sentimos qqe no haya dicho nada la TV. C. 
de Washington , siquiera para que fuera un poco menos pobre en su pro¬ 
grama de recoger toda clase de noticias católicas extranjeras. 

Cierto que, pudiéramos también haber traído como ejemplo la expe¬ 
riencia del paraíso soviético, que es un cuento de hadas que pudo habér¬ 
noslo incluido la astuta Xerezade, al sultán Harum al Rachid en las fan¬ 
tasías de las Mil y una noches . 

Es que amamos a Horacio y queremos que la gravedad de sus palabras 
no tengan el menor vacío en la historia. 

Pero si la religiosidad lleva como premio el bienestar de la vida, cuan¬ 
do las fuerzas del mal no intentan perturbarla, es necesario ver en otro 
ejemplo moderno, hasta dónde llega un pueblo que renuncia a su patri¬ 
monio espiritual, atraído por la vorágine de un pensador, padre de ca¬ 
tástrofes. 

Nos ha dicho Horacio que Roma ha dominado al mundo, pero que eso 
se debe a que ha reconocido humilde la soberanía de los dioses. Subraya¬ 
mos estas palabras que integran una profundidad ético-política incalcula¬ 
ble. Veámoslo. 

Se acaba de celebrar el centenario de Nietzsche, el hombre o el loco 
que encontró la escultura ideal para el super-hombre germano. Veamos 
sus pensamientos: 

La virtud es el ideal de los pequeños, de los sumisos y humillados . 

El único valor práctico de esta vida es la grandeza intrínseca del 
hombre . 

Existimos para crear ^na nueva forma de poderío, con un tipo racial 
bien equipado de apetitos dominadores con que poder absorber a los 
más débiles . 



98 


HIPOLITO JEREZ 


Así crearemos el superhombre que se formará una voluntad de hie¬ 
rro para tocar la cumbre de la grandeza y poderío humanos . 

Y ¿cómo llegar a esa cumbre puramente humana del super-hombre? 
Dice así este cerebro perturbado, que tuvo que vivir diez años en un ma¬ 
nicomio en negras sombras de locura: 

Amo a los que no buscan detrás de las estrellas una razón para pe¬ 
recer y ofrecerse en sacrificio, sino a los que se sacrifican en orden a 
esta tierra para que la tierra pertenezca algún día al super-hombre . 

Amo al que vive para conocer, y que quiere conocer para que un día 
viva el super-hombre . 

Para este enorme filósofo es bueno todo lo que puede robustecer al 
super-hombre, y será malo todo lo que puede restarle poderío. Esta es 
la nueva moral de la personalidad que ^e ha de crear específicamente 
fuerte. Y así no habrá igualdad de hombres ante Dios. 

Con los principios del filósofo no es necesario decir que queda aboli¬ 
da la más alta base evangélica. Pero le faltaba ün paso más definitivo, y 
no tuvo escrúpulos en darlo. Al cristianismo lo considera como una deplo¬ 
rable mentira: más, como una mentira impía. Con los pensamientos de 
santidad y salvación no se realiza nada, debiendo borrar para siempre 
eso que llaman supremacía de los corazones puros y humildes. Nietzsche 
ha declarado la guerra a todas esas fruslerías, con un estilo aforístico como 
el de Salomón. El que sabía del lloro nervioso en medio de su fría sole¬ 
dad, creó en definitiva, la palabra super-hombre que envolvía música gue¬ 
rrera, y que iba a redimir a la cultura europea de la servidumbre a que 
le sujetara la Iglesia de Cristo, por medio de la trasmutación de los va¬ 
lores nietzscheanos. Es decir, renegando de todo lo que hasta principios de 
siglo representaba el más alto valor espiritual y humano de la vida. 

Y Nietzsche, como un nuevo profeta, lanzó a los conductores del pue¬ 
blo alemán, a la raza rubia, a la conquista, a la exaltación del super-hombre. 
¿El resultado? Lo estamos palpando con la más amarga melancolía que 
se ha podido dar en la historia. 

Dios no puede tolerar el exceso de soberbia. También Adan tuvo su 
Nietzsche inspirador, la serpiente, que le llenó la fantasía con la idea de 
un super-hombre: seréis como dioses . Pero después del mordisco de la 
manzana, en la mayor ironía de la historia, se le aparece Dios para decir¬ 
le: En verdad Adán, que te has hecho como uno de nosotros . 

Hoy, ese mismo Dios, para castigar la rebeldía del que, no sin razón, 
estuvo recogido en un manicomio, ha multiplicado tanques y cuchillos, 
trimotores y divisiones guerreras, y sabemos lo que está aconteciendo. 
Aquisgrán yace en ruinas: ese Aquisgrán que venía a ser como el sím¬ 
bolo imperial del nuevo super-hombre. 

Realmente que la visión de Horacio fue más profunda, más humana 
y hasta humanamente más grandiosa, al dejarnos aquella frase lapidaria: 
«Roma, has dominado al mundo porque reconoces, humilde, la soberanía 
de los dioses». 

Si los humanistas alemanes hubieran inculcado a sus discípulos la 
enorme filosofía histórica que entraña ese principio, hoy si que la raza 
rubia sería un mejor perfecto ideal de grandeza. 






Las proposiciones de Dumbarton Oaks 

por Francisco José Urrutia 

El 9 de octubre pasado fueron oficialmente publicadas en Washington 
las proposiciones de Dumbarton Oaks. El texto de ellas fue precedido de 
una breve explicación'del señor Stettinius, en ese entonces subsecretario 
de estado, que dice así: «Me complazco en informar que los representan¬ 
tes de las cuatro potencias (Estados Unidos de América, Gran Bretaña, 
Unión Soviética y China) se mantuvieron en sus conversaciones dentro 
de un espíritu de completa cordialidad y cooperación y la prueba de ello 
se encuentra en la amplitud del acuerdo a que llegaron sobre las proposi¬ 
ciones presentadas. Las conversaciones se desarrollaron en dos períodos: 
el primero, del 21 de agosto al 28 de setiembre, entre los representantes 
de los Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética: el segundo 
entre dichos representantes y el de China, del 29 de setiembre al 7 de octu¬ 
bre. Son pocas las cuestiones que quedan por resolver, y aunque importan¬ 
tes, no son en manera alguna de imposible solución, y es de desear que 
los esfuerzos necesarios sean hechos para llegar pronto sobre ellas a un 
acuerdo». 

Agregó el subsecretario de estado, que lo convenido en Dumbarton 
Oaks debía considerarse sólo como un conjunto de proposiciones sobre 
la forma de una organización futura para asegurar la paz y la seguridad, 
como el proyecto de una nueva carta internacional que sería sometido 
oportunamente a la consideración de los gobiernos. 

El intenso, y puede decirse sin exageración, que el universal interés 
que despertaron desde que fueron conocidas las proposiciones de Dum¬ 
barton Oaks, se ha venido acrecentando a medida que se aproxima la ter¬ 
minación de la guerra y la consiguiente necesidad de asegurar la paz ob¬ 
tenida a costa de esfuerzos y sacrificios tan ingentes y de impedir la re¬ 
petición de la inaudita catástrofe en la que precipitaron al mundo las 
potencias totalitarias. Dicho interés se ha aumentado aún más por la reu¬ 
nión de la conferencia de los cancilleres americanos en la ciudad de Méxi¬ 
co y por la que se anuncia para abril próximo de todas las naciones uni¬ 
das, como resultado de la pasada entrevista de Yalta, entre Roosevelt, 
Churchill y Stalin. 

Las proposiciones de Dumbarton Oaks, como es bien explicable, han 
sido ampliamente estudiadas, comentadas, discutidas, en el seno de las 
naciones unidas y aún en el de las que no lo son. Pero es sobre todo en 
los Estados Unidos de América en donde la opinión pública se ha agitado 
sobre problema tan trascendental. No sólo los grandes órganos de la 
prensa, los más autorizados estadistas y políticos, las asociaciones cien¬ 
tíficas y en especial las de orden internacional (La American Society of 
International Law, The World Peace Foundation, The Carne¿ie Endow - 






100 


FRANCISCO JOSE URRUTIA 


ment for International Peace , The Universities Committee on fios-fFar 
International Problems, etc.) han hecho conocer su opinión y contribuido 
eficazmente al esclarecimiento y discusión de las cuestiones debatidas, 
sino también el episcopado católico norteamericano. El manifiesto lanza¬ 
do por éste el 18 de noviembre del año pasado y que desgraciadamente es 
tan poco conocido entre nosotros, y en general en los países latinoameri¬ 
canos, es un documento admirable, inspirado en el más alto y noble espíri¬ 
tu cristiano, humanitario y patriótico, así como en los mejores principios de 
derecho internacional; mereció el entusiasta aplauso aun de los medios 
protestantes; se reconoció unánimemente la elevación de propósitos e 
ideales de los insignes prelados que suscribieron el manifiesto. Contribu¬ 
yeron ellos así en tan histórica ocasión a acrecentar el prestigio de la Igle¬ 
sia católica en los Estados Unidos y prestaron un inapreciable apoyo a la 
obra de Dumbarton Oaks. 

De los comentarios publicados por los grandes órganos de publicidad 
norteamericanos y de las más autorizadas opiniones emitidas sobre las 
proposiciones de Dumbarton Oaks a raíz de su publicación pueden dedu¬ 
cirse algunas impresiones de orden general. 

La primera de ellas es la de que Woodrow Wilson obtuvo una postuma 
y magnífica victoria. Sus ideas sobre la necesidad de una organización 
internacional encargada de mantener la paz y la seguridad internacionales 
y de asegurar la más estrecha cooperación entre las naciones que deposi¬ 
tarían parte de su soberanía para esos fines en la institución que se crea¬ 
ra, fueron las que inspiraron las proposiciones de Dumbarton Oaks. La 
figura del insigne presidente que a medida que pasa el tiempo viene ad¬ 
quiriendo mayor relieve y sobre cuya vida, sus ideas y sus obras apare¬ 
cen casi a diario nuevos libros y publicaciones, se ha colocado ya en el pues¬ 
to que le corresponde, no sólo en la historia de los Estados Unidos de 
América, sino en la del mundo entero. Un destino fatal condenó a Wilson 
a morir en su estéril empeño de hacer aceptar por el pueblo norteameri¬ 
cano su obra internacional y especialmente la Sociedad de Naciones. Las 
circunstancias han cambiado radicalmente; los lustros corridos desde que 
terminó la primera guerra mundial se han sucedido preñados de doloro- 
sas experiencias, pero también de saludables lecciones. El presidente Roose- 
velt está respaldado para el desarrollo de su labor internacional por cau¬ 
dalosa opinión pública y el pueblo norteamericano al otorgarle, con tanta 
visión y tanto acierto y justicia, un cuarto término presidencial, le ha con¬ 
ferido el mandato de seguir persiguiendo la realización de aquellos mismos 
propósitos tan ruidosamente rechazados en 1920 y 1921. No corre así 
Roosevelt las duras contingencias que concluyeron con la repudiación del 
tratado de Versalles y del pacto de las Sociedad de Naciones. 

Pero aunque en sus líneas generales la estructura jurídica de la nue¬ 
va organización que se proyecta se asemeja a la de la Sociedad de Na¬ 
ciones, en el fondo hay diferencias sustanciales entre una y otra institu¬ 
ción. Los negociadores de Dumbarton Oaks, o mejor dicho los gobiernos 
que representaban, contaron con la experiencia, trágica en veces, de lo 
ocurrido después de la pasada guerra mundial, conocían las razones del 
fracaso en el orden político de la Sociedad de Naciones. Los negociado¬ 
res del pacto de ésta, que fueron los mismos del tratado de Versalles, se 
propusieron, entre otros fines, acabar con el sistema de alianzas de los 
grandes poderes que prevaleció en Europa en el curso del siglo pasado y 




LAS PROPOSICIONES DE DUMBARTON OAKS 


101 


en el comienzo del presente; se quiso sustituir dicho sistema, que a pesar 
de todo había contribuido a mantener la paz y el equilibrio europeos du¬ 
rante varias décadas, por una asociación de naciones sobre bases de igual¬ 
dad democrática, y apenas si se reconoció a las potencias aliadas y asocia¬ 
das, vencedoras en la guerra, determinadas ventajas en la composición del 
consejo. En teoría el pacto no excluía la celebración de alianzas (artículos 
20 y 21), pero el espíritu de él se oponía a cualquiera agrupación especial 
de potencias. Toda la vida internacional debía desarrollarse dentro de la 
asociación general de Estados grandes y pequeños. Pero anulado el sis¬ 
tema de alianzas, no se lo sustituyó en realidad con otro que garantizara 
eficazmente la paz y la seguridad internacional. Las garantías establecidas 
en el pacto de la Sociedad de Naciones, resultaron en la práctica insufi¬ 
cientes e inoperantes. Potencias que como Francia e Inglaterra se habían 
mantenido estrechamente unidas antes de 1914, siguieron después de 1920 
políticas divergentes y, aun en ciertas cuestiones, antagónicas, y facilitaron 
así la presente catástrofe. Los negociadores de Dumbarton Oaks se preo¬ 
cuparon por esto en primer término de buscar los medios de asegurar la 
paz y la seguridad internacionales. De aquí que al consejo de la institu¬ 
ción se le asignaran poderes que no tuvo el de la Sociedad de Naciones 
y que se llamara consejo de seguridad . 

La estructura jurídica de la nueva institución sería menos democrᬠ
tica que la de la Sociedad de Naciones, pero aseguraría mejor la conser¬ 
vación de la paz y las garantías de seguridad. 

El acuerdo realizado en Dumbarton Oaks implica en su conjunto un 
hecho de enorme importancia política. El que hubieran llegado a ese acuer¬ 
do potencias de tan diversas y aun opuestas ideologías, de sistemas políti¬ 
cos y sociales tan varios, potencias que dominan tan inmensos territorios 
en varios continentes y que, además, son hoy las vencedoras en la guerra 
y las más poderosas en el mundo, es de suyo halagadora garantía de que 
la asociación forjada por la lucha común va a continuar, para asegurar los 
frutos de la victoria. 

Un análisis completo de las proposiciones de Dumbarton Oaks y de 
las cuestiones complejas y difíciles que se relacionan con ellas, excedería 
de los límites y propósitos del presente artículo en el que haré solo un 
breve resumen de las disposiciones capitales. 

Las materias del plan propuesto están distribuidas en doce capítulos y 
van precedidas de un prólogo que si se diferencia del preámbulo del pacto 
de la Sociedad de Naciones es solo en cuanto se acentúa que uno de los 
fines de la nueva institución es el de tomar medidas eficaces y colectivas 
para impedir la renovación de las amenazas a la paz y a la seguridad, el 
de suprimir cualquier agresión haciendo uso, si necesario fuere, de la 
fuerza. 

Los estados miembros de la institución contraen las siguientes obli¬ 
gaciones : 

La de arreglar las diferencias entre ellos por los medios pacíficos pre¬ 
vistos ; 

La de abstenerse en sus relaciones internacionales del uso de la fuerza; 

La de prestar su concurso a la institución para el desarrollo de cual¬ 
quiera acción que ella estime necesaria para los fines que persigue; 











102 


FRANCISCO JOSE URRUTIA 


La de abstenerse de prestar ayuda a cualquier estado contra el cua 
se tomen medidas preventivas o represivas. 

Los organismos principales de la institución son: 

Una asamblea general. 

Un consejo de seguridad. 

Una corte de justicia internacional. 

Un secretariado general. 

(No hay diferencia así, con lo establecido en el pacto de la Sociedad 
de Naciones, pero sí la hay grande en la esfera de ácción respectiva que 
se señala, ya a la asamblea, ya al consejo de segundad). 

El centro de la institución es la asamblea general en la que todos los 
estados miembros están representados, con derecho a un voto cada uno 
en las decisiones. Sus actuaciones principales, son: 

Admitir con el voto de dos terceras partes, un nuevo miembro de la 
institución, previa recomendación del consejo de seguridad; 

Por el voto igual, y con el mismo requisito previo, suspender como 
miembro a un estado contra el cual se hayan adoptado medidas de pre¬ 
vención o represión y aún expulsarlo si persiste en su actitud; 

Considerar los principios generales que deben regular la acción pa¬ 
ra el mantenimiento de la paz y de la seguridad, así como respecto del 
desarme y reducción de armamentos; 

Decidir sobre las cuestiones que dentro de ese orden de ideas le sean 
presentadas por el consejo de seguridad o por alguno de los estados 

miembros; 


Elegir los miembros no permanentes del consejo; 

Ejercer otras atribuciones de orden administrativo. 

No podrá la asamblea en caso alguno tomar decisiones sobre la adop- 
ción de medidas destinadas a preservar y mantener el orden y la seguri¬ 
dad. Esas medidas quedan dentro de la esfera privativa del consejo. Y es 
que si la asamblea es la auténtica expresión de la voluntad colectiva de la 
institución, en realidad es el consejo el que ejerce, con independencia de 
la asamblea, los poderes de aquella en cuanto se relaciona con el orden y 
la seguridad. Es este uno de los puntos en los que la nueva institución 
difiere sustancialmente de la Sociedad de Naciones. 


El consejo de seguridad estaría integrado por once miembros, cuatro 
permanentes, a saber, Estados Unidos de América, Gran Bretaña, la Union 
Soviética y China. Ulteriormente también Francia sena miembro per- 
manente. (Francia firmó con posterioridad a la adopción del plan de Dum- 
barton Oaks, el pacto de las naciones unidas, y podrá ocupar desde que co¬ 
mience a funcionar la institución su puesto permanente en el consejo). 
Además habrá seis miembros no permanentes, elegidos rotativamente por 
la asamblea entre los otros estados miembros por un período de dos o tres 
años (El consejo de la Sociedad de Naciones se compuso originariamente 
de las potencias aliadas y asociadas; Estados Unidos de America, que 
no llegó a ocupar su puesto por la no aceptación del tratado de Versalles 
y del pacto de la Sociedad— Francia, Gran Bretaña, Italia y Japón, como 
miembros permanentes. Ulteriormente en 1934 se creó otro puesto perma¬ 
nente para la Unión Soviética que había ingresado en la Sociedad y se 




LAS PROPOSICIONES DB DUMBARTON OAKS 


103 


fue aumentando el número de miembros no permanentes que en 1939 
era de 10. Los Estados de América Latina tenían tres puestos no per¬ 
manentes). 

Son atribuciones del consejo de seguridad: 

Determinar la existencia de cualquiera amenaza a la paz y a la segu¬ 
ridad o de cualquier acto de agresión; hacer a los estados miembros las 
recomendaciones oportunas y tomar las medidas necesarias. 

Decidir sobre la forma del concurso material, económico, diplomᬠ
tico, que deben prestar los estados miembros para ayudar a resguardar la 
paz y seguridad; 

Si las medidas previstas fueren insuficientes, puede el consejo hacer 
uso de la fuerza necesaria, terrestre, aérea o navql, para hacer respetar 
sus decisiones. 

Los estados miembros mediante arreglos especiales suministrarán por 
su parte los contingentes necesarios para los fines anteriormente señalados. 

No quedó definida en el plan de Dumbarton Oaks una cuestión de ca¬ 
pital importancia y es la relativa al procedimiento del voto en el seno 
del consejo de seguridad. Ha prevalecido la opinión de que a pesar del 
silencio guardado sobre esta materia, las potencias representadas en Dum¬ 
barton Oaks estuvieron de acuerdo en que toda decisión encaminada al 
empleo de la fuerza para prevenir o rechazar una agresión, debía ser adop¬ 
tada por el voto unánime de los miembros permanentes del consejo. Pero 
para el caso en el que sea precisamente uno de esos estados el acusado 
no se llegó a ningún acuerdo sobre el procedimiento del voto y le queda 
a la conferencia de las naciones unidas la difícil tarea de dar solución 
a este problema. 

Gomo auxiliar del consejo de seguridad se establece un comité mili¬ 
tar integrado por los jefes de estado mayor de los estados miembros per¬ 
manentes. Dicho comité asistirá al consejo en todas las cuestiones de or¬ 
den militar relacionada con la paz y la seguridad. Cualquier estado miem¬ 
bro no permanente del consejo, podrá ser invitado a hacerse representar 
en dicho comité. 

El consejo de seguridad así asistido por el referido comité militar 
«tendrá la plena responsabilidad de los planes formulados para establecer 
un sistema de regularización de armamentos». 

El plan de Dumbarton Oaks no excluye, sino al contrario prevé (ca¬ 
pítulo viii, sección G), la existencia de acuerdos regionales destinados a 
mantener la paz y garantizar la seguridad en determinadas regiones. Pero 
dichos acuerdos deben desarrollarse bajo la suprema autoridad del conse¬ 
jo de seguridad. 

Habrá una corte de justicia que será el principal órgano judicial de 
la institución. Dicha corte funcionará de acuerdo con un estatuto que se 
anexará como parte de la carta fundamental de la nueva institución. Ese 
estatuto podrá ser el mismo de la actual corte permanente de justicia in¬ 
ternacional, con las modificaciones apetecibles o un nuevo estatuto sobre 
la base del anterior. 

Todos los estados miembros de la institución son ipso fado partes del 
estatuto de la corte de justicia. 




104 


FRANCISCO JOSE URRUTIA 


No menciona el plan de Dumbarton Oaks dos cuestiones capitales en 
relación con la corte y cuya solución se deja para cuando sea formulado el 
estatuto de ella, a saber: el modo de elección de los jueces y la extensión de 
la jurisdicción del tribunal. 

Cuestión muy ardua que también queda pendiente y que no puede 
ser materia solo del estatuto, es la del establecimiento de las sanciones 
necesarias contra los estados que no acepten las decisiones de la corte en 
los casos en que deban hacerlo. 

La institución tendrá un secretariado general que será el jefe de los 
servicios administrativos y tendrá los auxilios necesarios. Será elegido por 
la asamblea, previa recomendación del consejo. Podrá el secretario some¬ 
ter cualquier cuestión que estime conveniente, sea a la asamblea, sea al 
consejo. \ 

Gomo organismos técnicos especiales dependientes o conectados ya 
con la asamblea, ya con el consejo, según los casos, figuran, en el plan, 
los siguientes en primer término: 

Un consejo económico y social. Ademas una comisión económica y 
otra social. 

_ ~ La organización internacional del trabajo. 

Un banco internacional para la industria y fomento. 

Habrá once organismos técnicos semejantes a los de la Sociedad de 
Naciones que tan fecunda labor realizaron y siguen realizando aún, ya en 
Ginebra, ya en Princeton, ya en Montreal. 

Estas proposiciones de Dumbarton Oaks, fruto de larga y laboriosa 
preparación y que están respaldadas por la autoridad de las potencias de 
que ellas emanan, serán la base para las deliberaciones de las naciones 
unidas en la próxima conferencia de San Francisco de California. 

Varios estados han hecho ya notoria su falta de conformidad con al¬ 
gunos de los puntos del plan propuesto y no hay duda de que antes de 
llegar a una decisión definitiva en la conferencia, se desarrollarán pro¬ 
longadas discusiones. 

En cuanto a los Estados de la América Latina se refiere hay cues¬ 
tiones que para ellos revisten especial interés, como son las relativas a los 
acuerdos regionales y a la necesidad de dejar bien definidas la subsisten¬ 
cia y la autonomía completa de la gran asociación continental que es la 
Unión Pan-Americana. Asimismo, y entre otras materias, merece espe¬ 
cial consideración el que los estados latinoamericanos tengan en los or¬ 
ganismos de la nueva institución mundial y especialmente en la asamblea, 
en el consejo de seguridad, en la corte de justicia, en el secretariado, etc., 
la más amplia representación y que en ningún caso sea dicha representación 
más limitada que la que han tenido en los organismos de la Sociedad de 
Naciones. 

,Por lo demás y a fin de que las modificaciones apetecibles tengan ma¬ 
yor respaldo en la presentación de ellas es muy de desear que los estados 
latinoamericanos unifiquen sus puntos de vista y que en cuanto concierne 
a la Unión Panamericana y en general a los intereses de este continente, 
el acuerdo sea completo con la gran República del Norte, sin cuyo con¬ 
curso y sin cuyo apoyo, la unidad americana no pudiera concebirse. 

(Véase el cuadro anexo a este artículo). 



LAS PROPOSICIONES DE DUMBARTON OAKS 


105 


Las Naciones Unidas 

s \ 

Las proposiciones de Dumbarton Oaks 



■■ ••v, v. ■ y 

Este cuadro gráfico fue elaborado por la División de Geografía y Cartografía del Departamento de 

Estado de Washington. Lo publicó el “New York Times” el 21 de noviembre de 1944 como anexo a la 
Declaración de dicho Departamento sobre las proposiciones de Dumbarton Oaks . 


































































La iglesia católica en el Canadá 

por L . B. Raymond, S . J. 

Según l as estadísticas más recientes, los católicos en Inglaterra son 
2.361.504. Los católicos del Reino Unido (Inglaterra, Escocia y país de 
Gales) pasan de los 3.000.000. Ellos constituyen pues actualmente el grupo 
religioso más numeroso de Inglaterra puesto que la Iglesia protestante 
episcopal, que es la iglesia oficial de Inglaterra, no cuenta sino con 2.294.000 
adeptos, y las sectas anglicana, metodista, presbiteriana, bautista, congre- 
gacionista, calvinista, cuáquera y las organizaciones del cristianismo cien¬ 
tífico reunidas, no suman 5.000.000 de adeptos. 

De los 5.884 sacerdotes que forman el clero católico inglés, 683 tra¬ 
bajan en las fuerzas armadas como capellanes. Las órdenes religiosas es¬ 
tán muy florecientes en este país. Las órdenes masculinas son 63: los Be¬ 
nedictinos tienen 84 casas, los Jesuítas 36. Las órdenes religiosas feme¬ 
ninas alcanzan la cifra de 181. Las Hermanas de la Misericordia trabajan 
en 112 casas diferentes: las Hermanas de la Caridad en 79. 

Los católicos ingleses están honoríficamente representados en los 
círculos literarios y políticos. Cuentan 48 miembros en la cámara de los 
lores y 22 en la cámara de los comunes. En el dominio de las letras, basta 
recordar a Chesterton, a Belloc, a Christopher Dawson, al padre Ronald 
Knox. Entre las figuras eclesiásticas más destacadas mencionemos al car¬ 
denal Hinsley, muerto recientemente, continuador de la línea gloriosa de 
los Newman, Manning y Vaughan. 

También en Estados Unidos hay católicos. El Anuario oficial católico, 
edición 1944, nos demuestra que son 23.419.701 de católicos en todo el te¬ 
rritorio americano, comprendidas Alaska y Hawai. La población católica 
de los Estados Unidos, desde el año último, ha aumentado pues, en 474.545. , 
Y en el año de 1943, se convirtieron a la fe católica 90.^22 ciudadanos 
americanos. 

•> 

El clero americano cuenta con 37.749 sacerdotes. El personal docente 
católico es de 92.421 miembros. De ellos 4.647 son sacerdotes, 3.233 her¬ 
manos, 76.908 religiosas y 7.663 institutores seglares. 

■ 

Y en cuanto al Canadá que vive en vecindad política de Inglaterra 
y geográfica y cultural de los Estados Unidos, ¿cuál es la vitalidad de su 
catolicismo? 

* 

En 1941, los católicos representaban el 43 % de la población total del 
Canadá. De 4.285.388 que eran en 1931, alcanzaban en 1941 la suma de 
4.986.552. Mientras que la población total no había aumentado sino en 
10.9 %, la población católica había tenido un crecimiento de 16.3 %, o sea, 
de 701.164 almas. El vasto territorio del Canadá está señalado por 5.081 
parroquias; solo Montreal comprende 121. El clero canadiense cuenta 






I 


LA IGLESIA CATOLICA EN EL CANADA 


107 


con 1.086 sacerdotes, o sea un sacerdote por 521 fieles. Las comunidades 
religiosas en número de 179, ejercitan su apostolado en 76 colegios, 29 es¬ 
cuelas normales, 443 hospitales y 6 universidades. 

El Canadá católico se ha conservado junto con Francia y Bélgica a 
la cabeza de los grandes países misioneros; será, después de la presente 
guerra, y proporcionalmente a su población, el primer país misionero del 
mundo. Molestadas en su actividad por la guerra, y particularmente en 
oriente, las congregaciones misioneras canadienses han vuelto los ojos 
hacia la América del Sur. Los Franciscanos canadienses el año último, 
trabajan en la vertiente oriental de los Andes, en el Perú. El R. P. Mar¬ 
celo María Desmarais, vicario provincial de los Dominicanos canadien¬ 
ses, acaba de ser destinado para fundar la misión dominicana del Brasil. 

La pujante expansión misionera del Canadá corresponde al papel 
considerable que ha desempeñado en la historia del ideal misionero. Uni¬ 
camente ese ideal es capaz de explicar el desarrollo precoz de una colo¬ 
nia que desde sus comienzos, y contra los dictados de la prudencia hu¬ 
mana, penetró en el corazón de regiones hostiles y aisladas. A título de 
ejemplo, recordamos la fundación de Ville-Marie, que fue más tarde 
Montreah Es un hecho histórico establecido que hubo inspiración divina 
en los pioneros de esta valerosa y apostólica fundación, emprendida cuan¬ 
do la naciente colonia estaba ya bajo la amenaza de los salvajes en Quebec. 
Pero nada logró contener a aquellos audaces colonos que fueron a esta¬ 
blecerse en la isla de Montreal. Las cartas de los misioneros Jesuítas, 
las relaciones, nos describen la maravillosa vida cristiana de los comienzos 
de esa ciudad, una atmósfera que recordaba, dicen esos misioneros, «el 
fervor de los cristianos de la era apostólica». El Canadá católico de hoy 
ha comprendido la misión que le compete en razón de orígenes también 
apostólicos. No ha querido quedar a la zaga con el ejemplo ante los ojos 
de valientes y santos misioneros que derramaron su sangre sobre su suelo. 

En todas las etapas del descubrimiento del Canadá, no hubo puesto 
de avanzada donde no se encontraran religiosos y religiosas para atender a 
la enseñanza de los infieles, al cuidado de los enfermos, y a la vida cris¬ 
tiana de los colonos. Fieles a esas tradiciones, las familias canadiense- 
francesas han dado siempre numerosas vocaciones a la Iglesia. El año 
pasado, en la parroquia rural de Saint Jacques, en la provincia de Quebeo, 
tenía lugar la ordenación del centésimo sacerdote, en menos de cien años. 
Esta parroquia, desde 1847, ha dado 461 vocaciones sacerdotales y religio¬ 
sas. Los sacerdotes, religiosos y religiosas, originarios de esta parroquia, 
y que viven actualmente, llegan a la cifra de 248. A esta abundancia de vo¬ 
caciones ha contribuido poderosamente la pureza y solidez de las tradi¬ 
ciones familiares canadienses. La madre canadiense, por su sentido cris¬ 
tiano, sus hábitos de abnegación incansable y piedad admirable, ha me¬ 
recido las bendiciones del cielo. Fecundidad y costumbres profundamente 
cristianas son el sello de la familia canadiense-francesa. 

A tan alto nivel de vida familiar ha contribuido ampliamente la pas¬ 
mosa intensidad de la vida parroquial. Pero el papel de la parroquia en 
la historia del Canadá francés no se limita a esto solo. Hay que reconocer 
que sin la parroquia, el grupo canadiense-francés, que no era en 1760, des¬ 
pués de la conquista por los ingleses, sino una pequeña minoría de 60.000 
católicos, en decadencia económica y política, no hubiera podido sobre- 





108 


L. B. RAYMOND 


■m 


vivir a semejante amenaza de asimilación. En este milagro de supervi¬ 
vencia, toca el primer puesto de honor al cura de la parroquia, el gran 
héroe de la historia del Canadá francés. Después de la partida de la nobleza 
francesa que sobrevino a la conquista, el cura se convirtió en jefe de la 
comunidad abandonada. Jefe espiritual, fue el. quien mantuvo y acrecentó 
la vida cristiana de ese puñado de católicos. Pero su actividad no se limi¬ 
tó a las necesidades espirituales de sus ovejas. Hombre práctico, tomó 
a su cargo la organización del levantamiento económico de sus parroquia¬ 
nos. Hoy todavía, es él quien en numerosos lugares de la provincia de 
Quebec, se encarga de crear y sostener la cooperativa que va a sacar de 
la miseria a los cultivadores o pescadores que apenas con trabajo logran 
sacar la subsistencia de sus rudos menesteres. 

El conjunto de tradiciones parroquiales canadiense-francesas, que ame¬ 
nazan las concentraciones urbanas y el éxodo rural que consigo arrastran, 
constituye uno de los ejemplos modernos más admirables de una sociedad 
auténticamente cristiana. La parroquia ha caracterizado la parte francesa 
del Canadá con un sello tal, que todas las divisiones administrativas des¬ 
aparecen ante la fisonomía parroquial de Quebec. Es esta fisonomía lo que 
en primer lugar llama la atención de quien las visita: las habitaciones agru¬ 
padas en torno del campanario que domina con su espadaña el paisaje 
entero. Algunos vecinos han considerado a veces con desprecio, con com¬ 
pasión, aquella provincia en la que el sacerdote guarda tal importancia. 
Los canadiense-franceses no van a dejar por eso de considerar como tim¬ 
bre de gloria lo que puede parecer atrasado a las gentes que consideran 
como un progreso el laicismo. 

Además de la vitalidad parroquial de los católicos canadiense-fran¬ 
ceses, si queremos dar alguna razón del milagro de su supervivencia, 
habría que mencionar también las instituciones de educación de que se 
han valido para defender su lengua y con ella su fe. A pesar de las con¬ 
diciones casi imposibles que se les crearon, tanto para las finanzas como 
para la provisión de libros franceses, gracias sobre todo al apoyo del 
clero que se impuso toda clase de sacrificios para mantener esos estable¬ 
cimientos, el pequeño grupo canadiense-francés, tan gravemente amena¬ 
zado, llegó no solo a asegurar a sus hijos los rudimentos de la instruc¬ 
ción, sino a darse sacerdotes, profesionales, jefes, franceses y católicos. 
Esos sacrificios no han sido vanos. Existen actualmente en el Canadá fran* 
cés cincuenta colegios de enseñanza secundaria clásica, dirigidos por 
sacerdotes seculares, religiosos y religiosas. Esos educadores, muy al co¬ 
rriente de las nuevas condiciones impuestas a la enseñanza por nuestro 
mundo de hoy, estudian a fondo los problemas pedagógicos. En 1942 des¬ 
tinaban 84 de entre ellos al estudio de esos problemas en las diferentes 
universidades canadienses o americanas. A más de 15.000 alumnos dis¬ 
pensan la enseñanza secundaria, dentro de la más pura tradición clásica, 
con una más amplia cabida a las ciencias prácticas. Si se añaden a estos 
establecimientos los de enseñanza primaria, se verifica que no hay qui¬ 
zás un rincón de América donde el clero tome tanta parte en la enseñanza. 

Para comprender la importancia de la enseñanza en la supervivencia 
de la fe católica de los canadiense-franceses, es menester advertir cuán 
íntima e inseparablemente están ligadas la lengua y la fe. En este país se 
verifica con una perfecta evidencia el axioma que dice que «la lengua es 
guardiana de la fe». Y no solamente los canadiense-franceses a consecuen- 











LA IGLESIA CATOLICA EN EL CANADA 


109 


< * 

cía de matrimonios mixtos, sino aun los irlandeses que han abandonado 
su lengua, han ido perdiendo en gran escala con ella la propia fe. Los 
conglomerados católicos que viven sumergidos en alguna mayoría anglo- 
protestante, las más de las veces, si no logran conservar su lengua, tam¬ 
poco logran salvar su fe. Es el caso de los canadiense-franceses que a fi¬ 
nes del último siglo y al principio del presente, por carecer de las facili¬ 
dades que el gobierno concedía a los extranjeros que querían establecerse 
en las provincias del oeste del Canadá, tuvieron que emigrar en cantidad 
a los Estados Unidos. Actualmente, en Nueva Inglaterra solamente, son 
unos 2.000.000. Notemos de paso que el destino del Canadá francés hubiera 
sido totalmente diferente con toda probabilidad sin esa sangría que se le 
hizo en pleno crecimiento. He aquí lo que escribía uno de esos franco- 
americanos, a propósito de la importancia de la enseñanza del francés: 
«La escuela parroquial es una de nuestras más preciosas posesiones. Nues¬ 
tros antepasados habían hecho de ella la piedra angular de nuestra supervi¬ 
vencia étnica. Comprendían que sin el establecimiento de la escuela jun¬ 
to a la iglesia, esta, un día u otro dejaría de ser franco-americana». 

En las provincias del oeste del Canadá, mientras que en Quebec se 
había concedido a la minoría protestante su propia comisión escolar, y la 
parte de sus impuestos se destinaba a gastos de enseñanza, las minorías cató¬ 
licas debieron batallar sin éxito e imponerse, además de los impuestos desti¬ 
nados únicamente para las escuelas protestantes, los gastos para sostener sus 
escuelas católicas. Las más destacadas personalidades canadiense-francesas 
se dedicaron a esta causa, en la convicción de la importancia vital de una 
eneñanza francesa y católica. No fueron casi más venturosos que los ca¬ 
tólicos de Inglaterra, en sus recientes reivindicaciones a propósito del 
Bill of Education . Bien es sabido que según esa ley, los católicos ingleses, 
a menos de imponerse gastos que superan sus recursos, verán pasar a ma¬ 
nos del Estado sus establecimientos de instrucción. 

Para terminar esta reseña sobre el catolicismo en el Canadá, quisié¬ 
ramos responder a algunas preguntas que surgirán espontáneamente en 
el espíritu del lector. Y desde luego, ¿por qué tanto hablar de los cana¬ 
diense-franceses a propósito del catolicismo en el Canadá? Sencillamente 
porque ellos representan casi un 70 % de la población católica de ese país. 
¿Ha sido o no saludable para los canadiense-franceses el haber tenido 
que combatir de este modo por la defensa de la fe? No cabe la menor duda. 
El catolicismo ha crecido en el Canadá en la lucha y no hay mayor peli¬ 
gro para él tal vez que el de pasar de Iglesia militante a Iglesia durmiente.. 
¿Ese papel de primer plano que usted concede al clero en la superviven¬ 
cia canadiense-francesa, no es un poco artificial? He aquí la respuesta 
el testimonio del historiador protestante Siegfried, sacada de su obra El 
Canadá , potencia internacional: «El papel primordial de la Iglesia en la 
preservación de la integridad canadiense-francesa no puede discutirse: el 
clero, sostén y garante de la familia, ha constituido para ese pequeño pue¬ 
blo, sometido a todos los peligros de la desagregación, la más eficaz de 
las armaduras. Es él quien hoy como antaño, mantiene al grupo compacto, 
física y moralmente, le da sobre todo la verdadera conciencia de su indi¬ 
vidualidad étnica y espiritual. Sin el clero, los canadiense-franceses no 
hubieran permanecido juntos, lo que equivale a decir que no hubieran 
perdurado». 



Apuntes para una paremiología 

hispano-americana 

por Enrique Tobar y R. 

( Continuación) 

Pitear... (Contra nada piteas) —Por protestar en vano, dice Malaret 
que empléase este dicho en Chile y el Perú. En verdad, nunca lo hemos 
escuchado en nuestro país. Por protestar en vano decimos lo tan conocido: 
«predicar en desierto», «hablar a la pared», «hablar hasta cansarnos por¬ 
que nadie nos oye». 

Pitirre ... (Cada... tiene su zumbador) —Ya hemos visto el signifi¬ 
cado de un refrán muy análogo, y también, como éste, de Puerto Rico: 
«cada guaraguao tiene su pitirre». 

Pizca... (Más mejor es mala... que buena cosecha en pie) —De Méxi¬ 
co, en donde«pizca» es cosecha de maíz, es propio este refrán, que equiva¬ 
le al peruanizado «más vale un pájaro en mano que ciento volando». 

Planchado.. (Futre pelado , bolsillo...). Expresión insultante, usual 
en Chile, que dirígese al que pretende pasar por señorito. Algo usual 
es también entre los peruanos que, como los chilenos, llaman «futre» al 
petimetre, y dicen «planchado» al que se halla sin blanca. 

Poblano... (Mono, perico y..., no lo toques con la mano; tócalo 
con un palito , y de lejito). —Refrán mexicano con el cual zahiérese a los 
nativos del Estado y ciudad de Puebla. Nos parece injustísimo lastimar 
así a quienes vieran mecer su cuna en la tierra de un Francisco Pablo 
Vásquez, insigne eclesiástico y diplomático, de un José María Lafragua, 
de un Gabino Barreda, de un Manuel María de Zamacona y de un Fran¬ 
cisco Modesto Olaguibel. Así, injustos en demasía, somos los peruanos 
cuando zaherimos a los nativos de Cajamarca cuando decimos: «dar po¬ 
sada al peregrino, menos al cajamarquino». 

Pollo pelao no sube a palo. Frase de los dominicanos, que aplícase al 
que recibe comisión muy superior a sus aptitudes. 

Poncho... (No hay... que le haga fleco) —Expresión chilena, no co¬ 
nocida en el Perú, que denota lo mismo que no tener competidor o igual. 
En el Perú suele decirse: «No hay quién pegue». Lo usual es: «No dejar¬ 
se pisar el poncho por nadie». («Poncho» es una manta, de lana general¬ 
mente, con una abertura sobre los hombros). 

Popotes... (A quien se come las vigas , se le atoran los...) —Refrán 
típicamente generado en México, donde llaman «popotes» a cierta planta 
gramínea comestible, del género Arundinella. Equivale a alarmarse por lo 
que no tiene importancia, y pasar por alto lo que es ciertamente punible. 




APUNTES PARA UNA PAREMIOLOGIA HISPANO-AMERICANA 1H 

Ya vimos otro refrán de significado análogo: «Comerse los petates y 
asustarse de los aventadores». 

Poto... (El que tenga..., no le diga pedorro a otro) —Este refrán no 
es únicamente de Chile, pues empléase también en el Perú; desde lue¬ 
go, en el lenguaje exclusivamente íntimo, ya que «poto» es la región glú¬ 
tea, o trasero. Equivale a decir que quien tiene un defecto o-se halla 
expuesto a un mal, no debe hacer burla de nadie. 

Potito... (Platita en la mano... en el suelo) —Expresión chilena, 
que equivale a «por dinero baila el perro» o como dícese entre los perua¬ 
nos: «por la plata baila el perro». En este país tenemos otro refrán, anᬠ
logo en sus expresiones —«plata en mano, chivato en pampa»—, que sig¬ 
nifica que en abonándose el valor de la especie que se adquiere, ésta se 
suelta. 

Preciso.. (Don... se murió y a nadie le hace falta) —Tampoco es ex¬ 
clusivo de los chilenos este refrán, usado en el Perú también, y en algu¬ 
nas otras repúblicas para motejar a quienes créense necesarios para algo. 
Entre nosotros suele llamarse a tales personas: «Don Preciso». 

Primero... (El que... avanza , primero llega) —Usual en Puerto Ri¬ 
co, y también entre los peruanos. Es como una máxima un tanto antitética 
de aquel otro conocido refrán: «No por mucho madrugar se amanece más 
temprano». 

Probar... (Probando es como se guisa) —También es sentencia usual 
entre portorriqueños y, asimismo, entre los peruanos, para denotar que 
para hacer algo es indispensable tener cierta práctica. Para aquella falta 
de práctica hay expresiones proverbiales: «echando a perder se aprende», 
«el golpe enseña». 

Promesas no ayudan a pagar —Para denotar que con consejos sim¬ 
plemente no se ayuda a quien está urgido de dinero para cubrir urgentes 
pagos, empléase en la Argentina este refrán, no desconocido en el Perú. 
También empleamos este otro los peruanos: «con palabritas no se para 
la olla». 

Prometer... (El... no empobrece, el dar es lo que aniquila) —Expre¬ 
sión mexicana con que censúrase a aquellos que mucho prometen y nunca 
cumplen. Dice Malaret que en Puerto Rico dícese: «el prometer no es 
dar». En el Perú: «Prometer, nada cuesta». 

Puercas... (No querer uno... a medias con nadie) —Equivale esta 
frase de Puerto Rico a no querer cuentas con otro. 

Puerco... (Cada... sabe en el palo que se rasca) —Refrán domini¬ 
cano, que cambia en Puerto Rico así: «Saber uno del palo que se rasca». 
En el Perú: «Saber uno a qué palo se arrima» o «a qué árbol se arrima». 
Todas estas diferentes expresiones tienen el mismo significado, esto es, 
que cada cual sabe con quién se mete. 

Puerco pollero no pierde el vicio —Equivale esta sentencia colombiana 
a «árbol que crece torcido...» o «el que malas mañas ha...». 

Puerco no se rasca en jabilla —Es otro refrán dominicano, cuyo sen¬ 
tido fácil es de captar si se sabe que jabilla es el nombre del árbol Hura 
crepitans . 

Pulque..'. (El que toma una vez..*., su casa es el tinacal) —«Pulque» 
e6 la bebida fuerte que se prepara en México del maguey; y «tinacal» es 








112 


ENRIQUE TOBAR Y R. 


la bodega que destínase a las vasijas del pulque. Se trata, pues, de refrán 
típico de los mexicanos, con el que intentan disculpar el vicio de la 
embriaguez. 

Pulque ... (No tiene la culpa el ... sino el briago que lo bebe) —«Bria- 
go», es, en México, el borracho. Según la intención de este refrán, no hay 
que echarle la culpa sino a quien en verdad la tiene. Guarda analogía, el 
refrán con aquel otro, que ya anotamos: «No tiene la culpa el indio sino 
quien lo hizo compadre». 

Puyas... (A dos... no hay toro bravo) —Paremia centroamericana 
que alude a cuán difícil es, a un tiempo, resistir dos fuerzas contrarias 
o dos opiniones adversas. 

Quien quita no vive lejos —Es dé Puerto Rico este refrán, que advier¬ 
te que los peligros están siempre detrás de la puerta. En el Perú es usual: 
«A la vuelta de la esquina está el peligro». 

Rabear ... (Cuado no rabean por la cola , tienen chuecos los tirantes). 
Alusión de este refrán mexicano a la cometa o papalote, y significa que por 
una razón u otra siempre se produce esto o lo de más allá. (Creemos que 
muchos lectores bien comprenden que «chueco» es torcido). 

Rajar... (Ni raja ni presta el hacha) —Recuerda este refrán de Co¬ 
lombia el muy usual en los pueblos de nuestra lengua: «ser como el perro 
del hortelano, que ni come ni deja comer». 

Rana... (Conmigo y la..., es gana) —El refrán es de Venezuela, aun¬ 
que entendemos, por lo que venezolanos nos manifiestan, que de empleo no 
general, acaso si solo usado en determinadas regiones. Denota que uno 
no está resuelto a dejarse irrogar perjuicio. 

Raspa... (No hay... que se sujete) —En Puerto Rico así dícese para 
expresar las excelencias de algo. Es posiblemente como la expresión crio- 
llísima de Lima, más que del Perú entero: «De príquete manganzúa», que 
califica como excelente, verbigracia, una fiestecita de medio pelo, una 
comilona, etc. 

Rebenque... (Dios castiga sin...) —Remedo de la muy usual «Dios no 
castiga ni con piedra ni con palo», es esta frase que emplean en su lengua¬ 
je argentinos y bolivianos. 

Reparar... (Tú sí que la ves reparar y le avientas el sombrero) —En 
el refrán, que es de México, conviene aclarar que «reparar» equivale a 
encabritarse, y «aventar» es en el país azteca, como en otras repúblicas, 
lo mismo que lanzar o arrojar. Afortunadamente se pueden hacer estas 
aclaraciones en refranes mexicanos; no así en algunos limeños, como el 
ya indicado más arriba «de príquete manganzúa», en el cual intervienen 
palabras desconocidas, como es ininteligible aquel otro, que también de¬ 
nota excelencia de algo: «de consondolí con yeso» o «de consondolí y en¬ 
grudo». Volviendo al refrán mexicano del margen, debemos decir que aplí¬ 
case a la persona que a causa de alguna acción suya, hace o puede hacer 
peor una situación que ya es mala. 

Repicar... (Con las que repican , doblan) —Equivale esta expresión 
proverbial que utilizan portorriqueños y mexicanos, a la sentencia evan¬ 
gélica, tan usual en todas partes: «con la vara que mides serás medido». 


( Continuará) 


Glosas 


Cuestiones de procedimiento eclesiástico 


¿Pueden los consanguíneos ser testigos 

hábiles en causas de divorcio “quoad 

thorum et cohabitationem ff de los su¬ 
yos? 

Esta dificultad se muestra más severa 
cuando se trata de establecer si un pa¬ 
dre pueda declarar contra su hijo, o éste 
contra sus padres. Los cánones 1757, N 9 
3, inciso 3 y 1974 del código canónico 
plantearon, al parecer, una especie de 
contención probatoria. 

Dice el primero: 

1—Se rechazan, N 9 3, como incapaces... 
3. El cónyuge en la causa de su cónyuge, el 
consanguíneo y el afín en la causa del con¬ 
sanguíneo o del afín en cualquier grado de 
línea recta y en el primer grado de la cola¬ 
teral, a no ser que se trate de causas que 
se refieren al estado civil o religioso de la 
persona, cuya noticia no pueda ser tenida 
de otra parte y el bien público exige que 
sea tenida. 

El canonista F. Santamaría (Co¬ 
mentarios, tom. v, pág. 161) dice: 

El código, a los que declara incapaces les 
quita totalmente la facultad de ser testigos 
en los tribunales eclesiásticos. 

El canonista Juan Aguilar Jiménez 
(Procedimientos canónicos civiles, res¬ 
pecto a las causas matrimoniales, Ma¬ 
drid, 1923, i, pág. 158, n. 38-2), dice 
sobre este inciso 3, N 9 3 del canon 1757: 

En este segundo grupo, el motivo que hace 
sospechar de su parcialidad es el afecto: si 
el interés es un móvil humano que arras¬ 
tra, el amor lo es .también muy poderoso. 
Excluyese lo referente al estado de las per¬ 
sonas; aunque con las debidas limitaciones, 
porque se trata de cosas que no suelen afec¬ 
tar hondamente a las personas, y dichos tes¬ 
tigos son los más conocedores del asunto. 


El canon 1974 dice: 

Los consanguíneos y afines, de los cua¬ 
les se habla en el canon 1757. N 9 3. n. 3 
son testigos hábiles en las causas de sus 
parientes. 

Sobre esto dicen los mencionados ca- 
' nonistas: F. Santamaría (v. pág. 306): 

Esta excepción se verifica en las causas 
matrimoniales. Y además, en estas causas se 
presupone que los parientes están interesa¬ 
dos en que resplandezca la verdad para 
bien de los esposos, hijos y familia en ge¬ 
neral. 

Y el canonista Aguilar: 

Mas se da también otra excepción de este 
apartado; que tiene mucha importancia pa¬ 
ra las causas matrimoniales, y ésta es la 
que consigna el canon 1974... Y la razón 
es que tales causas matrimoniales, como 
versan sobre hechos que se desenvuelven 
en la intimidad del hogar, las personas que 
pueden saber mejor de los mismos hechos 
son los parientes y allegados, y de ahí el no 
excluirlos de testificar en las precitadas 
causas. 

Sobre esta importantísima cuestión 
dice un reciente proveído del tribunal 
eclesiástico de la curia primada de Bo¬ 
gotá, con fecha de 11 de este mes de 
diciembre: 

«Conocíamos ya las doctrinas de los 
canonistas Santamaría y Aguilar Ji¬ 
ménez y de varios graves canonistas, e 
igualmente habíamos meditado concep¬ 
tos de respetables tribunales eclesiásti¬ 
cos; pero el caso, con toda sinceridad 
de nuestras escasas luces jurídicas, nos 
pareció aún asediado de ponderosas du¬ 
das, para llegar a una solución positiva. 

Aquel precepto de derecho antiguo: 
Pater non recipiatur in causa jilii, nec fi- 


\ 



114 


REVISTA J AVERIAN A 


lius in causa patris, tan hondo postula¬ 
do de piedad filial y de amor de un 
padre para con el que es pedazo de su 
ser, carne de su carne y hueso de sus 
huesos, nos mantenía en tan profundo 
respeto; de manera que nos parecía una 
alevosía el quebrantar ese sacratísimo 
principio, proponiendo y llevando a ca¬ 
bo un testimonio tal en causas de sepa¬ 
ración entre cónyuges. Por' más de cua¬ 
renta años había sentido el infrascrito 
juez eclesiástico ese venerando respeto, 
en proveídos de este tribunal eclesiás¬ 
tico y en palabras de arzobispos precla¬ 
rísimos de esta curia primada de Bogo¬ 
tá. El infrascrito creía un deber podero¬ 
sísimo el sostener tal principio, y por 
eso lo había sostenido en graves proveí¬ 
dos; pero hoy parece llegado el mo¬ 
mento de seguir enseñanzas claras de 
canonistas y decisiones de la Sagrada 
Romana Rota». 

¿Cómo se ha de entender la excepción . 
que establece el canon 1974, acerca 
de la incapacidad que estatuye el in¬ 
ciso 3, n. 3 del canon 1757 del código 
canónico ? 

La incapacidad de que trata el cano¬ 
nista Santamaría no se aviene con el 
canon 1974; el canonista Aguilar Ji¬ 
ménez parece fundarse únicamente en 
el hecho de que los parientes cercanos 
son los más aptos para conocer los he¬ 
chos íntimos, referentes a genealogías y 
a estado de las personas, dejando a un 
lado la consideración de si en una cau¬ 
sa de separación entre cónyuges se tra¬ 
ta de causas de bien público, condición 
esencial entre las causas de nulidad de 
matrimonio y causas de separación de 
cónyuges. Blat y Wernz-Vidal y el mis¬ 
mo Gasparri nos traen luz suficiente pa¬ 
ra llegar a solución muy probable en 
este asunto. 

a) El mismo canon 1757 establece ya 
una excepción contra esa incapacidad: 
1) que se trate del estado civil o religio - 
so de las personas; 2) que no haya otro 
medio de establecer la noticia o verdad 
de lo que se investiga; 3) que la noticia 
sea exigida en razón del bien público. 


Estudiados estos tres puntos, buscando 
el nexo lógico jurídico de ellos entre sí, 
nos quedaríamos aún perplejos, como 
parece estaban los sapientísimos cano¬ 
nistas codificadores. Por eso el canon 
1974, al establecer la excepción acerca 
del N 9 3, n. 3 del canon 1757, elevó, 
cuya razón luego traeremos, las causas 
de separación a la categoría de las de 
nulidad, y dejó a unas y a otras en la 
categoría de causas matrimoniales. De 
este modo los puntos de excepción es¬ 
tablecidos por el canon 1757 quedaban 
en perfecto enlace jurídico: estado ci¬ 
vil o religioso de las personas, imposibi¬ 
lidad de otros medios de investigación 
de la verdad y exigencia del bien públi¬ 
co, en relación y prerrogativas con uno 
y otro procedimiento canónico. 

b) Cómo llegaran los canonistas a 
establecer esta semejanza y equipara¬ 
ción canónica nos lo enseña el canonista 
Blat (Comm. t. vi, pág. 506): 

...Quod parentes (Clemente. III y Euge¬ 
nio III, cap. 3. Qui matrimonium accusare 
possunt, vel contra illud testificar i) fratres 
et cognati utriusque sexus. in testificatione 
suorum ad matrimonium conjungendum vel 
dirimendum admittantur, tam antiqua con- 
suetudine, quam legibus approbatur. Ideo 
enim máxime parentes, et si defuerint pa¬ 
rentes, proximiores admittuntur; quoniam 
unusquisque suam genealogiam, cum testi- 
bus et chartis, tum etiam ex fecitatione ma- 
jorum scire laborat: qui enim melius recipi 
debent, quam illi qui melius sciunt; et quo¬ 
rum est interesse; ita ut si non interfuerint, 
et consensum non adhibuerint, secundum 
íeges nullum fiat matrimonium? Quod vero 
legitur: pater non recipiatur in causa filii; 
nec filius in causa patris, in criminalibus cau¬ 
sis et contractibus verum est: in matrimo¬ 
nio vero conjugendo et disjungendo, ex ip- 
sius conjugii praerrogativa, et quia favorabi- 
lis res est, congrue admittuntur. 

Haec praerrogativa et iste favor propter 
matrimonii jus divinum tectum servandum, 
sunt semper admissa. Jure igitur canon 1974 
sic est redactus. Consanguinei propter des- 
censum naturalem ab uno et eodem stipite, 
sive in linea recta * sive in linea obliqua, et 
in quocumque gradu, etiam in primo ■, et 
pariter affines, propter matrimonium unius 
et propter consanguinitatem alterius cum 
tertia persona, de quibus in can. 1757, N 9 3, 
n. 3, id est: ibi exclusi consanguineus et 
affinis. in quolibet gradu lineae rectae et 
in primo gradu collateralis $ nisi agatur de 
causis quae ad statum civilem aut religiosum 


GLOSAS 


115 


personae spectant, cujus notitia aliunde ha- 
beri nequeant. Unde absque limitationibus, 
habentur in jure testes hábiles, hac inspecta 
ratione, in causis matrimonialibus quibusli- 
bet suorutn propinquorum eo quod uni sal- 
tem consanguinitate jungitur testis. 

Valde utilia in praxi judiéis censemus alia 
dúo capita decretalis hic inserenda. Sit pri- 
mum decretalis Eugemi III: «Quoties ali- 
qui propter cognationem propinquitatis sepa¬ 
ran petuntur: duobus vel tribua testibus ad- 
hibitis. qui de eadem consanguinitate su- 
persint: vel totidem senioribus, et melio- 
ribus loci ejusdem, id debet legitime com¬ 
probad. Probado autem testium debet fieri 
duplici juramento, ut jurent se non privato 
odio, ñeque amicitia, ñeque pro aliquo com- 
modo quod habuerint % vel quod habent vel 
habituri sunt, ad jurandum inducios: et si- 
cut ipsi dicunt, rei veritatem se accepisse 
a majoribus suis: et credere ita esse. 

Alias monitiones prudentia plenas tradit 
Alexander III Mathaeo Cardinali, in cap. 5 
De testibus et attestationibus (ir. 15, x, un 
de hanc desumimus: Super illa vero quaes- 
tione quam fecisti, an mulier conjugenda 
non sit viro, pro eo quod sola mater alter- 
utrius, eos esse consanguíneos confitetur: 
Respondemus quod si non est firmatum 
matrimonium ínter eos, matre asseverante 
ipsos esse consanguíneos, non debent con- 
jungi: quia praesumptio non est módica, 
quod se linea consanguinitatis attingat. Si 
vero matrimonium est firmatum, non debet 
sine plurium juramento dissolvi. 

De estas decretales vemos que se des¬ 
prende claramente: I) que la prerro¬ 
gativa y divino favor del derecho sacra¬ 
mental ha hecho que aquellos sagrados 
principios que miran al honor y respe¬ 
to, que dimanan de los lazos de sangre, 
ceden a esa prerrogativa y favor del 
santo matrimonio, y por ello los testigos 
exceptuados por el N? 3, inciso 3 del 
canon 1757 puedan convertirse en tes¬ 
tigos hábiles, según el canon 1974, cuan¬ 
do se trata de investigar la validez o 
nulidad de un matrimonio; 2) que, ade¬ 
más de esa prerrogativa y favor del de¬ 
recho sacramental, militan en pro de 
los parientes más cercanos, inducidos 
como testigos, militan —repetimos— 
las razones de conocimiento directo y 
tradicional de hechos relativos a esta 
clase de investigaciones, como la de 
consanguinidad, para matrimonio in 
fieri vel in jacto; 3) que si, como lo es¬ 
tableció la Sagrada Romana Rota, en 
sentencia de 11 de junio de 1911 (A. 


A. S. iv-17), los testimonios de parien¬ 
tes más cercanos pueden llegar a pre¬ 
valecer sobre otros de personas extra¬ 
ñas, cuando sólo se ha obtenido el tes¬ 
timonio de un pariente cercano: si se 
trata de matrimonio in fieri, no debe 
procederse al matrimonio, si de matri¬ 
monio in jacto, para declarar la nulidad, 
debe acudirse al testimonio de varios 
otros testigos; 4) que como el canon 
1974 no menciona excepcionalmente las 
causas de separación de cónyuges, ha de 
entenderse que aquel privilegio de pre¬ 
rrogativa y favor sacramental, para 
efectos de validez o nulidad del santo 
matrimonio, comprende también las cau¬ 
sas de separación de cónyuges, por de¬ 
recho o prerrogativa de accesión y de 
asimilación, según el principio de simi¬ 
litud que avalora el canon 20 del códi¬ 
go canónico. 

c) Esa inclusión de las causas de se¬ 
paración de cónyuges dentro del ámbito 
y prestancia de las causas de nulidad 
de matrimonio, y que por ello los cano¬ 
nistas distinguen equivalentemente unas 
y otras con el título de causas matrimo¬ 
niales, se ha venido manifestando len¬ 
tamente en el mismo código y en la 
jurisprudencia de la Sagrada Romana 
Rota y en respuestas de la comisión 
pontificia. 1) No señaló el código ac¬ 
tual lugar especial, título separado para 
tratar' de las causas de separación de 
cónyuges, sino que incluyó lo sustantivo 
y procesal sobre esto dentro del libro 
m, capítulo x, artículo n. 

De Sacramentis 

De separatione tori, Mensae et ha- 
bitationis. 2). Nuestro actual procedi¬ 
miento en los juicios eclesiásticos, si¬ 
guiendo el de 1915, compiló en el artícu¬ 
lo m del capítulo i, de juicios especia - 
les, los cánones particulares que habían 
regido quoad thorum et cohabitationem, 
compilación que completó con las reglas 
—sin citarlas— que habían sido norma 
procesal desde 1868 en esta provincia 
eclesiástica de Colombia. 

3) En cuanto a la Sagrada Romana 
Rota, encontramos, como práctica de 


116 


REVISTA JAVERIANA 


jurisprudencia la que estableció el men¬ 
cionado canon 1974. Antes de la publi¬ 
cación del nuevo código, ya ese supremo 
tribunal, en sentencia de 5 de julio de 
1910, en causa sobre divorcio quoad 
thorum et cohabitationem (Coram Le¬ 
ga- Decisio. pág. 150), había sentado 
doctrina, aceptando la declaración de 
la madre de uno de los cónyuges: 

...Et viri mater interrogata: Quanto ha 
durato la btiona armonía fra i due conjugi? 
R. Neppure un giorno. Anzi ricordo che 
prima di accingersi al viaggio di nozze vi 
furono delle scene violente da parte della 
madre della sposa. Fu una continua guerra, 
perche mió figlio e di caratere forte , e sua 
moglie non voleva usare ne prudenza % né 
moderazzione: quindi mió figlio alie volte 
trascese alie percosse. 

Y en causa también de divorcio quoad 
thorum et cohabitationem, seguida an¬ 
te ese mismo supremo tribunal, y fa¬ 
llada 13 de mayo de 1932, cuya copia 
reposa en este archivo eclesiástico, en¬ 
contramos que fueron admitidas en la 
segunda instancia declaraciones de una 
hermana y de cuñado de la actora y 
una de un testigo de vida ignominiosa, 
sobre lo cual se dijo en la sentencia res¬ 
pectiva: 

...dicedum quod N. depositio vi proba- 
tiva non destituitur. Constat enim quod 
N. versatus est in talibus adjuctis temporis, 
locorum; vitaeque dissipatae; ut ipse cog- 
noverit quomodo N. se gereret... 

Vemos en estas citas de la Sagrada 
Romana Rota no solo la aplicación de 
las excepciones que el mismo canon 
1757 y el 1974 establecen, sino el he¬ 
cho de que, contra lo estatuido por el 
canon 1758, a esas declaraciones se les 
ha dado valor probatorio. Siguiendo la 
mente de la excepción del parágrafo 3, 
n. 3 del canon 1757, los testigos men¬ 
cionados han sido admitidos y han ren¬ 
dido su testimonio, porque ello era ne¬ 
cesario para el esclarecimiento de la 
verdad, la cual no podía ser conocida si¬ 
no mediante esas declaraciones. No po¬ 
dría ser aquí, pues, tenido en cuenta lo 
estatuido por el canon mencionado 1758: 

Los testigos no idóneos y los sospechosos 
podrán ser oídos por decreto del juez, con 
el cual se declare que esto conviene; pero 
el testimonio de estos valdrá solamente co¬ 


mo indicio y adminículo de prueba, y ge¬ 
neralmente sean oídos sin que hayan jurado. 

Según, palabras de la Sagrada Roma¬ 
na Rota, la declaración de ese testigo 
sospechoso fue aceptada sin restricción 
alguna; los testigos consanguíneos, in¬ 
capaces según el canon citado 1757, 
fueron aceptados como capaces, y su 
testimonio no fue objetado como proce¬ 
dente de testigo incapaz. Podemos, pues, 
insistir con el canonista Blat: , 

.. .exclúyense el consanguíneo y el afín, 
a no ser en causas que se refieran al estado 
civil o religioso de las personas, cuya noti¬ 
cia no pueda obtenerse de otro modo. Así; 
pues , por esta razón de noticia para la in¬ 
vestigación de la verdad, tales consanguíneos 
y afines son tenidos como hábiles por el de¬ 
recho i en causas matrimoniales de los su¬ 
yos, sin limitación alguna, por el solo he¬ 
cho de la consanguinidad. 

4) La comisión pontificia, en su res¬ 
puesta de 8 de abril de 1941, al refe¬ 
rirse a los cánones 1903 y 1989, elevó 
las causas sobre divorcio quoad thorum 
et cohabitationem a causas que tratan 
del estado de las personas y claramente 
a causas matrimoniales, como lo había 
estatuido el canon 1974, las cuales no 
pasan a cosa juzgada: 

II—De separatione conjugum. D. An cau- 
sae separationis cojugum recensendae sint Ín¬ 
ter causas nunquam transeúntes in rem judi- 
catam de quibus in canonibus 1903 et 1989. 
R. Affirmative—Datum Romae. e civitate 
Vaticana, die 8 aprilis, anno 1941. M. Card. 
Massini ; Praeses. 

Por tanto las causas de divorcio quoad 
thorum et cohabitationem son causas 
matrimoniales, y en. ellas, sin restricción 
alguna, en razón de capacidad o inca¬ 
pacidad, pueden ser admitidos y prefe¬ 
ridos los consanguíneos en línea recta 
y los afines colaterales en primer grado. 

d) Aunque los predichos consanguí¬ 
neos puedan ser testigos, y a veces de 
preferencia, en causas matrimoniales 
de sus parientes, sobre todo cuando no 
se puede establecer de otro modo la 
verdad, no obstante, según las palabras 
que hemos trascrito de Eugenio III, no 
obstante ese testimonio puede ser sos¬ 
pechoso, si se juzga que declaren 
movidos por el odio , o por amistad, o 


GLOSAS 


117 


por algún interés pecuniario u otro se¬ 
mejante, lo cual puede subsanarse por 
doble juramento. Este doble juramento 
es el prescrito en causas de dispensa 
sobre matrimonio rato y no consumado, 
según el artículo 40, apéndice xvm de 
la instrucción: Catholica doctrina, dada 
con fecha 7 de mayo de 1923 por la 
Sagrada Congregación de Sacramentos. 
Esta prevención de derecho pone al juez 
eclesiástico en vía para prevenir el pe¬ 
ligro de testimonios en contra de la ver¬ 
dad, y abre al mismo tiempo el recurso 
de tacha de testigos de esta clase, de 
címformidad con los títulos antiguos De 
Exceptionibus (c. 1. x-n, 25) y c. 2. 
De testibus et attestationibus. n, 10 in 
vi), y hoy con los cánones 1764 y el 
citado 1757 C. J. C. Por ello cuadran 
muy bien las palabras del canonista 
Wernz-Vidal (Jus Canonicum, n. 466, 
pág. 405): 

...Ideo in causis matrimonialibus de vin¬ 
culo, consanguinei et affines tamquam tes¬ 
tes inhábiles non repelluntur; sed nihilomi- 
nus propter speciales rationes possunt exis- 
tere suspecti. Extra casus exceptos nimia 
affectio praesumitur, ex qua oritur pericu- 
lum pro veritate testimonii. 

Más claro aún decía el canonista Lega 


(Praelectiones ... de judiáis ecclesias - 
ticis, vol. i, n. 471): 

Relative excluduntur ill¡ qui in certa causa 
aliquod habent interesse tnorale, nempe ex 
animi affectatione aut patrimoniale, quia 
netno testis in causa propria, juxta 1.10 ff. 
De test, Nullus idoneus testis in re sua in - 
telligitur . Hic testes esse non possunt. 

...2) Parentes pro filiis et vicissim... 
consanguinei, affines in testimonio javorabili 
ferendo pro suis arete conjunctis sunt sus¬ 
pecti. 

Según lo expuesto, por tanto, podemos 
concluir: 

Primero —Los cansanguíneos en cual¬ 
quier grado de línea recta y los herma¬ 
nos y afines en primer grado colateral 
pueden ser testigos en causas de divor¬ 
cio quoad thorum et cohabitationem 
de los suyos. 

Segundo —Para que puedan ser reci¬ 
bidos a testimonio dichos consanguíneos 
se requiere que lo que éstos puedan de¬ 
clarar sea muy importante en la causa 
y que no pueda obtenerse por otros 
medios probatorios. 

Tercero —Dichos consanguíneos pue¬ 
den ser rechazados conforme a derecho 
como testigos sospechosos. 

Mons. Fidel León Trian a 
Protonotario Apostólico 


Problemas católicos del presente 

Insertamos este importante artículo como uno de los más perspicaces comentarios 
a que ha dado lugar la invitación hecha desde estas páginas por uno de nuestros 
directores. 


He leído con sumo interés sus obser¬ 
vaciones con las cuales estoy esencial¬ 
mente, perfectamente de acuerdo. Qui¬ 
siera, sinembargo comentar ciertos pun¬ 
tos que me han interesado muy particu¬ 
larmente. Después de notar que, en ge¬ 
neral, el estado del catolicismo en Co¬ 
lombia y, por ende, en muchos otros 
países, es firme, dentro de la ortodoxia 
y vinculado estrechamente a las realida¬ 
des nacionales, apunta usted con sobra¬ 
da razón la escasez de clero y el gra¬ 
vísimo problema que esa falta represen¬ 
ta para los destinos y el bienestar de la 


Iglesia. Pero la cuestión específica que 
me interesa en extremo y que plantea 
un problema de mucha trascendencia es 
acerca de la colaboración con los cató¬ 
licos norteamericanos. 

Dos dificultades sugiere usted: 
1—¿Qué ayuda está recibiendo Hispano 
América de los católicos norteamerica¬ 
nos? y 2—¿Está Hispano América dis¬ 
puesta a colaborar con los Estados Uni¬ 
dos en este terreno, prescindiendo de 
prejuicios históricos perfectamente ex¬ 
plicables? He aquí la esencia de la cues¬ 
tión. Todos hemos notado con satisfac- 





118 


REVISTA JAVERIANA 


ción la ida a la América Hispana de 
más de ISO sacerdotes estadouniden¬ 
ses, especialmente de la comunidad de 
Maryknoll, cuya labor en Chile, Boli- 
via, Ecuador y otros países está ya co¬ 
menzando a dar sus frutos. Esto es na¬ 
tural y lógico. Las vocaciones norteame¬ 
ricanas son relativamente numerosas. A 
pesar de las tremendas exigencias de la 
guerra y la presencia de muchos miem¬ 
bros del clero en las filas como cape¬ 
llanes, todavía es posible que muchos 
salgan hacia la América Hispana en es¬ 
ta misión que es no solamente religiosa 
sino también de fraternización entre los 
de la misma fe en las dos Américas. He 
visto en México la efectividad de la la¬ 
bor de los dos o tres franciscanos que 
han venido de los Estados Unidos y de 
Jos benedictinos que han logrado poner 
'en marcha varias obras de positivo be¬ 
neficio con miras exclusivamente al pro¬ 
greso moral y espiritual de aquel sector 
del pueblo mexicano con el cual entran 
en contacto. Pero me parece que más 
allá de la presencia de misioneros, por 
importante que sea, hay también el pro¬ 
blema capital de cómo compaginar el 
pensamiento católico de los Estados Uni¬ 
dos y de Hispano América. Francamen¬ 
te, encuentro que en muchos particula¬ 
res, estamos bien alejados ei uno del 
otro. A pesar de nuestra comunidad de 
fe y nuestra común ortodoxia bajo la 
autoridad suprema de la Sede Romana, 
nuestro enfoque, nuestro modo de pen¬ 
sar y nuestra apreciación de las reali¬ 
dades, responde muchas veces a un cri¬ 
terio que nos separa más bien que 
aproximarnos. La explicación en parte 
descansa sobre el hecho de que todos 
tendemos a pensar como nacionales y 
como miembros de una comunidad polí¬ 
tica y muy rara vez como católicos. La 
misma universalidad de nuestra fe se 
ve menoscabada a cada rato por la in¬ 
capacidad de los católicos de elevarse 
por encima de sus nacionalismos y ver 
claramente los problemas desde esta al¬ 
tura. Pertenecemos a la organización más 
universal del mundo; a la única que 
cuenta con la promesa formal de Dios de 


que no puede perecer. La confianza que 
debiera inspirarnos esta seguridad no se 
trasluce en una actitud vital. No opera¬ 
mos intelectualmente como católicos 
dentro de esta maravillosa universalidad. 
He aquí, me parece lo más grave del 
problema. Antes de que se pueda hablar 
de una colaboración entre los católicos 
hispanoamericanos y los norteamerica¬ 
nos, urge que haya una inteligencia que 
no es obra de las estrecheces puramente 
nacionales. En una palabra, si el católico 
colombiano que se acerca a este proble¬ 
ma piensa exclusivamente en colombiano 
primero y en católico segundo, jamás 
llegará a una inteligencia ipediana con 
un norteamericano que piensa primero 
en norteamericano y segundo en católico. 
Quiere decir que hay soluciones católi¬ 
cas que nada tienen que ver directamen¬ 
te con los países o con las patrias, que 
son de aplicabilidad universal, confor¬ 
me la situación particular. Ojalá que 
pudiéramos captar este sentido universal 
de los valores que nos ofrece la Iglesia. 
Su enseñanza social no se limita a una 
situación dada sino que forma el cuerpo 
de doctrina que todos debemos aceptar 
tal cual está expuesta. Aquí tendríamos 
la base de una comprensión. 

Reconozco como he de reconocer que 
es imposible que el católico se despo¬ 
je del bagaje intelectual y social que 
representa su nacionalidad y no hace 
falta que lo haga. Pero el proble¬ 
ma se dificulta enormemente cuando 
el católico vive más profundamente in¬ 
fluido por las tendencias puramente na¬ 
cionales y la mentalidad nacional que le 
ha formado que dentro de pensamiento 
de la Iglesia. El católico norteamerica¬ 
no es el producto especial de su medio. 
Es la mayor parte de los casos hijo o* 
nieto de inmigrantes europeos de cate¬ 
goría social inferior. Su lucha económi¬ 
ca ha sido tenaz. Su formación intelec¬ 
tual ha sido deficiente y solamente aho¬ 
ra comienza a modificarse. Ha vivido y 
sigue viviendo en general en «minoría» 
dentro de su propio país. Por considera¬ 
ciones talvez demasiado humanas, mu¬ 
chas veces no se atreve a ir contra la 


GLOSAS 


119 


corriente. Se halla incómodo cuando de 
cosas puramente católicos se trata fuera 
del ambiente restringido de su parroquia. 
Este católico que es el promedio de 
los Estados Unidos difícilmente puede 
elevarse a una gran altura en su pen¬ 
samiento y alcanzar esa visión a que 
nos referimos. El católico hispanoame¬ 
ricano ignora lo que han sido las visci- 
situdes y los contratiempos del catolicis¬ 
mo norteamericano. La epopeya del ca¬ 
tolicismo en Estados Unidos se distin¬ 
gue fundamentalmente de la que se rea¬ 
lizó en Hispano América y en esta di¬ 
ferencia de orígenes y de evolución es¬ 
triba una de las dificultades máximas. 
Para el hispanoamericano, el católico 
norteamericano es muchas veces dema¬ 
siado apegado a la organización, al fun¬ 
cionamiento, a lo puramente adminis¬ 
trativo. Sus parroquias están maravillo¬ 
samente bien organizadas; sus sistemas 
de contabilidad eclesiástica inmejora»- 
bles; sus seminarios verdaderos palacios 
comparados con los de otras partes. Pa¬ 
ra el católico norteamericano, la reli¬ 
gión en Hispano América es sentimen¬ 
tal, de puro almíbar sin sustancia. Hay 
mucho boato externo, mucha exteriori- 
zación de la fe y poca vida interna. La 
Iglesia ha caído en la apatía y la iner¬ 
cia según este criterio por encontrarse 
dominante y sin competencia. Ambos 
criterios pecan de inexactos, excepción 
hecha de ciertos casos. Pero traigo a co¬ 
lación este particular, para que veamos 
claramente que no existe en la actuali¬ 
dad la base indispensable para que los 
católicos de ambos continentes tenga¬ 
mos esa camaradería y esprit de corps 
necesario para constituir una fuerza vi¬ 
gorosa. 

Usted, Padre, toca el punto de orga¬ 
nización internacional. Creo que plantea 
usted un punto fudamental. Es sor¬ 
prendente que nuestros adversarios, es¬ 
pecialmente los de la extrema izquierda, 
poseen una organización extraordinaria¬ 
mente poderosa. Allá está el nunca bien 
mentado Lombardo Toledano, que pasea 
toda Hispano América como si nada que¬ 
dase más allá de la vuelta de la esquina. 


Su Confederación Latino Americana se¬ 
rá todo lo fea y deleznable que se quie¬ 
ra, pero constituye un organismo que 
patalea y se hace sentir. Los movimien¬ 
tos obreros dominados por el criterio 
comunista o comunistoide, tienen una 
organización internacional que respon¬ 
de a las necesidades de nuestros tiem¬ 
pos. Vivimos actualmente en un plano 
internacional. La solución nacional no 
satisface. Es indispensable que nos for¬ 
talezcamos de día en día y ningún país 
americano, solo y aislado, por fuerte que 
sea su catolicismo, puede resistir los 
embates de doctrinas e ideas que le azo¬ 
tan de fuera. Si no realizamos este tipo 
de organización internacional, me pare¬ 
ce que vamos destinados a una derrota 
descomunal en toda América. Mas vale 
que reconozcamos que el izquierdismo, 
influido por el creciente prestigio de 
la Unión Soviética va ganando terreno. 
No sería extraño que asistiéramos en la 
postguerra a un viraje decidido hacia 
la izquierda bajo la égida de esto que 
llamamos el nuevo sovietismo. ¿Qué re¬ 
sistencia puede ofrecer Hispano Améri¬ 
ca? ¿Qué fuerza posee para resistir una 
tendencia apoyada por el lustre y el 
brillo de una victoria de proporciones 
inauditas? Hispano América es débil; 
su economía frágil y el poderío sovié¬ 
tico no será despreciable, en los órde¬ 
nes sociales y económicos. Nuesto cato¬ 
licismo es la única fuerza contraria. Es 
el único lazo que une todas las naciones 
y a estas alturas, cuando la guerra va 
tocando a su fin, estamos todavía sin 
tener una idea firme y clara de lo que 
queremos hacer. Vivimos en medio de 
una nebulosidad tremenda. ¿Por qué no 
tenemos periódicamente congresos, con¬ 
ferencias y reuniones como los que con¬ 
voca Lombardo Toledano a cada rato, 
como aquel de Cali recientemente? ¿Por . 
qué vivimos ensimismados dentro de 
nuestras rspectivas fronteras sin la vis¬ 
ta puesta en lo que nos rodea y lo que 
hacen nuestros correligionarios más allá 
de esas fronteras? 

El momento es grave. Cada cosa que 
hacemos, aunque esté perfectamente 




120 


REVISTA JAVERIANA 


dentro del criterio del Vaticano, produ¬ 
ce la acusación de fascista, falangista y 
quintacolumnista. Estamos en gran par¬ 
te, confesémoslo con honradez, en un 
estado de ánimo que no dista mucho del 
derrotismo. No manifestamos fe ni agre¬ 
sividad en afirmar nuestra posición, por 
respeto humano en un momento en que 
insistir sobre la posición católica nos pa- 
rece a muchos separarnos demasiado de 
las corrientes democráticas del tiempo. 
Como si el pensamiento católico en ma¬ 
teria social no fuese infinitamente más 
democrático y menos democratero que lo 
que predican muchos demócratas de 
última hora por allá. No manifestamos 
nada en cuanto al mundo que nos es¬ 
pera después de la guerra. El Romano 
Pontífice ha hablado, clara y terminan¬ 
temente. ¿Qué hacemos los católicos-ma¬ 
sa, para difundir hasta el último rincón 
de cada país esas elocuentes palabras? 
Relativamente nada. El predominio de 
los principios y de la moral, sin el cual 
nnguna paz puede ser duradera, se ha 
expresado con claridad meridiana por 
la Santa Sede. Y nosotros, los seguidores 
aparentemente fieles del Romano Pon¬ 
tífice, indiferentes como si la cosa no 
fuese con nosotros. La opinión pública 
no es cosa de unos cuantos. Somos la 
mayoría en toda Hispano América, pero 
según las apariencias y la pasividad de 
nuestra gente, damos la impresión de 
ser una sectilla de muchas más o menos 
como los adventistas o los pentecostales. 
Está' muy mal esta indiferencia y esta 
apatía. Estamos dejando que los demás 
nos arrebaten todo. En materia social, 
con la brillante tradición de siglos en 
que la Iglesia ha hecho más que cual¬ 
quier otra institución, estamos mal. Las 
izquierdas han tomado la delantera pa¬ 
ra acaparar la defensa del indio. Son los 
que se proclaman defensores del pro¬ 
letariado. Son ellos quienes hablan de 
repartición le tierras y de riqueza como 
si nosotros, los católicos, con las sabias 
orientaciones de Rerum Novarum, y 
Quadragesimo Anno, fuésemos partida¬ 
rios furibundos del capitalismo. 


Lo grave es que para que esta doc¬ 
trina social, apartándose de lo que us¬ 
ted acertadamente llama su carácter lo¬ 
cal, regional o lugareño, brille por su 
justicia y cordura, tenemos que enten¬ 
dernos con muchos de nuestros propios 
correligionarios. Cuánto daño no nos ha 
hecho la obsecación de los que ven en 
el catolicismo la defensa de una esta¬ 
bilidad que es solamente defensora de 
su propio bienestar económico. Cuántos 
católicos que figuran entre los terrate¬ 
nientes y los capitalistas no son los peo¬ 
res enemigos con que contamos dentro 
de la Iglesia, porque no acatan la volun¬ 
tad del Sumo Pontífice. Me parece que 
hay que decir las cosas pan pan, vino 
vino. Que estos grandes señores que 
creen que la religión nuestra es simple¬ 
mente amparo para la perpetuación de 
un orden social injusto, lean las pala¬ 
bras de las encíclicas. No es un hombre 
cualquiera quien habla. Es el Vicario de 
Nuestro Señor en la tierra. Lo que dice 
León XIII y Pío XI del acaparamiento 
de la propiedad debiera hacer pensar 
un poco los que invocan el catolicismo 
para defender el statu quo. Este no es 
modo de combatir las extravagancias y 
los errores del comunismo. La única ma¬ 
nera es recobrar esos bríos que distin¬ 
guieron a los católicos de siglos anterio¬ 
res y combatir al igual la nefasta influen¬ 
cia del capitalismo desorbitado y fu¬ 
nesto y los errores crasos del comunis¬ 
mo y el socialismo. 

Dios quisiera que tomáramos a pecho ' 
las enseñanzas de las encíclicas que nos 
hiciéramos soldados de fila en esta lu¬ 
cha, insistiendo en que una sociedad 
cristianamente organizada no es una so¬ 
ciedad como la actual que no ofrece 
promesas de mejoría ni de felicidad más 
que para una minoría privilegiada. Le¬ 
vantémonos contra la especie de que pre¬ 
ferimos ver la continuación del actual or¬ 
den, antes de tocarlo en lo más mínimo. 
Este estancamiento que no rechazamos 
por indigno, nos ha hecho mucho daño. 


Ricardo Pattee 



Revista dej libros 

América—G arneau, Ludwig, Hervé, Peralta, Biblioteca de 
Historia nacional de Colombia. 

Ciencias eclesiásticas —Rosero y Castañeda. 

Derecho —Radbruch y Carlile, Le Fur y Délos, De la Briére 
S. J., Weckmann, Liscano. 

_ Literatura— Scarpa, Glarner, Claudel, Torres Frías De la 
Peña, Marzal, Buck, Del Valle Arizpe, Utrera, Grases, 
García Bacca, Thériault, Ritter Aíslan. 

* Pedagogía —Mijares, 

M edicina —Bon. 

Universidad—De Labougle. 


AMERICA 

por Manuel José Forero 

® La obra Histoire du Cañada , escrita por 
Fran^ois-Xavier Garneau, revisada y au¬ 
mentada por Héctor Garneau; y publicada 
por las Editions de l'Arbre (60 ouest; rué 
Saint Jacques, Montreal), es uno de los 
libros clásicos de la historia americana. 
De consiguiente, su reimpresión actual ba¬ 
jo el cuidado del nieto del ilustre historiador 
constituye un acontecimiento importante pa¬ 
ra las letras. Es evidente que solo ahora 
nos ocupamos del inmenso país del nor¬ 
te, cuya historia se halla tan unida a los 
anales de la vieja Francia y de la coloni¬ 
zadora Inglaterra. Por lo mismo, una obra 
seria, documentada y agradable como la 
que mencionamos, se convierte en mate¬ 
ria de sabia lectura y de sólido alimento 
intelectual. 

• Acerca de la personalidad política de 
Mackenzie King, uno de los más reputados 
hombres de gobierno del ( Canadá, ha tra¬ 
zado la pluma de Emil Ludwig un bosque¬ 
jo sagaz y profundo. En 96 páginas pre¬ 
sentan las Editions de l'Abre, de Montreal, 
un cuadro animado del panorama actual del 
norte de^ América, de sus relaciones con 
la metrópoli londinense, de los hombres 
que sirven al Canadá, y —particularmente— 
de^ Mackenzie King, que ocupa lugar el 
más alto y notorio en su vida política. De¬ 
be ser aplaudida, una vez más, la célebre 
editorial canadiense por sus buenas contri¬ 
buciones a la cultura americana y al cono¬ 
cimiento recíproco de sus regiones geo¬ 
gráficas. 

• En noviembre de 1931 publicó en Pa¬ 
rís Gustave Herve su obra Historia de 
Europa, destinada a dibujar en sus térmi¬ 


nos generales la fisonomía del viejo conti¬ 
nente. Quiso llevar a todas las manos ese 
cuadro, y demostrar vigorosamente cómo 
sin la noble y recia mano del cristianismo 
medioeval, Europa habría caído en la bar¬ 
barie.^ Tal es la afirmación del historiador 
francés. Debemos hoy a la Editorial caf, 
de México, una reproducción de la obra 
citada, que por sus caracteres internos y 
externos, (es decir, por su traducción bien 
hecha y por su finura de estampa), debe 
figurar en todas las buenas bibliotecas. Lar¬ 
ga meditación se deriva de cada una de las 
apreciaciones del excelente libro, cuya opor¬ 
tunidad es indiscutible. 

® , A propósito del célebre don Agustín de 
Itúrbide han sido numerosos los escritos rea¬ 
lizados por quienes aprecian, ya su vigoro¬ 
sa ambición de caudillo, ya su personalidad 
legendaria y hermosa. A don Hernán G. 
Peralta debemos hoy la obra en algo más 
de 300 páginas intitulada Agustín de ¡tur - 
bidé y Costa Rica, que constituye una va¬ 
liosa contribución al estudio de lo que fue 
el imperio mexicano de los primeros años, 
y el origen de la república centroamericana. 
Es claro testimonio de la seriedad del li¬ 
bro su vasta documentación y el discretí¬ 
simo aprovechamiento de las fuentes his¬ 
tóricas de que se nutre. El criterio es ele¬ 
vado y noble; como corresponde al con¬ 
cepto moderno y más puro de la historia 
como ciencia y como filosofía. 

• Con motivo del centenario de don Vi¬ 
cente Azuero publicó la Biblioteca de His¬ 
toria nacional de Colombia un volumen ti¬ 
tulado Documentos sobre el doctor Vicente 
Azuero; tales papeles fueron preparados por 
los académicos Guillermo Hernández de 
Alba y Fabio Lozano y Lozano, deseosos de 




122 


REVISTA JAVERIANA 


consagrar un homenaje a la memoria de 
aquel repúblico de la Nueva Granada, y sir¬ 
ven con eficacia para describir lo que fue¬ 
ron aquellos años lentos de la nacionalidad 
y las acciones de sus hombres públicos. 
Estas compilaciones de documentos prestan 
alto servicio a los historiadores, porque 
presentan con claridad el panorama que de 
otro modo podría ser oscuro, o indescifra¬ 
ble acaso. Las prendas de laboriosidad de 
los doctos académicos de la historia quedan 
demostradas una vez más para sus muchos 
lectores y admiradores. 

DERECHO 

por Alonso Ortiz Lozano 

• Le Fur, Délos y Radbruch y Carlyle. 
Los fines del derecho (en 8®, 186 págs., Ed. 
jus; México)—Traducción de Daniel Kuri 
Breña. Tres autores de reconocida sabiduría 
en las disciplinas de la filosofía del derecho 
y un historiador no menos versado en esos 
temas nos presentan en animado concierto 
los trabajos que sobre teleología jurídica ela¬ 
boraron para presentar en el tercer congre¬ 
so del Instituto Internacional de Filosofía del 
Derecho y de Sociología Jurídica. Son com¬ 
pendiosos estudios en que la precisión cien¬ 
tífica, la fuerza dialéctica y el amor a la 
ciencia pura se dan cita para ofrecernos 
dilucidados los temas del bien común, la 
justicia y la seguridad como fines del de¬ 
recho. Los dos primeros autores sostienen 
que estos son los fines u objetos del de¬ 
recho, y que hay entre ellos perfecta armo¬ 
nía. No así el tercero que sustenta la te¬ 
sis de que «el bien común, la justicia y la 
seguridad, ejercen un condominium sobre 
el derecho, no en una perfecta armonía, sino 
en una antinomia viviente». Autores hay 
que sostienen que el fin primordial dél de¬ 
recho es la seguridad (Recaséns Siches) 
sin desconocer que existen valores superio¬ 
res como la justicia. En cierta manera el 
trabajo de Carlyle de índole histórica con¬ 
firma a través de las edades la permanen¬ 
cia de los tres fines aquí expuestos y nos 
presenta una admirable síntesis del pensa¬ 
miento jurídico sobre tan interesantes pun¬ 
tos. Sinceros parabienes merece la edi¬ 
torial Jus por la edición de esta obra de 
tan subida importancia para la ciencia del 
derecho. 

• Brierb Yves de la, s. j.. El derecho de 
7a guerra justa. Tradición teológica y adap¬ 
taciones contemporáneas (en 8 9 , 266 págs., 
Ed. jus; México. Traducción de Luis Is¬ 
las García)—El ilustre intemacionalista pa¬ 
dre Yves de la Briére, S. J., ha escrito una 
obra que reviste palpitante actualidad. Po¬ 
demos dividir su tratado en dos partes bien 
determinadas: comprende la primera la de¬ 
finición de la guerra y las teorías al res¬ 
pecto; el estudio de los textos evangélicos 
y su interpretación, el cristianismo primiti¬ 
vo y la guerra; el derecho de guerra en los 


Santo Padres y las ideas que sobre el pro¬ 
blema a la luz de la moral y del derecho 
tenían los teólogos, canonistas y juristas 
desde la edad media hasta tiempos recien¬ 
tes. Resalta por ser la doctrina predomi¬ 
nante en todo ese período y por tener aún 
vigencia según los principios de la filosofía 
perenne la tesis tomista que considera legí¬ 
timo el recurso de la guerra cuando se reú¬ 
nen las tres condiciones de la autoridad com¬ 
petente, la causa justa y la recta intención. 
La segunda parte comprende los principios 
del derecho de gentes propiamente dicho 
y que hacen relación con la guerra; su de¬ 
claración, su regulación, desarrollo, desen¬ 
lace, la paz justa; las sanciones etc., pa¬ 
ra terminar con la crítica a la teoría tradi¬ 
cional de la guerra justa. 

Es una obra en que se hermanan la pro¬ 
funda versación del tema, la claridad y su¬ 
tileza de los conceptos, la admirable visión 
del conjunto, la comprensión del problema 
en todos sus aspectos, la perfecta conca¬ 
tenación de los enunciados, la sabia ordena¬ 
ción de los capítulos y la forma magistral 
como nos presenta la evolución de las doc¬ 
trinas desde los orígenes hasta nuestros días, 
para mostrarnos el paso de la justicia pri¬ 
vada a la ya casi en vigencia de los siste¬ 
mas orgánicos del derecho internacional que 
harían posible la supresión del derecho de 
guerra para resolver los conflictos entre los 
estados. 

• Weckmann Luis, La Sociedad Feudal , 
Esencia y supervivencias (en 8 9 , 238 págs., 
Ed. jus; México)—La institución que ca¬ 
racterizó la edad media y el producto genui¬ 
no de esa época en el orden social lo cons¬ 
tituyó el feudalismo, organización vilipen¬ 
diada aún en nuestros días debido en gran 
parte a un conocimiento inadecuado de la 
misma. A reivindicar en cierto modo es¬ 
te fruto glorioso del medioevo y a mostrar¬ 
nos la realidad de su constitución viene la 
obra de Weckmann que fundado en las fuen¬ 
tes documentales de la época nos da la no¬ 
ción exacta del régimen y los elementos 
primordiales que la formaban. Adquirimos 
así una idea objetiva de su trayectoria, de 
su razón de ser, de las modalidades que 
revistió en los diferentes países europeos, 
de las causas que le dieron nacimiento y 
de los motivos que determinaron su deca¬ 
dencia. Nos hace ver cómo un espíritu in¬ 
tensamente cristiano informaba su conte¬ 
nido y cómo culminó en el siglo xm con el 
ideal caballeresco, el gótico magistral, la 
inspiración teológica del Dante y la profun¬ 
didad razonadora del Aquinate. Estudios de 
esta clase contribuyen a borrar prejuicios, a 
esclarecer hechos que la pasión ha ensombre¬ 
cido y a dar en forma sintética una visión 
global del feudalismo en sus fases más 
salientes. 

® Liscano Tomas, La responsabilidad civil 
del delincuente (en 89, 126 págs.. Tip. La 


REVISTA DE LIBROS 


123 


Nación; Caracas)—El doctor Tomás Liscano 
ha reunido en este pequeño volumen sus 
estudios sobre responsabilidad civil, su ex¬ 
tensión y efectos al tenor de las disposicio¬ 
nes del título íx del código penal venezola¬ 
no, y presentados con ocasión del iv congre¬ 
so de colegios de abogados que tuvo lugar 
en la ciudad de Barquisimeto. En cinco ca¬ 
pítulos de la primera parte analiza el articu¬ 
lado del código penal sobre la materia y es¬ 
tablece las comparaciones con lo que al 
respecto rige en algunos códigos modernos 
especialmente el colombiano y el cubano. 
En la segunda parte se insertan considera¬ 
ciones sobre algunos puntos del mismo te¬ 
ma que vienen a complementar lo antes di¬ 
cho. El autor dilucida, interpreta y critica 
los diversos artículos para dejar en claro 
algunas consideraciones y hacer resaltar las 
deficiencias ya que en él no se contempla 
la reparación del daño moral que hoy for¬ 
ma parte de las leyes penales de los países 
avanzados en la materia. 

LITERATURA 

por Nicolás Bayona Posada 

• El infatigable antologista Roque Esteban 
Scarpa, de quien hemos comentado elogiosa¬ 
mente en estas mismas columnas numerosas 
selecciones, acaba de publicar, con el título 
de Voz celestial de España, una nueva an¬ 
tología que es, para nosotros, la mejor en su 
género que se haya hecho hasta ahora y la 
mejor también del admirable investigador. 
Se ha dicho que la literatura española vis¬ 
te sotana, y es evidente que todos los gran¬ 
des autores españoles se caracterizan prin¬ 
cipalmente por su religiosidad. Si fuera ne¬ 
cesario una prueba más de esta aseveración, 
la linda antología de Scarpa (901 págs., Zig- 
Zag) sería esa prueba: allí se recoge lo más 
bello que, en el campo de la poesía religio¬ 
sa, abunda en el Poema del Cid, en el de 
Santa María Egipciaca, en el teatro de to¬ 
dos los tiempos, y en las obras de Berceo, 
Alfonso el Sabio, el Arcipreste de Hita, el 
canciller López de Ayala, Pablo de Santa¬ 
maría} Fernández de Jerena; Villasandino, 
Pérez de Guzmán; el marqués de San- 
tillana, el infante don Pedro de Portugal, 
Alvarez Gato. Rodríguez del Padrón. Gó¬ 
mez Manrique, Frey Gauberte, Vélez de 
Guevara, Nicolás Núñez, Guillén de Sego- 
via, Juan Tallante, Fray Hernando de Tala- 
vera, Iñigo de Mendoza. Juan del Enzina, 
Torres Naharro, Gil Vicente, Juan de Timo- 
neda, Esteban de Zafra, Castillejo, Santa 
Teresa, Silvestre, Fray Luis de León, Ma¬ 
lón de Chaide, Herrera, Céspedes, Cabre¬ 
ra. Aldana, San Juan de la Cruz, Cervan¬ 
tes, Ubeda, Salinas, Valdivieso, Góngora, 
Lope, los Argensolas, Tirso, Quevedo, Rio- 
ja, Villamedina, Calderón de la Barca, Me- 
féndez Valdés, Rjeynoso. Lista, Moratín, 
Zorrilla, Núñez de Arce, Campoamor. Béc- 
quer, Gabriel y Galán, Verdaguer, Mara- 


gall, Salvador Rueda, Unamuno, Valle In- 
clán, Ricardo León, Villaespesa, Marquina, 
los Machados, Juan Ramón Jiménez, Pe- 
mán, León Felipe, Gerardo Diego, García 
Lorca, Rafael Alberti y muchos otros. Con¬ 
fiamos en volver algún día sobre este libro, 
puesto que su estudio no cabe en los estre¬ 
chos moldes de una noticia bibliográfica. 

• Eduardo Ritter Aíslan, el queridísimo 
amigo a quien correspondió el honor de en¬ 
cabezar la lista de los panameños doctora¬ 
dos en nuestra Universidad, ha publicado, 
con el título de Nenúfares una nueva colec¬ 
ción de sus poesías. Breves en cantidad y 
en extensión, los poemas de Ritter son poe¬ 
sía pura, poesía hondamente emotiva, poesía 
de aquella que se agarra al alma y que no 
se desprende jamás de la memoria. 

® En María Torres Frías alienta una poe¬ 
tisa de las mejores, y una mujer aceradamen¬ 
te femenina. Ritmo sonoro, la última de sus 
colecciones poéticas, bellamente impresa en 
Buenos Aires en nítido volumen de 142 pᬠ
ginas, nos la muestra como un alma de se¬ 
lección, quemada por la fiebre del ideal, 
anhelante de goces puros y enemiga irrecon¬ 
ciliable de todo lo vulgar y pedestre. Poe¬ 
mas hay en este libro que nos parecen autén¬ 
ticas joyas de oro puro. 

® Entre los muchos libros que ya se han 
publicado por los corresponsales de guerra, 
pocos tan interesantes como el de Andre 
Glarner que lleva por título De Montmar - 
tre a Trípoli y que la editorial canadiense 
L'Arbre acaba de editar en pulcro volumen 
de 260 páginas. Los solos títulos de algu¬ 
nos capítulos son suficientes para que el lec¬ 
tor de esta nota procure adquirir ese libro 
cuanto antes: La guerra era inevitable. El 
imperio italiano se desmorona. La evacúa - 
ción de Grecia, Carros y artillería, Churchill 
entre las tropas. Siria independiente etc. 

• Desde que la compañía de Jouvet electri¬ 
zó a Bogotá con la obra maestra de Paul 
Claudel anhelábamos ardientemente la di¬ 
vulgación de esa obra en castellano. Por eso 
nos ha sido especialmente grato el envío de 
un ejemplar de La anunciación, nombre que 
lleva la pieza francesa en la muy esmerada 
traducción de Efraín González Luna, impre¬ 
sa por la Editorial Jus, de México, en ele¬ 
gante volumen de 318 páginas. Los admira¬ 
dores del genial dramaturgo estamos, pues, 
de plácemes. 

• Doña María Torres Frías es no solamen¬ 
te una admirable poetisa en verso sino que 
acaso lo es más en prosa. Decimos esto por¬ 
que su libro Hontanar puede y debe consi¬ 
derarse como una espléndida serie de lin¬ 
dísimos poemas en prosa: tan grande es la 
emoción, tan penetrante el calor humano, tan 
elevados los pensamientos y tan exquisita la 
música de tal libro. Para los catadores de 
belleza pura será Hontanar un verdadero 
banquete espiritual. 




124 


REVISTA JAVERIANA 


• Entre las muchas monografías que hemos 
leído en relación con la novela moderna qui¬ 
zá ninguna nos ha llamado tanto la aten¬ 
ción como la que con el título de La Novela 
moderna: Su sentido y su mensaje, acaba de 
publicar Carlos Héctor de la Peña en lin¬ 
do volumen de 191 páginas impreso por la 
Editorial Jus, de México. Y es porque el 
distinguido escritor no se conforma con la 
parte esencialmente literaria sino que, pe¬ 
netrando a fondo en el terreno de la más 
compleja filosofía, ensaya una interpreta¬ 
ción de la novelística nueva a través de las 
complicadas teorías del tiempo y el espacio. 
No estamos de acuerdo en algunos puntos 
con las opiniones del señor de la Peña, pero 
nos complacemos en reconocer su absoluta 
probidad intelectual. 

• El reverendo padre Juan Marzal es un 
jesuíta eminente, un patriota distinguido y 
un dramaturgo de los mejores. No debe ex¬ 
trañarse. en consecuencia, que su libro Fe 
y patria (180 págs., en 4?. Imprenta Ferra¬ 
ri de Buenos Aires) contenga una linda 
colección de bellísimas obras dramáticas re¬ 
lativas a San Ignacio de Loyola, a San Luis 
Gonzaga y al cardenal Belarmino en la pri¬ 
mera parte y a los héroes de la epopeya 
argentina en la segunda. Ojalá aprovechen 
nuestros educadores muchas de las piezas 
del padre Marzal 

© Los novelistas modernos han hecho de la 
novela un vehículo para la expresión de te¬ 
sis filosóficas o históricas, científicas o li¬ 
terarias. Con ello, es cierto, han levanta¬ 
do la alcurnia intelectual de un género que 
era antes de simple diversión, pero al mis¬ 
mo tiempo han restado a la novela uno de 
sus mejores encantos. De aquí que Pearl S. 
Buck, la notable escritora norteamericana, 
cuya obra principal. La exilada , nos brinda 
la Zig-Zag en volumen de 304 páginas, ha¬ 
ya obtenido un éxito incomparable en los 
últimos tiempos: sus novelas, aunque pa¬ 
rezca paradoja, son novelas auténticas, re¬ 
bosantes- de interés y de emoción, aunque no 
para todos los lectores a causa de un realis¬ 
mo a veces excesivo. 

© Con el titulo de Jardinillo seráfico y en 
bella edición de la Editorial Jus, de México, 
ha reunido Artemio del Valle Arizpe al¬ 
gunos escritos suyos relativos a mexicanos 
ilustres que pertenecieron a la comunidad 
franciscana y se hicieron notables en ella 
por su virtud y su saber. Se trata de un 
libro lleno de frescura y amenidad, de gra¬ 
cia y colorido del que no es hiperbólico afir¬ 
mar que recuerda, y mucho, una de las 
obras más bellas de la literatura univer¬ 
sal: Las florecillas. 

© El cuaderno número 46 de la Asociación 
de escritores venezolanos recoge algunos poe¬ 
mas de Miguel R. Utrera, uno de los me¬ 
jores poetas de la nueva generación venezo¬ 
lana. No se trata de obras maestras pero 


sí de poesías muy bellas en su mayoría en 
las que se anuncia un bardo de primera línea 
por la emoción, el vigor y el instinto es¬ 
tético. 

• Con motivo del cincuentenario de la apa¬ 
rición de Cosmópolis recogió Pedro Grases 
en un folleto publicado en Caracas por el 
Instituto Pedagógico Nacional los artículos 
doctrinales más importantes que vieron la 
luz en la importante revista, y los precedió 
de un prólogo en que reconstruye admirable¬ 
mente la época. Labor muy digna de aplau¬ 
so pues las colecciones de Cosmópolis son 
hoy día curiosidades bibliográficas y en esas 
páginas abundan escritos de verdadera tras¬ 
cendencia. 

„ © Sobre una anécdota muy interesante del 

general San Martín bordó el reverendo padre 
Juan Marzal un primoroso sainete en dos 
actos, rebosante de animación e interés como 
todas las obras escénicas del ilustre jesuíta. 
Aunque se trata de un tema argentino, es 
tan humano y tan simpático el argumento que 
la obra bien puede ser representada en 
cualquier país y en cualquier idioma. 

• Muy bien hizo el comité organizador de 
la exposición del libro venezolano en orde¬ 
nar la publicación del ensayo de Pedro Gra¬ 
ses titulado Contribución al estudio de la 
bibliografía caraqueña de don Andrés Bello. 
E hizo muy bien porque el tema es de 
enorme importancia para los humanistas, y 
porque el erudito estudio de nuestro emi¬ 
nente amigo no deja nada que desear. 

• Contes pour un homme seul es el título 
de un libro de Yves Theriault que publi¬ 
ca L'Arbre en elegante volumen de 196 pᬠ
ginas. El titulo no corresponde exactamente 
a la obra, pues si bien es cierto que hay 
en ella relatos bastante subidos de color, la 
mayoría de los cuentos que integran el to¬ 
mo son narraciones espeluznantes que re¬ 
cuerdan, sin igualarlas siquiera, las de Ed- 
gard Alian Poe y demás escritores tene¬ 
brosos. 

© Aburrido de leer en la prensa y de es¬ 
cuchar en el radio noticias contradictorias 
y exageradas sobre los incidentes de la gue¬ 
rra Juan David García Bacca se entregó 
por completo al estudio de las causas de la 
superioridad de los griegos. Leyó mucho, 
investigó mucho, meditó más, y al fin pu¬ 
do brindarnos el resultado de su labor en 
un folleto bellamente presentado por el Ins¬ 
tituto de Investigaciones Estéticas de la 
Universidad Nacional de México con el tí¬ 
tulo de Sobre estética griega. Nos hallamos 
en franco desacuerdo con algunas de las 
teorías emitidas allí, pero no negaremos que 
se trata de una obra intensa y profunda, ori¬ 
ginal y audaz. 

MEDICINA 

• El público hispanoamericano debe agra¬ 
decer profundamente a la editorial «Luis 


REVISTA DE LIBROS 


125 


Pasteur» de Buenos Aires, la publicación 
en nuestra lengua del Resumen de Medicina 
católica . escrito en francés por el doctor 
Henri Bon. 

No se trata simplemente de una deonto- 
logia médica más o menos secularizada; ni 
siquiera de la moral profesional a estilo 
del P. Payen, muy meritoria y entre pa¬ 
réntesis difícil de adquirir actualmente. 
Claro está que el doctor Bon dedica su ca¬ 
pítulo nutrido y seguro a las relaciones en¬ 
tre colegas, secreto profesional, leyes socia¬ 
les. operaciones peligrosas o a escondidas 
del enfermo, etc. Dos cualidades, distinguen 
la presente obra entre sus similares: el as¬ 
pecto positivo de las soluciones y la ampli¬ 
tud de los temas que estudia con excelente 
información, criterio recto y honradez cien¬ 
tífica. A las veces nuestros libros de mo¬ 
ral semejan una patología del espíritu, en 
la cual se estudian todas las llagas, pero sin 
dar una idea cabal de la armonía, altura y 
prodigiosa penetración de la moral católica, 
tan divina y tan humana; tan idealista y tan 
penetrada de la realidad; tan alta porque 
viene de Dios y tan conocedora de nuestra 
pobre naturaleza caída. 

Querer separar los problemas médicos de 
la metafísica es tan imposible como pres¬ 
cindir de las matemáticas en el estudio de 
la física. La medicina atea no puede ser la 
misma que la medicina católica; aceptar 
o negar la existencia del alma y la de los 
seres sobrenaturales que pueden actuar es¬ 
piritual y materialmente sobre nosotros, al¬ 
tera la morfología, la fisiología, la patología, 
la terapéutica, la deontología. 

Existen centenares de tesis universitarias 
en todos los países, destinadas a los pro¬ 
blemas^ médico-religiosos; el Bulletin de la 
Societe Medícale de Saint Luc t abunda en 
estudios de esta naturaleza y en cualquier 
revista médica, a poco de hojearla, se en¬ 
contrará una monografía en pro o en contra 
de las tesis espiritualistas. 

Este manual moderno, bellamente impre¬ 
so. de seiscientas páginas, adornado con re¬ 
súmenes claros de cada capítulo, trata en el 
primero de las relaciones entre la medici- 
na.y la religión, luego de la colaboración re¬ 
ligiosa del médico en peritazgos, cultos no 
católicos etc., hace el estudio médico de la 
vida de Nuestro Señor, estudia las relacio¬ 
nes entre el alma y eí cuerpo, la vida es¬ 
piritual, las funciones de reproducción y la 
muerte. En los prodigios biológicos da la 
clave para distinguir un verdadero milagro 
de una imitación, y tiene páginas admirables 
sobre la diferencia entre la mística autén¬ 
tica y la falsa; entre los éxtasis, pongamos 
por caso, de Santa Teresa y los de Sakya 
Muni. A este propósito trae a cuenta un 
importantísimo testimonio de Bergson que 
no ha sido suficientemente conocido, sobre 
el equilibrio, la alegría y la capacidad para 
la vida de acción, la adaptación y readap¬ 
tación ante las circunstancias externas, de 


los verdaderos místicos, los cuales han sido 
grandes constructores de obras benéficas. 

No deja de exponer el factor religioso en 
las enfermedades, los problemas de tera¬ 
péutica y profilaxis, lo relativo a la medi¬ 
cina militar, experimentación, duelo, suici¬ 
dio. cremación de los cadáveres para con¬ 
cluir con el oficio del médico en lo relativo 
a los sacramentos: bautismo intrauterino, 
impotencia etc. 

Este libro merece todas nuestras recomen¬ 
daciones por la seguridad de la doctrina teo¬ 
lógica y moral, no menos que por la hon¬ 
rada exposición de los problemas; en él 
aparece con claridad meridiana, que no hay 
oposición entre las doctrinas sapientísimas 
de la Iglesia y los más audaces descubrimien¬ 
tos de la ciencia; que el médico católico no 
puede ser tachado de inhumano al no em¬ 
plear por ejemplo el llamado aborto tera¬ 
péutico; allí encontrará no solo el faculta¬ 
tivo sino también el sacerdote, el padre de 
familia, el estudiante de universidad, los da¬ 
tos necesarios para resolver mil problemas 
relativos a la castidad juvenil. Aunque al¬ 
gunos capítulos sean rápidos y a nuestro 
parecer un tanto elementales, la dirección 
general es segura y revela una inmensa in¬ 
formación. 

Nos apena encontrar en la traducción, bas¬ 
tante correcta en general, plétora de qués 
galicados (véanse por ejemplo las páginas 
174. 189, 415) y algún error que no puede 
ser calificado de venial en un traductor, por 
ejemplo en la página 184: «conjunto» por 
«cónyuge» del francés «conjoint». 

Pero estas son pequeneces: léase lo rela¬ 
tivo a la confesión, que es la mejor psicote¬ 
rapia. a la oración, al pecado y a la salud, 
a la castidad y la fisiología y no podrá me¬ 
nos de admirarse la discreción y la delica¬ 
deza junto con la exactitud, cualidades muy 
difíciles de reunir en obras de esta natu¬ 
raleza. 

Francisco José González S. J. 
PEDAGOGIA 

por Romeo I. Borja, S . J. 

• Educación, por Augusto Mijares, Méxi¬ 
co, 1943. Valioso folleto de apenas 84 pᬠ
ginas, pero con líneas e ideas muy bien 
apretadas y destiladas. Se enfocan, con gran 
conocimiento del medio, algunos problemas 
de orientación educativa «que son también 
problemas políticos y sociales», pertinentes 
a Venezuela —la patria del autor, en don¬ 
de sabemos que trabajó generosa y cientí¬ 
ficamente como director de educación se¬ 
cundaria, superior y especial, durante el fe¬ 
cundo ministerio del doctor Arturo Uslar 
Pietri—. ¿Pero qué interesan a todos los 
educadores y políticos suramericanos, pues 
Sud América —con pequeñas diferencias— 
afronta idénticos problemas educacionales 
a los que preocupan a los pedagogos y go¬ 
bernantes de la patria de Bolívar? ¿No 




126 


REVISTA JAVERIANA 


sentimos todos la deficiencia de la educación 
profesional?; ¿no absorbe con frecuencia la 
educación del bachillerato todas las demás 
ramas de la educación?; ¿no estamos lle¬ 
nos de bachilleres y semibachilleres fraca¬ 
sados, que. fuera del doctorado, encuentran 
nula toda la educación que recibieron?. «En¬ 
noblézcase —dice Mijares— con estudios 
verdaderamente serios la agricultura, la edu¬ 
cación técnica, la milicia, el comercio etc., 
y entonces el bachiller no tendrá a menos 
entrar en esas carreras, ni se sentirá avergon¬ 
zado de su título incompleto». Establézcan¬ 
se. añadimos nosotros, bachilleratos espe¬ 
cializados para las artes y la técnica, orién¬ 
tese a la juventud desde sus comienzos ha¬ 
cia su propia vocación, mediante escuelas 
vocacionales. y habrá disminuido la plaga 
de los bachilleres fracasados y se habrá 
abierto un surco profundo a las riquezas 
nacionales. 

• Labougle Ricardo de. Universidad y De¬ 
fensa Nacional (en 8?, 202 págs., Imp. Ló¬ 
pez. Buenos Aires)—El señor presidente 
de la Universidad Nacional de La Plata so¬ 
metió al consejo directivo de la misma un 
proyecto de creación de la cátedra de defen¬ 
sa nacional como parte del curso de cultura 
general que allí funciona. El autor del pro¬ 
yecto recoge en este libro sus estudios so¬ 
bre tan interesante tema: se inserta prime- 
ramente una conferencia sobre la ciudadanía, 
y la milicia en la nación y luego los fun¬ 
damentos que sirven de base al proyecto 
confirmados en una serie de notas por la 
opinión de los principales jefes de las fuer¬ 
zas armadas argentinas. Como complemento 
de las ideas generales en que el autor ex¬ 
pone sus puntos de vista y que muestran su 
patriótica preocupación por los problemas 
patrios y su versación en asuntos relaciona¬ 
dos con la defensa de un país en los tiem¬ 
pos actuales, viene la discusión promovida 
con motivo de la promulgación de medidas 
tendientes a hacer posible la defensa de la 
ciudad de Buenos Aires en caso de un ata¬ 
que. Nos enseña este libro la preocupación 
de los hombres ,de Estado por crear dentro 
de la población civil argentina las capaci¬ 
dades y preparación suficientes para hacer 
frente a un conflicto armado de tan duras 
y violentas realidades como los modernos. 
Especialmente a los universitarios como fu¬ 
turos dirigentes se Ies dan los principios ge¬ 
nerales de la ciencia militar y de las caracte¬ 
rísticas de la guerra moderna, y esa la ra¬ 
zón para haber creado la cátedra de la de¬ 
fensa nacional. 

Alonso Ortiz Lozano. 

CIENCIAS ECLESIASTICAS 

• Rosero y Castañeda, Mons. Dr. Juan 
Bautista, Derecho Eclesiástico (en 8?, 563 


págs., Imp. del Clero; Quito. 1943)—Ob¬ 
serva muy sagazmente el autor, que el tra¬ 
tado dogmático De Ecclesia sigue necesa¬ 
riamente al De Verbo Incarnato, por ser 
esta divina institución el mismo Cristo mís¬ 
tico, difundido en el mundo para la salva¬ 
ción de los hombres. No se trata solamen¬ 
te en esta obra del derecho eclesiástico des¬ 
de el punto de vista canónico, sino de la 
constitución de la Iglesia, con sus cualida¬ 
des y notas, así como del sujeto de la po¬ 
testad eclesiástica. Termina esta parte con 
un jugoso apéndice sobre las relaciones en¬ 
tre la Iglesia y el Estado. En cuanto a la 
segunda parte, relativa a las leyes de la 
Iglesia, después de exponer en general los 
conceptos de derecho y las fuentes del ecle¬ 
siástico, trata de las personas y de las co¬ 
sas de acuerdo con la clásica división jurí¬ 
dica. Una tercera parte relativa a los Sa¬ 
cramentos. o sea, los frutos de la redención, 
encierra en breves páginas todos los aspec¬ 
tos, dogmáticos y canónicos fundamentales 
de la divina institución sacramental. 

Aunque el ilustre y venerable autor no 
haya querido sino «ofrecer a los centros cien¬ 
tíficos un libro en el cual se puedan encon¬ 
trar en forma sencilla, clara y fácil, doctri¬ 
nas vitales para la ortodoxia de un católico 
y que a la vez le orienten para estudios de 
mayor profundidad», no es posible hacer un 
compendio de alta vulgarización como este, 
en que^ se encierra de manera luminosa y 
breve inmensa cantidad de doctrina teoló¬ 
gica, moral y jurídica, sin poseer una vas¬ 
ta ciencia, admirablemente digerida y or¬ 
denada. El ilustrísimo Sr. Dr. Rosero y Cas¬ 
tañeda obtuvo hace muchos años su laurea 
doctoral en una de las más célebres uni¬ 
versidades romanas, y ha llegado a esas 
cumbres científicas muy difíciles de alcan¬ 
zar. en que todo el panorama se clarifica, 
en una síntesis superior, y todos los proble¬ 
mas se contemplan con la diafanidad y sen¬ 
cillez más puras, sub specie aeternitatis. 
Qué mezquina, contradictoria y enemiga de 
los hechos aparece, con solo leer a monse¬ 
ñor Rosero, la hipótesis de la «Iglesia ju¬ 
rídica». en contraposición con la «Iglesia es¬ 
piritual». El derecho eclesiástico sui gene - 
ris, es reflejo en lo temporal de una entidad 
divina, «el reino de Dios sobre la tierra». 
Con qué seguridad trata los grandes proble¬ 
mas de la jurisdicción episcopal, matrimo¬ 
nio. concordato etc. Con él, se siente el lec¬ 
tor seguro de estar con la Iglesia y con 
Cristo. Creemos sinembargo, que se hubiera 
podido explicar más claramente la diferen¬ 
cia . entre los llamados sacramentos de la 
antigua ley y los de la ley de gracia, porque 
en realidad difieren sustancialmente de acuer¬ 
do con la doctrina de San Pablo. Tal vez 
no se pueda hablar de «verdaderos sacra¬ 
mentos» bajo el régimen mosaico. 


Libros colombianos 


Rogamos a los autores colombianos que nos envíen sus publicaciones para anunciarlas 

oportunamente. 


Ospina S. 

Mariño. 

■ Ospina Eduardo, s. j.. La Iglesia cató¬ 
lica inmenso milagro (en 8 ? , 214 págs., Ed. 
Pax; Bogotá, 1945)—¿Apologética o apo¬ 
logía? De todas maneras, hechos contempo¬ 
ráneos, visibles y tangibles, cifras y esta¬ 
dísticas. abrir los ojos al milagro cotidiano, 
y todo esto en un estilo nuevo, diáfano, puro, 
exacto y casi matemático. Si esto es apolo¬ 
gía, es la misma de los apóstoles al atraer 
la atención sobre los milagros de Cristo 
físico: «Creed a las obras». En todo caso, 
es algo nuevo en nuestra lengua. Chester- 
ton nos había acostumbrado a ver milagros en 
las cosas más baladíes, pero el humor y la 
paradoja, nos ponían un tanto en guardia con¬ 
tra la seriedad fundamental de sus afirmacio¬ 
nes. Aquí la preparación intelectual, la hon¬ 
radez de un trabajador de la ciencia, se 
presenta con los atavíos de la belleza pero 
habla en un tono de dignidad seria y amable 
que impone. 

El P. Eduardo Ospina no es un improvi¬ 
sador. Graduado en la Universidad de Mu¬ 
nich. presentó como tesis un libro muy pen¬ 
sado sobre el romanticismo y sus caracte¬ 
res esenciales en la poesía lírica europea y 
colombiana. Su maestro Vossler. lo en¬ 
contró nuevo y dijo de él que era un puen¬ 
te entre la lírica europea y la americana. 
Dio la vuelta al mundo hispánico entre la 
admiración de todos los literatos y pensa¬ 
dores. Desgraciadamente hace tiempos se 
agotó esa edición y El Romanticismo del 
P. Ospina ya se puede contar entre las ra¬ 
rezas biblográficas. Ya en esa obra se veía 
al pensador, al artista, al maestro deslum¬ 
brado por el prodigio de la Iglesia. En se¬ 
gundo plano sus estudios literarios y artís¬ 
ticos, desde hace años profesor de teología 
en las Facultades Eclesiásticas de la Ja- 
veriana, el P. Ospina, infatigable colabo¬ 
rador de nuestra revista, estaba admirable¬ 
mente preparado para escribir la monogra¬ 
fía que comentamos, que pone muy alto el 
prestigio de nuestras letras y de nuestros 
intelectuales. Es un libro largamente medi¬ 
tado y amado en el secreto del estudio y de 
la oración antes de aparecer en las página* 
de Javeriana. El ha captado el milagro de 


J., Canal Ramírez, Escobar Alzate, Torres 


la Iglesia católica y su espíritu abierto a 
todo lo bueno y bello, ha vibrado con to¬ 
do el amor de una alma moderna ante ese 
milagro de amor. Y no solo ha vibrado, sino 
que ha sabido impregnar esas páginas de 
la misma emoción santificadora. El que 
dio su testimonio «delante de los hombres», 
de manera tan concreta, rápida y eficaz co¬ 
mo lo exige nuestro tiempo, puede esperar 
que Cristo «lo confiese también delante 
del Padre». 

* * * 

■ Canal Ramírez Gonzalo, Leonardo (en 
8°, 273 págs., Libr. Siglo xx; Bogotá. 1944). 
Canal Ramírez no es un novato en el ar¬ 
te de escribir. Viajes, crónicas y artículos 
de periódico han dado flexibilidad a su es¬ 
tilo, riqueza a su vocabulario y limpidez a 
su castellano sonoro entreverado de provin¬ 
cialismos concientes y artísticos. La trama 
de su novela es un simple y agradable pre¬ 
texto para decir a los colombianos que vuel¬ 
van a la tierra porque allí está el porvenir; 
para recordar a las nuevas generaciones la 
palabra de Barrés: «La religión, la tierra, 
los muertos». Casablanca es una afortu¬ 
nada réplica de la Tablanca perediana con 
todo el color del trópico; allí Canal Ra¬ 
mírez se encuentra en su centro. Cuando 
viaja, estudia en Roma y critica las ciuda¬ 
des. no se siente chez soi. Sus personajes 
exóticos tienen poca vida y verosimilitud. 
La cupletista, por ejemplo, es figura de Mar¬ 
te y no de la tierra. Más parecido tiene 
con las doncellas errantes de que nos habla 
el Quijote que con las cupletistas italianas 
de verdad. Su judío se hace católico sin 
que se adivine por qué. En todo el con¬ 
junto se ve nobleza, empuje juvenil Volcᬠ
nico y claro está con sus correspondientes 
escorias. Nada habría perdido la novela con 
suprimir (pág. 115) un párrafo barato so¬ 
bre los hijos naturales que parece tomado 
de una comedia de Linares Rivas. En cuan¬ 
to a los abogados la conclusión es muy 
aceptable: quien no tiene vocación no eli¬ 
ja esta carrera ni otra ninguna. Pedir que 
en un país no haya profesionales sino agri- 





128 


REVISTA JAVER1ANA 


cultores, sería excesivo y contra las pre¬ 
visiones del autor. No parece muy noble 
en el protagonista el abandono de Lucero, 
a pesar de los pesares, cuando va a ser ma¬ 
dre. En fin, todo termina bien como en las 
comedias, pero el argumento ofrece esca¬ 
brosidades que no la recomiendan para los 
jóvenes. 

■ Escobar Alzate Ramón, Ester de Ron - 
cesvalles (en 8*?. 182 págs., Bogotá; 1944). 
La tendencia del autor no puede ser más 
simpática: dar a conocer un rincón de 
Colombia, Roncesvalles. de admirable be¬ 
lleza y de fertilidad paradisíaca. Escobar tie¬ 
ne mucho de poeta, ya que vibra ante lo bello 
de la naturaleza y de la vida. Su oración an¬ 
te el cañón de San Marcos, recuerda leja¬ 
namente al Frate solé. En este y otros pa¬ 
sajes. su estilo, aún pedestre y escaso de 
recursos, alcanza un verdadero triunfo. Su 
concepto cristiano e idealista de la vida no 
se compadece con la afirmación crudamente 
freudiana de la página 8®, explicable por un 
contagio inconciente. Tendremos con el tiem¬ 
po en Escobar Alzate un buen escritor, con 
tal de que siga escribiendo y autocriticándose. 

* * * 

■ Torres Marino Rafael, El Agua (en 4 9 , 
127 págs., Ed. Lumen Christi, Bogotá; 
1945)—Este libro es el último de una trilo¬ 
gía. Lo completan Armonía física del mun¬ 
do y Geografía física. Ha querido el autor 
ayudar a los hombres, y en especialidad a 
los colombianos a conocer y apreciar el 
universo que nos rodea. La mente humana 
oscila entre lo subjetivo y lo objetivo. El 
niño es subjetivo. Cree que su débil razo¬ 
namiento es eje al cual deba subordinarse 
todo. El choque con la realidad y con ¡as 
influencias ambientales va volviendo a la 
mente objetiva, se va fijando en el mundo 
que lo rodea, estudia, observa y trata de 
acomodar, inteligencia, voluntad y fuerzas 
físicas personales al movimiento exterior. 
Pero generalmente este proceso de lo sub¬ 
jetivo a lo objetivo es parcial, y el hombre 
encerrado dentro de sí mismo, con poco es¬ 
tudio, escasa observación, falta de visión 
razona y discurre con lógica muchas veces 
pero con escasos datos. El vuelo de su men¬ 
te semeja el de una ave herida. Dice San¬ 
to Tomás que la mente humana aplicada for¬ 
malmente a conocer puede entender el uni¬ 
verso y del universo elevarse hasta una cau¬ 
sa suprema, es decir Dios. Por desgracia el 
hombre adolece de la pereza de pensar y 
no utiliza sino una parte tal vez pequeña de 
su mente. Por esto fue necesario una religión 
revelada. Estos pequeños libros ayudarán 
al hombre a pensar. En ellos encontrará 
un extractado pero bastante completo cono¬ 
cimiento del universo en que vivimos. El 
Agua objeto de este tercer libro, está estu¬ 
diada con especial atención y ha procurado 
el autor presentar un estudio completo y 
sencillo del vital elemento. Estos libros re¬ 


presentan el esfuerzo de una vida entera. 
El autor estudió y se graduó de ingeniero 
en una época en que tal estudio represen¬ 
taba un esfuerzo tal que constituía una ver¬ 
dadera creación. Rector al poco tiempo de 
la Escuela de Ingeniería contribuyó a cons¬ 
truir los fundamentos de nuestra moderna 
Facultad de Matemáticas e Ingeniería, hon¬ 
ra de América, generadora intelectual y 
moral de hombres, en su íntegra hombre- 
dad, matemáticos e ingenieros. Con Gon¬ 
zález Vásquez, los Morales Cisneros y Al- 
varez Salas, se internó en las selvas y pan¬ 
tanos. en el corazón de las cordilleras y 
tuvo parte en la construcción de los prime¬ 
ros eslabones de la actual cadena de nues¬ 
tras comunicaciones. En Lieja obtuvo el gra¬ 
do de ingeniero electricista. Europa fue pa¬ 
ra él* los saltos de agua, la electricidad» 
las represas, los lagos y los motores. 

Agricultor y ganadero, supo hacer brotar 
el trigo y el pasto de las malezas, y con¬ 
quistar para razas finas de ganado terrenos 
infestados por toda clase de endemias. Bus¬ 
có y encontró el agua en tierras que no la 
conocían, más que en la forma contingente 
de lluvia. Su objetiva actividad, no eludió 
el campo de acción de las guerras civiles de 
la época y formó entre los idealistas pero 
caballerescos guerreros, que consolidaron pa¬ 
tria y organizaron sociedad y cultura, apli¬ 
cando la fórmula agustiniana. No es lo 
mismo combatir a los hombres que odiar 
a los hombres. Su mente agitada en el sen¬ 
tido de lucha y creación pero animada por 
una alma tranquila, fría, desapasionada y 
dinámica, adquirió en el curso de su lar¬ 
ga vida, tan exacta apreciación del mundo 
fenomenal y objetivo, que sintió la nece¬ 
sidad imperiosa de comunicar a los demás 
la exacta y optimista visión con que el uni¬ 
verso real se presentaba ante sus ojos y su 
mente. Y es tan completa esta visión de 
lo exterior y objetivo que encuentra ex¬ 
presión real y exacta de los imponderables, 
y la expone en un libro que no forma parte 
de la trilogía pero sí del plan: Los juegos 
de azar. El azar y la contingencia tienen 
sus leyes sutiles y complicadas pero asequi¬ 
bles a la inteligencia. Su conocimiento or¬ 
dena, equilibra y serena la mente humana, 
Las compañías de seguros son ejemplo pal¬ 
pable de aplicación a la sociedad humana 
de las leyes de probabilidades. Y termino 
con una advertencia. No son estos libros 
de leer seguido y de una sola vez. Déjelos 
el lector a la cabecera de su cama para el 
rato de insomnio, al alcance de la mano para 
el descanso en la fatiga. Los datos y ver¬ 
dades que contienen penetrarán poco a po¬ 
co en su alma, le darán paz, sosiego, cono¬ 
cimiento del mundo objetivo y universal; 
lo elevarán poco a poco en sus cortos pero 
aprovechados ratos a un más claro conoci¬ 
miento de la Suprema Verdad. 

♦ \ 

José Torres Echeverría 


A nuestros amigos 


Colaboran : El venerable episco¬ 
pado americano por medio de su 
comisión permanente dirigió en no¬ 
viembre pasado el importante men¬ 
saje que publicamos en las Orien¬ 
taciones. A nadie escapa la tras¬ 
cendencia de tan autorizados con¬ 
ceptos en el presente momento in¬ 
ternacional, conceptos de doctrina 
católica que interesan inmediata¬ 
mente nuestra fe continental y am¬ 
paran la posición de los pueblos dé¬ 
biles en la peligrosa aventura de 
aplicar justicia para una paz segura 
y duradera. 

Sigrid Undset es el mayor valor 
literario de Noruega contemporᬠ
nea, es la mejor novelista de Eu¬ 
ropa, y una gloria de la Iglesia Ca¬ 
tólica. Nació el 20 de mayo de 
1882 en Kallundborg (Dinamarca) 
de una vieja familia noruega. Se 
convirtió al catolicismo en 1925 y 
obtuvo el premio Nobel de literatu¬ 
ra en 1928. La cumbre de su arte 
la logra en sus dos poderosas epo¬ 
peyas en prosa: Kristin Lavrans- 
datter y Olav Audunsson , califica¬ 
das como las mejores novelas his¬ 
tóricas de este siglo. Su actividad 
literaria comienza en 1907 y cul¬ 
mina en 1942. Ha colaborado en 
numerosas revistas europeas y 
americanas. Hoy nos honramos con 
una de sus más bellas páginas. 

El P. Amadeo Alvarez C . SS. R ., 
además de sus profundos conoci¬ 
mientos en ciencias sagradas y fi¬ 
losofía, cultiva las matemáticas, y 
su versación en ellas nos la paten¬ 
tiza hoy con su original nuevo ca¬ 
lendario, que estamos ciertos llama¬ 
rá la atención de cuantos vienen 


ocupándose hace años en este ur¬ 
gente y complejo problema. 

Jesús Emilio Ramírez , S. J ocu¬ 
pa actualmente la alta dirección 
del Instituto Geofísico de los Andes 
y es profesor de física en el Cole¬ 
gio de San Bartolomé. Hizo su ca¬ 
rrera de ciencias en la Universidad 
de San Luis; estudió en varias uni¬ 
versidades de Europa, y asistió al 
congreso meteorológico de Varso- 
via. Su colaboración en varias re¬ 
vistas científicas de Estados Uni¬ 
dos y de Colombia le destacan en¬ 
tre los hombres de ciencia más pre¬ 
parados con que cuenta hoy Co¬ 
lombia. 

Monseñor Fidel León Triana, 
Protonotario Apostólico, profesor 
de derecho canónico en la Facultad 
de la Pontificia Universidad Jave- 
riana, nos ofrece hoy un interesante 
comentario sobre un delicado pro¬ 
blema jurídico que confirma el 
prestigio de tan alto exponente del 
clero colombiano. 

El Dr. Francisco José LJrrutia 
figura entre los primeros intema¬ 
cionalistas del continente. Tanto 
por sus numerosos escritos como 
por sus diuturnas y brillantes ac¬ 
tuaciones en la Sociedad de Nacio¬ 
nes y en el Tribunal de la Haya, 
se dio a conocer desde hace buen 
tiempo, haciéndose acreedor a la 
admiración y respeto en el campo 
del derecho internacional. 

Louis-Bertrand Raymond, joven 
jesuíta canadiense que termina sus 
estudios en la Pontificia Universi¬ 
dad Católica Javeriana, expone bri¬ 
llantemente los aspectos de la vida 
católica canadiense, que entraña las 


( 80 ) 





más preciosas lecciones para la 
organización católica de nuestra 
América. 

* * * 

Hemos iniciado algunos cambios 
en la presentación de la revista 
que esperamos contribuyan a ha¬ 
cerla más asequible a los lectores. 
Dentro de nuestra tradición y de 
las normas que desde un principio 
nos propusimos, pretendemos tam¬ 
bién amplificar más y más nues¬ 
tros temas, ya que Revista Javeria- 
na va tomando cada vez más ca¬ 
rácter continental. Guando menos 
lo pensamos nos encontramos con 
que las suscriciones del extranjero 
empiezan a superar las del interior 
del país. No hay país de América 
que no tenga buen número de abo¬ 
nados, y nada tan estimulante pa¬ 
ra nosotros como la correspoden- 
cia de nuestros amigos, donde ha¬ 
llamos el eco de inquietudes y an¬ 
helos comunes. 

* # * 

Llamamos la atención de los lec¬ 
tores al artículo de Ricardo Pattée, 
comentario a los Problemas católi¬ 
cos del presente , aparecido en las 
Orientaciones de setiembre de 1944. 
En el número anterior pudieron 
nuestros amigos apreciar los con¬ 
ceptos y sugerencias de gran alcan¬ 
ce enviados desde El Salvador, por 
el distinguido padre Juan Antonio 
García Artola G. M. Revista Jave- 
riana abre de nuevo sus páginas a 
los intelectuales católicos del con¬ 
tinente para que digan su palabra 
en torno a nuestros problemas co¬ 
munes. Esos problemas y sus solu¬ 
ciones solo podrán resolverse den¬ 
tro de la unidad continental procla¬ 
mada por Bolívar, por Martí, por 
Rodó: somos una gran patria ca¬ 
tólica. 

* * * 

En la magnífica revista Ciencia 
y Fe, órgano de alta cultura de las 
Facultades de Filosofía y Teología 
de San Miguel, Buenos Aires, en¬ 


contramos los siguientes conceptos 
sobre nuestra revista que recoge¬ 
mos agradecidos: 

«Tenemos a la vista el número 
100 de la Revista Javeriana. La 
dirección de la revista ha cele¬ 
brado su llegada a esta meta, en 
que se cumple el primer de¬ 
cenio desde su aparición, con un 
número extraordinario que reúne 
colaboraciones de alta cultura, pro¬ 
cedentes de autorizadas firmas 
americanas. Celebramos con par¬ 
ticular regocijo este acontecimien¬ 
to tan grato para nosotros, puesto 
que se trata de una revista cuyo 
curso hemos seguido con especial 
interés y cuyos ideales son tan afi¬ 
nes a los que perseguimos nosotros. 
Es la ocasión de llamar la atención 
de los lectores hacia esta elevada 
manifestación de la cultura ameri¬ 
cana, y hacia la institución que en 
ella vemos representada. 

«La misión de Revista Javeriana 
fue definida desde un principio por 
su fundador, el R. P. Félix Restre¬ 
po S. J., y ha sido cumplida al pie 
de la letra por él y por sus continua¬ 
dores. . . 

«Revista Javeriana nos sugiere 
el nombre de una institución: la 
Universidad Javeriana. Es cierto 
que no fue en un principio un órga¬ 
no oficial de la Universidad, a pe¬ 
sar de que estaba íntimamente re¬ 
lacionada con ella. Pero desde 1941 
es Revista Javeriana parte inte¬ 
grante de esa gloriosa institución 
que honra a la vez a su patria, a 
la Compañía de Jesús y a la Igle¬ 
sia católica. La Universidad Jave¬ 
riana, fundada en 1622 por los Pa¬ 
dres de la Compañía de Jesús, en 
una de aquellas numerosas gestas 
culturales llevadas a cabo en la 
época de la colonia por los Jesuítas, 
fue modernamente reconstruida, y 
ha llegado a ser uno de los prime¬ 
ros centros culturales sudamerica¬ 
nos. Reconocida por el gobierno de 


(!)()) 


su nación en 1933 primero, y, des¬ 
pués en 1942; elevada a la catego¬ 
ría de Universidad Pontificia por 
Su Santidad Pío XI en 1937, se 
desplegó a partir de 1941 en nume¬ 
rosas reparticiones que han forma¬ 
do un organismo completo y po¬ 
deroso. En la actualidad cuenta con 
tres facultades eclesiásticas: teo- 
logía, filosofía, derecho canónico; 
seis facultades civiles: derecho, 
ciencias económicas, medicina, fi¬ 
losofía y letras, pedagogía, perio¬ 
dismo; siete facultades femeninas: 
derecho, filosofía y letras, pedago¬ 
gía, arte y decoración, enfermería, 
comercio, bacteriología; departa¬ 
mento de extensión cultural y de¬ 
partamento de acción social. 

«Al asociarnos al júbilo de la re¬ 
vista e institución hermanas, de¬ 
seamos a ambas lo que el fundador 
de la primera le augura para el 
próximo decenio: «Que Dios os dé 
próspero viento, tranquila ruta, es¬ 
pacios despejados, y que con igual 
prosperidad, en otros dos lustros, 
completéis una nueva etapa de 
vuestra apostólica cruzada». 

(Ciencici y Fe, enero-marzo, 1944, 
páginas 129-130). 

* * * 

La revista Estudios Históricos de 
Guadalajara (México) comenta am¬ 
pliamente algunos números de Re¬ 
vista J averian a y hace resaltar el 
articulo de nuestro colaborador 
Richard Pattée El catolicismo y la 
mentalidad norteamericana. Con 
los siguientes párrafos elogiosos 
termina su referencia a nuestra pu¬ 
blicación: «Para terminar quere¬ 
mos dejar asentado que la Revista 
Ja verían a es una de las mejores 
publicaciones católicas de interés 
general que se editan en Hispano- 
América, digna de compararse con 
los Etudes de París, o La Civiltd 
Cattolica de Roma». 

(Estudios Históricos, N° 4, julio 
de 1944, páginas 81-82). 


Lumen revista de cultura do cle¬ 
ro de Lisboa (Portugal) trae el 
siguiente concepto bajo el rubro 
«Cultura Superior Católica E Ac- 
gáo Social»: Com o atraso devido 
as dificuldades dos transportes, re¬ 
cebemos o suplemento ao N? 100 
da Revista Javeriana, que se publi¬ 
ca em Bogotá e celebrou o seu 10° 
aniversario. Com justa satisjaqáo 
se recordam os dez anos de trabal- 
ho da revista e se transcrevem 
apreciaqoes da impressa de varias 
cores tanto da Colómbia como do 
estrangeiro e da Jerarquía Hispa- 
no-Americana. Déla escreveram 
os Cahiers de la Génération Nou- 
velle de París: Nous avons rare- 
ment rencontré revue de culture 
générale aussi complete. 

A revista representa a extensáo 
cultural da Universidad Javeriana 
que dirigem em Bogotá os Padres 
da Companhia de Jesús, e que 
alem das facuidades eclesiásticas 
(Teología, Filosofía e Direito Ca¬ 
nónico) tem as facuidades civis de 
Direito, Ciencias Económicas, Me¬ 
dicina, Filosofía e Letras, Pedago¬ 
gía e Jornalismo, Tem além disso 
as Faculdades Femeninas de Direi¬ 
to, Filosofía e Letras, Pedagogía, 
Arte e Decoraqáo, Enfermagem, 
Comercio e Bacteriología. 

Interesante é tamben, entre as 
obras universitárias de extensáo 
social a Cooperativa de Crédito de 
Bogotá, Limitada. O seu fim é, diz 
um anuncio, «libertar as classes ne- 
cessitadas as garras da usura ñas 
necessidades urgentes, mediante 
empréstimos a juro baixo e prazo 
largo. Dos corpos gerentes da Coo¬ 
perativa fazem parte, como Assis- 
tente, o próprio Reitcr Magnífico 
da Universidade, Pe. Félix Restre¬ 
po, S. J. e como Presidente o Dr. 
Francisco de Paula Pérez, decano 
das Faculdades Civis. (Lumen, 
Fase, v Maio de 1944, págs. 332-33). 


( 91 ) 



Han reproducido artículos de Re¬ 
vista J averian A los siguientes pe¬ 
riódicos y revistas nacionales y ex¬ 
tranjeras! Letras, suplemento lite¬ 
rario de La Defensa de Medellín, 
«El Profesor y sus perplejidades» 
del P. Francisco José González. 

La Defensa de Medellín: «Pro¬ 
testantismo» del P. Juan Alvarez; 
«La propaganda protestante y la 
política de buena vecindad del pre¬ 
sidente Roosevelt» del P. Antonio 
Granados. 

La Patria de Manizales: «El gali- 
limatías del comunismo criollo» del 
P. Juan Alvarez; «El mensaje de 
Charles Péguy y la resurrección 
de Francia» de Luis V. Ghisletti. 

El Pueblo de Medellín: «El gali¬ 
matías del comunismo criollo» del 
P. Juan Alvarez. 

Sic de Caracas (Venezuela): 
«Tácticas del comunismo ruso en 
Colombia» del P. Juan Alvarez. 

Estudios de Buenos Aires: «Tác¬ 
ticas comunistas en América La¬ 
tina» del mismo autor. 

Vida de México: «Tácticas del 


comunismo ruso en Colombia»; 
«Problemas católicos del presen¬ 
te» del P. Juan Alvarez. 

Lectura de México: «Los funda¬ 
dores del protestantismo. Martín 
Lutero, Enrique VIII, rey de In¬ 
glaterra» del P. Bernardo Wilden- 
hues; «Tácticas comunistas en 
América Latina» del P. Juan Al¬ 
varez. 

Criterio de Buenos Aires: «Por¬ 
qué desconfiamos de la Unión So¬ 
viética» de Ricardo Pattee. 

Vida Católica, hojita apologética 
de la parroquia de Las Aguas (Bo¬ 
gotá) : «El galimatías del comunis¬ 
mo criollo» y «La nueva estrategia 
comunista en la America Latina» 
del P. Juan Alvarez. 

La Unidad Católica de Pamplo¬ 
na (N. de S.): «La nueva estrate¬ 
gia comunista en la América Lati¬ 
na» del mismo autor. 

Lumen de Lisboa (Portugal) : 
«Educación y cultura» de Tristán 
de Athayde; «El catolicismo y la 
mentalidad norteamericana» de Ri¬ 
cardo Pattée. 



JL > E !*i T LC B , ! , <_> 8S 

HOJITA DOMINICAL DE 4 PAGINAS, PROPIA PARA REPARTIR A 

LOS FIELES EN LA MISA 

PEDIDOS AL ADMINISTRADOR DE «DESTELLOS» 

BOGOTA, APARTADO 445 


( 92 ) 


















para dar una organización conscien¬ 
te al instituto nacional de abaste¬ 
cimientos, inició con la ayuda de 
un técnico estadinense la elabora¬ 
ción de un plan de almacenamien¬ 
to, que tendrá como base la insta¬ 
lación de graneros efectivos. Esta 
obra contará con dificultades, se¬ 
gún los comentaristas (T. II-6), por¬ 
que es probable que tanto los pe¬ 
queños como los grandes produc¬ 
tores entreguen en manos del go¬ 
bierno el total de sus cosechas, pa¬ 
ra que el gobierno, como si dijéra¬ 
mos, se las administre en los men¬ 
cionados graneros. En todo caso, 
a juicio de los expertos, es la úni¬ 
ca forma de evitar que los produc¬ 
tores vendan a precios ínfimos sus 
cosechas de papa, trigo o maíz; o 
lo contrario, que impongan a las 
cosechas el precio de su antojo. 
Para estos días el exceso de vera¬ 
no —como en otros años el exceso 
de lluvia— amenaza las cosechas 
en Cundinamarca. Esto será moti¬ 
vo para un nuevo aumento de pre¬ 
cios en los artículos de primera ne¬ 
cesidad. De otra parte, se informa 
(T. 11-11) que por las regiones de 
Boyacá y también de Cundinamar¬ 
ca, se está creando una especie de 
mística por el adelanto agrícola, 
ayudada por el fondo rotatorio de 
fomento económico, creación del 
gobierno. El fondo rotatorio se está 


Crónica 

Y Madeleine Ozeray trabajó en 
el Colón. Gracias a la función gra¬ 
tuita ofrecida por la Universidad 
Nacional, la compañía francesa pu¬ 
do montar —una sola vez infortu¬ 
nadamente —Le Mystére de la Cha- 
rité de Jeanne D'Arc, la obra de 
Péguy. El éxito obtenido en esta 


(VIDA NACIONAL. Viene de la página 80) 

preocupando por demostrar que la 
explotación técnica de la tierra es 
la base de una creciente agricultu¬ 
ra. Al efecto, el fondo tiene en 
arriendo varias fincas de los depar¬ 
tamentos de Boyacá, Tolima, Huila, 
Cundinamarca, Magdalena etc., 
donde está desarrollando una labor 
de explotación y, al mismo tiempo 
de divulgación, referente a selec¬ 
ción de semillas, empleo de maqui¬ 
naria moderna, aplicación de abo¬ 
nos etc. La sociedad de agriculto¬ 
res de Colombia, renovó su perso¬ 
nal directivo (T. 1-31) el cual pre¬ 
para un plan de fomento agrícola. 
En cuanto a ganadería la sociedad 
tiene en mira sostener permanen¬ 
temente la exposición de ganado, 
industria esta que lleva camino de 
colocarse entre las de primera fila 
en el país. Para esta labor se de¬ 
signó una comisión que estudiará 
en primer término, la construcción 
de un local especial donde se alo¬ 
je dicha exposición. De la impor¬ 
tancia de la industria ganadera es 
un índice el monto de las transac¬ 
ciones realizadas en la última fe¬ 
ria de Neiva (T. 1-23). De 9.969 
animales que entraron a la plaza 
se vendieron 6.711 por un valor to¬ 
tal de $ 617.107,50. Los precios es¬ 
tuvieron por encima de los de la 
feria de Girardot. 


teatral 

por Artú& 

sola representación, obliga a lamen¬ 
tar de nuevo la no celebración to¬ 
tal de la temporada en nuestro co¬ 
liseo. Pero esa ya es historia vieja. 
La manera como fue trabajada la 
obra no está sujeta a reservas y, 
más aún, puede calificarse de inta¬ 
chable. Otro tanto el decorado, que 


( 93 ) 





no cambia, y dueño de un equili¬ 
brado gusto artístico. Ciertamente, 
esta obra de Péguy, no ofrece difi- 
fultades para el buen actor. Basta 
la pericia de Madeleine Ozeray y 
de su conjunto para que la creación 
corresponda fielmente al propósito 
del autor. La obra carece de «ac¬ 
ción», de movimiento teatral, de ra¬ 
pidez escénica. Es un poema, un 
admirable poema, trasplantado a 
las tablas con maestría. Su atracti¬ 
vo sobresaliente es la corteza de 
poesía que cubre el fondo histórico 
sin dominarlo o subestimarlo. Po¬ 
dría decirse que la pieza de Péguy 
es una especie de introducción a 
la vida heroica de Juana de Arco. 
Para gustarla, para exprimirle el 
jugo, entendemos se necesita un 
sólido conocimiento de los recur¬ 
sos, de los secretos, de la sutileza 
de los escritores franceses. De otro 
modo, la obra, teatralmente hablan¬ 
do, resulta monótona por su ausen¬ 
cia de movilidad y lo extenso de 
los monólogos. A lo mejor estamos 
desafiando aquí las iras de los sa¬ 
bios. Margarita Xirgu presentó en 
el Colón otra Juana de Arco —el 
drama de Bernard Shaw— cons¬ 
truido totalmente para el teatro, 
vale decir, con diálogos, escenifica¬ 
ción etc., adecuados al caso. Y la 
obra recorría en general la vida 
de la doncella de Domrémy. Sin 
embargo no pudo evitar ciertos pa¬ 
sajes de indudable opulencia ver¬ 
bal, pero lentos y desfallecedores. 
Esto no es más que una modesta re¬ 
miniscencia. En todo caso Made¬ 
leine Ozeray se despidió del pú¬ 
blico bogotano con esta espléndida 
obra poética y, la capital, no olvi¬ 
dará las horas de teatro francés 
de 1945. 

* *• * 

Fantasías es el título de una «re¬ 
vista» que ahora nos está presen¬ 


tando el Municipal, sucursal —nos 
referimos a la obra— de una cosa 
que se llamó el año anterior Frivo¬ 
lidades. Tenemos que declararnos 
fatalistas, decididos fatalistas, en 
cuanto al buen gusto del público 
bogotano. ¿O de cierto público bo¬ 
gotano? Ante todo debe reconocer¬ 
se o apuntarse al haber de Fanta¬ 
sías, la gracia y las aptitudes de 
«Gampitos». Gomo intérprete imi¬ 
tador de algunos de nuestros esta¬ 
distas, es sencillamente, excelente; 
como captador de costumbres, nada 
menos. Y como actor en la actua¬ 
lidad y de mejor futuro, palmas * 
también. Pero todo ello se vuelve 
pedazos ante la mediocridad y vul¬ 
garidad del espectáculo. Ni una 
letra se puede retirar de esas dos 
palabras. No tanto como El Regre¬ 
so, dicho sea de paso, aunque sí 
muy por el estilo, Fantasías pre¬ 
senta unos cuadros con aspiraciones 
a revista sin lograr nada más que 
una cursi imitación: Desde cuándo, 
por ejemplo, las geihsas no tienen 
su kimona larga, como lo dice la 
realidad, y desde cuándo usan una 
cómica mezcla de kimona con 
shorts? Y también, ¿desde cuán¬ 
do nuestros campesina o campesi¬ 
no comenzaron a bailar bambuco 
con parecidos shorts? Sin duda no 
vamos a referirnos aquí, punto por 
punto a la «revista», como que se¬ 
ría interminable. El último cuadro, 
o uno de los últimos, es un verda¬ 
dero atentado contra el arte o sea, 
un caso de policía artístico. Etc. 
Naturalmente, los críticos, esos 
grandes críticos nuestros, se han 
doblado reverentes, ante Fantasías . 
Qué espléndido triunfo, qué esfuer¬ 
zo, qué progreso para el «arte» na¬ 
cional. Si es un triunfo y progreso, 
allá los críticos. Si es un esfuerzo 


TRICOSAN J. G. B., expulsa parásitos intestinales. 


( 04 ) 




sería mejor que no se dilapidaran 
tantas energías en esta clase de 
menesteres teatrales. 

« • « 

La revista es un género azaroso. 
Su montaje supone grandes canti¬ 
dades de dinero y, lo que es más 
importante, grandes cantidades de 
gracia y de gusto artístico. Parece 
que hoy por hoy, los estadinenses 
monopolizan la habilidad en el gé¬ 
nero, mediante el derroche mone¬ 
tario para importar creadores de 
escena, vestuaristas, directores de 
orquesta. Los empresarios no repa¬ 
ran en gastos. Seguramente cobran 
duro pero corresponden a la exigen¬ 
cia de sus públicos. 

Se dirá que aquí no hay dinero, 
que debe apoyarse toda iniciativa 
etc., etc. Ello es aceptable cuando 
en verdad, se trata de iniciati¬ 
vas nobles, decorosas, levantadas. 
Cuando no lo son, es preferible no 
impulsarlas, no hacer ni tener nada. 

Ojalá el trío de los hermanos 
Hernández —grupo de artistas 
conscientes— tenga a la vista es¬ 
ta clase de ejemplos, ya que pien¬ 
sa organizar u organizó un con¬ 
junto de opereta. Los hermanos 
Hernández han hecho recorridos 
continentales y han actuado en tea¬ 
tros de verdad, a juzgar por las 
informaciones de prensa. Imagina¬ 
mos que su experiencia los obliga 
a presentar una escena de elegante 
discreción aunque no sea fastuosa. 
Que el justificado prestigio del cual 
son poseedores, no lo echen a ro¬ 
dar con un desplante «artístico-na- 
cional». Son nuestros sinceros de¬ 
seos. 

* « * 

Agil, teatral, bien escrita es la 
obra que el señor Gerardo Valencia 
presentó por Radio Nacional, para 


conmemorar el quinto aniversario 
de la emisora. También ha sido pu¬ 
blicada en algún suplemento lite^ 
rario. Su título es Asedio , de inter¬ 
pretación dificultosa. El señor Va¬ 
lencia ya se ha librado de mucho 
lastre retórico, de aquel follaje lite¬ 
rario que impedía ver con precisión 
su obra anterior. Valencia pertene¬ 
ce o perteneció a la escuela «pie- 
dracielista» cuyos autores de teatro 
han hecho poemas dialogados y no 
teatro en sí. Influencia lorquiana. 
Por quién sabe qué misteriosa aso¬ 
ciación de ideas, nos parece que 
Asedio tiene sombras y dejos de 
Bodas de sangre . El ambiente, un 
poco el diálogo, cierto parentesco 
argumental trae, probablemente, la 
obra de García Lorca a la memo¬ 
ria. Precisando un tanto el concepto, 
puede observarse que la colocación 
de los cuatro personajes centrales 
de Asedio es semejante a la de los 
de Bodas de sangre; la postura 
de Vicente con relación a la novia, 
-héroes del dramaturgo Valencia¬ 
no es la misma de Leonardo con re¬ 
lación a la novia, héroes del drama¬ 
turgo García Lorca? En ambas 
obras hay ese querer y no querer, 
el ceder y no ceder de las protago¬ 
nistas. Claro que la forma como las 
heroínas enfrentan el problema es 
diferente. La de Asedio mata en 
un instante de temor y la de Bodas 
de sangre , huye con el «seductor». 
Otrosí: en la pieza de Valencia, 
las dos «Mujeres» tienen un vago 
parecido escénico a los Leñadores , 
de Lorca. Quizá el diálogo, quizá 
en su situación. Los héroes mueren 
y las heroínas viven para llorarlos 
y perpetuar su memoria. En fin, 
como decimos es una misteriosa 
asociación de ideas la que nos re¬ 
cuerda a Bodas de sangre, en este 
momento, sin que quiera ello insi¬ 
nuar que hay igualdad o delictuo- 


KüLA GRANULADA J.G.B. (Tarrifo rojo) da fuerza, vigor, energías. 


( 95 ) 





«o parecido artístico. Pasa por el 
teatro de Gerardo Valencia una 
ráfaga de poesía muy al estilo de 
los autores modernos lo cual es 
motivo de aplauso especialmente 
por la forma como está dosificada. 
Gerardo Valencia enriquece discre¬ 
tamente la bibliografía del teatro 
nacional. 

* * * 

Gomo se dijo en la crónica ante¬ 
rior el ballet ruso no debuta sino 
en los primeros días de marzo. No 


tiene objeto fijar fechas de presen¬ 
tación cuando no se tiene seguri¬ 
dad. El ballet —que no es el de 
Montecarlo como se dijo en un 
principio— trae obras de composi¬ 
tores famosos y, seguramente, ob¬ 
tendrá a lo largo de la temporada 
merecidos aplausos. Oportunamen¬ 
te se hará la reseña correspondien¬ 
te a la parte de teatro. Respecto de 
los demás programas que hayan de 
efectuarse para el cincuentenario 
del Colón no hay noticia que valga 
la pena. 


Notas de la pantalla 


Películas recientes 

Al fin del año fue filmada la 
cinta Brasil , alabada en los Estados 
Unidos como logro de interpreta¬ 
ción latinoamericana y de humor 
delicioso. Desde luego, la música 
criolla, según los críticos, pocas ve¬ 
ces ha tenido una más feliz inter¬ 
pretación en Hollywood. 

El tema se refiere satíricamente 
a aquellos escritores que se las dan 
de expertos después de dos sema¬ 
nas de viaje a vuelo a través de 
embajadas y de poltronas de coc¬ 
teles, y está enfocado en una auto¬ 
ra americana en semejante viaje. 
Antes de su visita relámpago había 
escrito un libro humorístico titula¬ 
do: ¿Por qué no casarse con un la¬ 
tino? Pero pronto baja y aterriza en 
sus teorías merced a un cantor y 
compositor de Río de Janeiro. Con 
quien sobra decirlo, acaba por ca¬ 
sarse. Los actores: Virginia Bruce 
y Tito Guizar se empapan de ver¬ 
dad en sus papeles. Los acompañan 
Edward Everet Horton, Robert Li- 
vingston, Veloz y Yolanda, Aurora 
Miranda, y muy de paso presta su 
valiosa ayuda Roy Rogers. 


por Mario Juan Marini 

% 

Se considera como un signo con¬ 
fortable de que el cine ha desperta¬ 
do por fin a sus responsabilidades. 
Brasil será de gran valor para las 
relaciones interamericanas. 

Estafa de cielo 

Creación de The Theatre Guild , 
tomada de la obra original de Franz 
Werfel, resultó una pieza brillante 
como comedia, aunque con sus re¬ 
paros. Ethel Barrymore contribuya 
con mucho a librar de la mediocri¬ 
dad esta cinta, por su poderosa ca¬ 
racterización y vibrante personali¬ 
dad. Los defectos se atribuyen a la 
dirección por ciertos cuadros alti¬ 
sonantes en los dos primeros actos, 
y por el dramatismo histérico de 
la última escena. Defectos mínimos, 
según la crítica americana, al lado 
de la dignidad, grandeza y capaci¬ 
dad de esta cinta para mantener 
suspenso a un auditorio. 

Aunque la novela no es tan po¬ 
derosa como El canto de Berna - 
dette, se puede aparear con ella. El 
papel principal lo desempeña una 
cocinera checa que cree que es po¬ 
sible comprar el cielo. Y para ello, 
se propone con sus ahorros pagarle 


( 96 ) 



la escuela y la carrera en el semi¬ 
nario a un joven, confiada en que 
se asegurará el cielo con sus ora¬ 
ciones. Durante 25 años le llega la 
petición de dinero del candidato. 
Pero cuál sería su desencanto, 
cuando en una visita inesperada 
descubre que po hubo tal ordena¬ 
ción sacerdotal, y que se trata de un 
redomado calavera. Entonces idea 
una peregrinación a Roma, a bus¬ 
car consuelo en el Papa Pío XI, el 
cual dice que el cielo se gana con 
amor y sacrificio. En este punto, 
el teatralismo dilettante interviene, 
pues la vieja Teta muere repentina¬ 
mente al salir del salón en que ha¬ 
blaba con el Papa. El papel pontifi¬ 
cio lo desempeña con bastante dig¬ 
nidad Albert Basserman, aunque 
no se explica su tono de voz tan 
alto. De sacerdote joven que acom¬ 
paña a la buena vieja en su pere¬ 
grinación hace Martin Blaine, es¬ 
pléndidamente. 

Sea como sea, afirma la crítica 
americana, Estafa de cielo es algo 
que no debe perder ningún aman¬ 
te del arte dramático. 

Rosa la revoltosa 

Una película del género reviste¬ 
ril y “ en tecnicolor, menos mala 
que las juzgadas anteriormente des¬ 
de estas columnas y que divierte al 
espectador con las picardías de Ro¬ 
sa, a quien le viene de perillas el 
calificativo de revoltosa. Betty Gra- 
ble, la dinámica rubia de gestos y 
gritos concordantes con su revuel¬ 
ta personalidad, Robert Young con 
su cara de muchacho bueno y 
Adolphe Menjou, el veterano ac¬ 
tor de la pantalla, forman el trío 
principal de la película de marras. 
El argumento no vale la pena de 
ser narrado, pues es una simpleza 
que sirve de pretexto para crear 
las situaciones cómicas y chispean¬ 
tes que en la película se ven. El 
color es maravilloso en todo sen¬ 
tido, pues le presta una belleza ini¬ 


gualada a los escenarios, y la técni¬ 
ca del director también muy bien 
llevada. La censura oficial, de or¬ 
dinario manguiancha, la ha califi¬ 
cado no apta para menores y cree¬ 
mos acertada la calificación. 

Las rubias de Andy Hardy 

El simpático actor Mickey Roo- 
ney con toda la familia «cinemato¬ 
gráfica» del juez Hardy, encarna¬ 
da por Lewis Stone, Fay Holden y 
Sara Haden vuelve a describirnos 
las peripecias de toda la familia an¬ 
te las aventuras del único hijo va¬ 
rón que va a cursar sus estudios 
en un colegio mixto, para señori¬ 
tas y varones. Las peripecias del 
jovenzuelo inexperto y bastante 
audaz se ven complicadas ante el 
encuentro de dos rubias, soberbia¬ 
mente bellas y que son hermanas 
gemelas. Estas chiquillas desean 
ocultar que son dos y traman una 
serie de mentiras para poder en¬ 
trar ambas al colegio y seguir vi¬ 
viendo juntas, pues el papá de las 
tales mellizas, las mandaba a dos 
colegios distintos. El pobre Andy 
Hardy es el que paga las conse¬ 
cuencias de este lío, en plata y en 
dolores de cabeza. Pero una ter¬ 
cera rubia Bonita Granville, mucho 
más seria y reposada, se mezcla en 
el asunto y el alocado de Hardy la 
hace el amor, fracasando cómica¬ 
mente a las tentativas de besarla 
o de que corresponda a la impor¬ 
tancia que él cree tener. La vida 
de colegio se le complica al Don 
Juan sin experiencia, hasta que el 
afán de salir del enredo, le hace 
cometer faltas que se castigan con 
su expulsión; faltas de disciplina se 
entiende. Antes que lo expulsen 
renuncia a su puesto y cuando va 
a dejar la casa se encuentra con su 
padre que va a visitarlo y que es 
íntimo amigo del director del es¬ 
tablecimiento y todo se arregla para 


( 97 ) 




dicha del entusiasta estudiante. 
Una buena película, disimulando 
la liviandad de procederes de la 
muchachada norteamericana, pero 
cuya nobleza de sentimientos se pa¬ 
tentiza en algunas de sus acciones. 

La verdadera victoria 

Una película argentina con Pedro 
López Lagar y Nélida Bilbao como 
principales actores. Nos muestra 
esta película los adelantos del cine 
argentino en cuanto a la técnica es¬ 
cenográfica se refiere, ya que en 
ella se ubica un panorama de guerra 
en Varsovia cuando la ocupación 
de las fuerzas alemanas, y las bom¬ 
bas, el pánico de las gentes y demás 
virulencias propias de los ánimos 
aterrados, están perfectamente cap¬ 
tados y escenificados. En cuanto a 
los actores no han sabido ponerse 
a la altura que la trama les brin¬ 
daba. Nélida Bilbao aparece dema¬ 
siado fuera de ambiente con su 
manera tranquila de proceder en 
medio de las bombas y gritos y de¬ 
más cosas desesperantes. No tan 
solo aparece tranquila, sino que 
por más que se esfuerza en seguir 
las observaciones que sin duda le 
hacía el director de la película, no 
coge la emotividad trágica del mo¬ 
mento y desentona en todo lo de- 
Es muy interesante crear un tipo 
superior de hombre, que permanece 
impávido mientras las bombas caen 
a diestra y siniestra, pero... no 
tanto, no conviene exagerar la no¬ 
ta y se hubiera ganado bastante hu¬ 
manizando un tanto al susodicho 
señor, agente de una empresa de 
noticias a quien las tragedias de la 
guerra no le hacen mover un pelo. 
Pero, el tal sujeto, impermeable a 
cuanto dolor le rodea, es absoluta¬ 
mente permeable a unos ojos boni¬ 
tos y a una silueta encantadora y, 


lo que es más, se emociona febril¬ 
mente y se manifiesta como un 
romántico de primer año; dan ga¬ 
nas de preguntar. .. ¿en qué que¬ 
damos por fin? O es un señor que 
vive en la luna o en la tierra; si 
en la tierra, nada de lo que sucede 
en ella puede serle indiferente y 
menos las cruentas tragedias que 
le toca presenciar. Pero la menta¬ 
lidad del argumentista está, en es¬ 
te caso, al margen de toda lógica. 

» — 

Absolutamente malo el argumen¬ 
to, malo y fuera de lógica, fuera de 
la moral, fuera de lo común y de 
toda ética por ambas partes. O ella 
era una mujer perdida, incapaz de 
reaccionar luego con nobleza y él 
era un aventurero impotente para 
afrontar dignamente las consecuen¬ 
cias, o el hecho no debió de suce¬ 
der. Una de dos. Pero presentarnos 
dos elementos psicológicamente de¬ 
formes, que luego reaccionan con 
tan pretendida «nobleza», es que¬ 
rer hacer pasar por tontos a los es¬ 
pectadores y desfigurar absoluta¬ 
mente la lógica de la vida. Además 
el tal sujeto que encarna Lagar, es 
demasiado trascendente y soñador, 
de un romanticismo mezquino y 
enfermizo que se pretende compa¬ 
ginar con una hombría y responsa¬ 
bilidad a todas luces incompatibles. 
De esta suerte, los personajes cen¬ 
trales de la película resultan de una 
mezcla absurda, de psicología en¬ 
revesada y la trama pierde todo 
valor de lógica y de enseñanza. 
Por supuesto que no es apta para 
menores ni aún para mayores, pues 
eso de que todos los mayores de 
edad tengan criterio suficiente pa¬ 
ra saber hacerse una composición 
de lugar con relación a esta clase de 
películas, es asunto que está por 
verse y admite mucha discusión. 


EEUMASAN es linimento para dolores (Producto J. G. B.) 





Crónica musical 

¿Cuáles son los rumbos y la misión de la música en el mundo actual? 


El habernos enterado del tras¬ 
cendental mensaje que con ocasión 
de la última fiesta de navidad tuvo 
a bien dar al mundo el eximio Pon¬ 
tífice reinante, nos ba sugerido la 
idea de sugerir consideraciones 
encaminadas a demostrar la im¬ 
portancia que para el futuro bien¬ 
estar moral y material de la hu¬ 
manidad, podría reportar un ma¬ 
yor esmero y eficacia en el cultivo 
del bien entendido arte musical, 
cuya cooperación en tan magna la¬ 
bor sería tanto más valiosa y sa¬ 
ludable, cuanto más se tiene en 
cuenta el verdadero distintivo de 
su noble misión, la cual no es otra 
que la de contribuir al enalteci¬ 
miento y dignificación de los sen¬ 
timientos humanos. 

En orden a la realización de lo 
que nos proponemos demostrar, es 
el caso de contemplar brevemente 
si los rumbos u orientaciones que 
lleva actualmente la música, corres¬ 
ponden fielmente al desempeño de 
la noble misión que ya ha sido 
enunciada. 

Gomo es bien sabido, dentro del 
concepto genérico de música no so¬ 
lamente se comprende la que se 
denomina «monódica», constituida 
por una serie de sonidos en orden 
sucesivo y en sentido melódico de 
más o menos distinción e importan¬ 
cia, sino también la que por ser 
resultado de una labor constructi¬ 
va, esmerada y paciente, se halla 
caracterizada de trascendentali- 
dad en virtud de la adecuada coo¬ 
peración de elementos artísticos, 
para cuyo acertado empleo y ge¬ 
niales combinaciones en manera 
alguna y en ningún momento ha de¬ 
jado de intervenir el indispensable 


por Rafael Mariño Pinto 

requisito de no dejarse llevar de 
los meros antojos de una desenfre¬ 
nada y loca fantasía, sino que todo 
ello obedece al magno ideal de va¬ 
lerse incesantemente de la ciencia 
musical para ponerla al servicio de 
ideas bellas, que suelen emanar del 
numen del artista con la misma na¬ 
turalidad con que el finísimo y de¬ 
licado hilo se desprende del dimi¬ 
nuto cuerpo del gusano de seda. 
Tal es la mústica de Juan .Sebas¬ 
tián Bach, un Haendel o un Beetho- 
ven, etc., en la época clásica; y la 
de un Wagner, un Brahms, un Cé¬ 
sar Franck y otros autores en la 
época moderna. 

De conformidad, pues, con lo 
que se acaba de expresar, no es 
propiamente el ropaje lo que cons¬ 
tituye y determina la artística tras- 
cendentalidad de una obra musical 
dada, si en ella no se cumple el 
mencionado requisito cuya ausen¬ 
cia parece ser hoy día no solamen¬ 
te el distintivo, sino el fundamento 
del prestigio para las producciones 
de no pocos exagerados «vanguar¬ 
distas» que no conocen límites en 
lo concerniente al desenfreno ima¬ 
ginativo de que hemos hecho méri¬ 
to, y cuyas obras, aun suponiéndo¬ 
las grandemente eruditas y funda¬ 
das en las «bases físicas de la mú¬ 
sica», de Hemholz, son totalmente 
desprovistas de saludable inspira¬ 
ción y espíritu, y cuando más son 
propicias para suscitar cierta pue¬ 
ril curiosidad y admiración intelec¬ 
tual, como si los progresos del ar¬ 
te, desde el punto de vista de su 
naturaleza y su objeto, pudieron 
ser idénticos a los de cualquier mo¬ 
tor en los dominios de las ciencias 
mecánicas. 

Guando hacia el año 1600 de la 


( 90 ) 





era cristiana, el gran polifonista 
italiana, Monteverdi, por vez pri¬ 
mera introdujo libremente el acor¬ 
de, la 7 ? de dominante que contenía 
el tri-tono si-fa, espantajo de los 
antiguos teóricos, y al que natural¬ 
mente resolvió sobre la fundamen¬ 
tal y la tercera del acorde de tóni¬ 
ca, dando con ello el primer paso 
hacia el descubrimiento de las ne¬ 
cesarias relaciones de los acordes 
entre sí y consolidando el tránsito 
que paso a paso había estado efec¬ 
tuándose, de las antiguas modali¬ 
dades griegas a nuestro moderno 
sistema bi-modal; cuando eso rea¬ 
lizó Monteverdi, no lo hizo a im¬ 
pulsos • de uno de tantos «snobis¬ 
mos», sino en obedecimiento a los 
dictados de su musicalidad inten¬ 
sa que irremisiblemente lo inclina¬ 
ba a dar una satisfactoria solución 
a las razonables exigencias impues¬ 
tas por el buen sentido musical. 

De la misma manera que hubo 
una prolongada época en que por 
razón de las características de su¬ 
blimidad, la música, a semejanza 
del orden gótico en arquitectura, 
con sus majestuosas agujas hacia 
arriba, era un fiel intérprete de la 
tendencias encumbradas de la ciu¬ 
dad de Dios, de San Agustín, así 
también en los actuales tiempos, y 
por motivo de una absoluta caren¬ 
cia del inestimable factor inspira¬ 
ción, el arte musical, para muchos, 
no representa más que un podero¬ 
so auxiliar para que todo lo que 
pertenece y rodea al hombre en es¬ 
te mundo, inclusive el hombre mis¬ 
mo, se inclinen incesantemente ha¬ 
cia abajo, aun cuando a tal tenden¬ 
cia se le pretenda dar cierto aspec¬ 
to de espiritualidad, valiéndose de 
la cooperación de los progresos ob¬ 
tenidos dentro de la técnica del 
virtuosismo orquestal; como si la 
misión de la música fuese a todo 
momento la de estar dando mayor 
vida e importancia a realidades ma¬ 
teriales cualesquiera, y en modo 


alguno la de reflejar e interpretar 
sentimientos. 

Desviada así la música trascen¬ 
dental, de los adecuados senderos 
para la realización de su laudable 
fin, lo natural y lógico es que en 
los pueblos, de modo ineludible, se 
produzca el fenómeno de la consi¬ 
guiente desorientación y descon¬ 
cierto, cuyo inmediato resultado, 
ante lo incomprensible, es el lan¬ 
zarse ávidamente aquellos por las 
tortuosas vías de una delirante pre¬ 
dilección por músicas populares in¬ 
nobles, que además de hallarse des¬ 
provistas hasta del más insignifi¬ 
cante acierto artístico desde el pun¬ 
to de vista constructivo, se caracte¬ 
rizan por su índole sibarítica, dul¬ 
zarrona y meliflua, como genuino 
exponente que son de un lastimoso 
extravío e ignorancia respecto de la 
exacta apreciación del verdadero y 
falso sentimiento en música, a lo 
cual obedece el que constituyan un 
poderoso y eficaz auxiliar de la 
sensualidad, incesantemente esti¬ 
mulada por las modas indecorosas 
femeninas, las libidinosas escenas 
de los espectáculos de cinematogra¬ 
fía, que son los que predominan, y 
los característicos y no pocas veces 
repugnantes movimientos de cier¬ 
tos bailes modernos. Es que hay 
música del espíritu y música de la 
carne, como tan acertadamente hu¬ 
bo de expresarlo el ilustre pensa¬ 
dor y espiritualista, Fray Luis de 
Granada. 

Tal como han sido esbozados los 
rumbos que lleva la música en la 
época actual, lógico es deducir que 
este elemento de civilización que 
debiera ser baluarte para el enno¬ 
blecimiento y dignificación de los 
sentimientos humanos, se ha con¬ 
vertido en inseparable compañero 
y muy eficaz aliado del materialis¬ 
mo y sensualismo, que son los que 
tienen sumergido al mundo en un 
océano de amarguras, de desola¬ 
ción y de sangre. 


( 100 ) 



Crónica de la Universidad 


Apertura del curso de 1945 

Gomo todos los años la exactitud 
de profesores y alumnos en la asis¬ 
tencia al inaugurarse las labores ha 
sido ejemplar. El 20 de febrero se 
dio principia en todos los cursos a 
las tareas, que se han continuado 
normalmente y con gran entu¬ 
siasmo. 

Cambio de profesores 

Algunos profesores han dejado 
sus cátedras por diversos motivos 
que les han impedido continuar 
colaborando con la Universidad y 
han sido reemplazados en la for¬ 
ma siguiente: el doctor Jorge Cár¬ 
denas Nanetti, director de la Es¬ 
cuela Nacional de Comercio ha en¬ 
trado a dictar economía 2 9 ; el doc¬ 
tor Juan de Dios Higuita ha vuel¬ 
to a hacerse cargo de estadística; 
el doctor Alfredo Cock, notable ro¬ 
manista, dictará derecho internacio¬ 
nal privado y legislación de minas 
y petróleos; el doctor Luis Eduar¬ 
do Páez, práctica forense, y el R. 
P. Alberto Campillo S. J., abogado 
de la Javeriana y secretario de las 
Facultades Eclesiásticas, derecho 
canónico. 

Concurso para nuevas becas 

A fin de adjudicar el premio Mes 
del gerente , 1944, creado por el 
alumno Juvenal Villa Correa, de 
la Compañía Colombiana de Segu- 


por Alonso Ortiz Lozano 

ros, y otros cuatro premios ofreci¬ 
dos por la Facultad, se abrió un 
concurso entre los aspirantes a pri¬ 
mer año de derecho, para lo cual 
se practicó entre los bachilleres 
que reunieran las condiciones fija¬ 
das por la Universidad un examen 
sobre latín, filosofía, francés e his¬ 
toria de Colombia. Se llevó a ca¬ 
bo el 24 de febrero. En próxima 
crónica daremos a conocer el re¬ 
sultado. 

El viaje del profesor Abrisqueta 

El profesor Francisco de Abris¬ 
queta, quien realizó en nuestra pa¬ 
tria importantes trabajos de esta¬ 
dística en la contraloría general de 
la república, en el ferrocarril de 
Antioquia y en el Banco de la Re¬ 
pública y desempeñó por algunos 
años la cátedra de estadística y 
economía política en nuestra Uni¬ 
versidad, ha sido contratado por 
la Unión Panamericana para ela¬ 
borar estadísticas sociales y econó¬ 
micas y para iniciar las publicacio¬ 
nes que esa entidad se propone 
crear. El tiempo que el profesor 
Abrisqueta permanezca en los Es¬ 
tados Unidos depende de la ter¬ 
minación de sus trabajos en la 
Unión Panamericana y de otros 
centros donde se propone estudiar 
la organización de estadística eco¬ 
nómica. El profesor Abrisqueta 
abriga el deseo de volver a nues- 


No habrá digestión penosa, tomando DIGESTIVOSA (J. G. B.) 


( 101 ) 








tra patria por algún tiempo antes de 
regresar definitivamente a Europa 
a prestar de nuevo sus servicios 
al país. Lamentamos que la Univer¬ 
sidad se vea privada de tan presti¬ 
gioso colaborador y deseamos al 
doctor Abrisqueta muchos éxitos en 
sus labores. 

Homenaje a un javeriano 

La Sociedad Bolivariana de Co¬ 
lombia ha designado miembro co¬ 
rrespondiente de esa entidad a 
nuestro compañero José María Vi¬ 
vas Balcázar, alumno muy distin¬ 
guido de tercer curso. Ha querido 
la Sociedad Bolivariana que el nue¬ 
vo cantor de Bolívar forme parte 
de dicha institución consagrada a 
mantener viva la memoria del Pa¬ 
dre de la Patria. Este honor discer¬ 
nido a la juventud de Vivas Bal¬ 
cázar es por demás justificado, ya 
que su magnífica oda Por la man¬ 
sión del Padre lo coloca en sitio 
eminente entre los vates que últi¬ 
mamente han exaltado las glorias 
y la personalidad del Libertador. 
La Sociedad editará próximamente 
la poesía de Vivas para distribuir¬ 
la entre sus filiales de América. Fe¬ 
licitamos emocionados al joven 
poeta por tan merecido triunfo. 

Los nuevos magistrados 

La Cámara de Representantes 
eligió recientemente a los doctores 
Víctor Cock, José Antonio Montal- 
vo y Jorge Enrique Gutiérrez An¬ 
zola para desempeñar el alto car¬ 
go de magistrados de la Corte Su¬ 
prema de Justicia. Los doctores 
Cock, Montalvo y Gutiérrez Anzo¬ 
la han venido dictando en nuestra 
facultad las clases de legislación de 
minas y petróleos, y derecho inte- 
nacional privado, derecho penal 
general y derecho penal especial 
respectivamente. Su elección para 
magistrados del mas alto tribunal 
de justicia nos complace. 


Nombramientos 

Los siguientes Javerianos han si¬ 
do nombrados para desempeñar 
importantes cargos: Ricardo Vela, 
juez de instrucción criminal de La 
Unión (Nariño); Jaime López 
Mosquera, secretario de la embaja¬ 
da de Colombia en Venezuela, y 
Alfonso Bonilla Gutiérrez, presi¬ 
dente de la Cámara. 

Facultad de medicina en el Hospital 
de San José 

Cincuenta alumnos de cuarto año 
entrarán a hacer diversas clínicas 
en el Hospital de San José de pro¬ 
piedad de la Sociedad de Cirugía 
conforme a la comunicación que el 
señor secretario de esa entidad en¬ 
vió al doctor José del Carmen 
Acosta, decano de medicina, y que 
insertamos a continuación: 

SOCIEDAD DE CIRUGIA 
HOSPITAL DE SAN JOSE 

Bogotá, febrero 12 de 1945. 

Señor doctor don 
José del Carmen Acosta 
Decano de la Facultad de Medi¬ 
cina de la Pontificia Universidad 
Javeriana. — Presente. 

En contestación a su nota del 8 
de febrero del año en curso, diri¬ 
gida al señor presidente de la jun¬ 
ta directiva de la Sociedad de Ci¬ 
rugía, comunico a usted que se abri¬ 
rán los siguientes cursos, cuyas en¬ 
señanzas empezarán el 5 de marzo 
del presente año en el Hospital de 
San José:; 

Clínica interna . 

Clínica semiológica . 

Clínica ginecológica. 

Clínica de dermatología . 

El valor de las enseñanzas duran¬ 
te el año es de $ 100,00, cien pesos 
moneda corriente, por estudiante 
y por cátedra. Dicho valor debe 
ser cancelado anticipadamente al 
momento de la inscripción que se 


( 102 ) 



hará en la secretaría de la Socie¬ 
dad de Cirugía del 19 al 24 del 
presente. 

De usted atentamente, 

Dr. Laurentino Muñoz 
Secretario». 

Facultad de filosofía y letras 

Esta facultad continúa este año 
la preparación de los futuros hu¬ 
manistas que ya están dando mues¬ 
tras de sus capacidades en diversas 
actividades especialmente en el 
Instituto Caro y Cuervo. Una inno¬ 
vación se ha introducido con la 
creación de la cátedra de literatu¬ 
ra rusa a cargo del profesor ruso 
católico Wladimiro Woyno quien 
también tendrá a su cargo la clase 
de didáctica general. El conocido 
humanista doctor José María Res¬ 
trepo Millán dictará una clase de 
lingüística y Mr. Charles Staubach, 
humanista norteamericano y miem¬ 
bro de la embajada de su país, la 
de inglés literario. 

Nuevos profesores 

Este año han entrado a dictar 
clases en la Eacultad de Medicina 


Javeriana 


Nuevo director del curso 
de comercio 

Par ausencia del profesor An¬ 
drés Perea Gallaga ha sido nombra¬ 
do director del curso de comercio 
superior de la Javeriana Femenina 
el javeriano doctor Luis Alberto 
Bravo cuya capacidad y versación 
en esas materias está acreditada 
por su larga práctica y los títulos 


los siguientes distinguidos profe¬ 
sionales: doctor Juan Pablo Lli- 
nás, alcalde mayor de Bogotá, ana¬ 
tomía patológica; R. P. Carlos Or- 
tiz Restrepo, S. J., física médica; 
los doctores Miguel Jiménez Ló¬ 
pez y Hernán Vergara, clínica si- 
quiátrica y neurológica; Manuel 
Sánchez Herrera, anatomía patoló¬ 
gica; Pablo E. Gutiérrez, patolo¬ 
gía interna; Pedro J. Sarmiento, 
patología tropical; Alfredo Luque 
y Joaquín Grillo, terapéutica. 

Alumnos distinguidos en 1944 

Los siguentes alumnos obtuvie- 
ros las más altas calificaciones que 
los hacen figurar entre los cinco 
primeros de su respectivo curso: 
primer año: Enrique Alvarado A., 
Jaime Salazar P., Germán Motta 
T., Alfredo Afanador Plata, Oscar 
Peña Toro. Segundo curso: Jaime 
Isaza Borrero, Hernando Chala 
Varela, Luis J. Gámez del Valle, 
Rafael Casas Hernández, Christian 
Visval R. Tercer curso: Alfonso 
Navia Tenorio, Hernando Guerre¬ 
ro V. Alvaro Alfonso Rozo, Her¬ 
nando Aguirre Barragán y Jaime 
Venegas. 


femenina 


que ostenta como experto en la 
ciencia contable. El doctor Bravo 
es igualmente profesor de contabi¬ 
lidad en la Facultad de Ciencias 
Económicas y Jurídicas, asesor de 
la Librería Voluntad, director de 
la contabilidad de la Universidad 
y este año fundó una oficina dedi¬ 
cada a la asesoría de empresas que 
funciona como extensión de servi¬ 
cios de la misma. Su dinamismo, su 


( 103 ) 




consagración al estudio, y sus do¬ 
tes de organizador permiten asegu¬ 
rar que este curso será bajo su di¬ 
rección una alta escuela de estu¬ 
dios comerciales. 

Profesorado 

En las distintas dependencias de 
la Femenina figura un nuevo equi¬ 
po de profesores que entró este año 
a desempeñar sus cátedras. Son 
ellos: en la Facultad de Derecho: 
el doctor Daniel Villaneda, profe¬ 
sor de instrumentos negociables; 
Hernando Morales, de procedi¬ 
miento civil; Gabriel Garreño Ma- 
llarino, de pruebas; Alfredo Gock, 
de internacional privado y legisla¬ 
ción de minas y petróleos, y la doc¬ 
tora Rosita Rojas de procedimiento 
penal. En filosofía y letras: Ernes¬ 
to Glogauer de inglés y Lisandro 
Medrano, de pedagogía, En comer¬ 
cio superior: Luis Alberto Bravo de 
aritmética comercial 2 9 , Andrew 
Alfonse, de contabilidad, y Ge¬ 
naro Sáenz, de taquigrafía. En bac¬ 
teriología: Julio Araújo de histolo¬ 
gía, Eduardo Caballero de bacterio¬ 
logía, Jaime Gómez Salazar de quí¬ 
mica, Hernando Groot de parasito¬ 
logía. En enfermería: Jorge Beja- 
rano de problemas profesionales y 
salud pública, Jorge Suárez Ho¬ 
yos de órganos de los sentidos, Gus¬ 
tavo Guerrero Izquierdo de ciru¬ 
gía. En arte y decoración: Jaime 
Concha, de matemáticas; Gustavo 
García Ordóñez, diseño y planea¬ 
miento arquitectónicos; Alvaro Or- 
duz, arte comercial; las señoras 
Julia Arciniegas de Giraldo, Rosa 
Herrera de Rocha y Andrée de 
Groot, dibujo, técnica y práctica del 
color y arte decorativo litúrgico, 
acuarelas y croquis expresivos res¬ 
pectivamente, y la señorita Elisa 
Umaña, interiores y arte comer¬ 
cial. 


COOPERATIVA DE CREDITO 

Un nuevo y magnífico local ocu¬ 
pó este año la Cooperativa de Cré¬ 
dito de Bogotá Limitada creada co¬ 
mo extensión de servicios sociales 
de la Universidad. Ya no es la pe¬ 
queña entidad de hace ocho años, 
que se inició tan precariamente; 
hoy mantiene un tren completo de 
empleados, amplió sus servicios, 
disminuyo los intereses de los prés¬ 
tamos, aumentó los sueldos al per¬ 
sonal, adquirió mobiliario adecua¬ 
do y distribuyó su funcionamiento 
en forma que se asemeja a un ban¬ 
co. Es notorio ese progreso realiza¬ 
do casi en su totalidad últimamen¬ 
te si comparamos los distintos ren¬ 
glones de su actividad en los años 
de 1943-1944 de acuerdo con los 
datos que tuvo la gentileza de su¬ 
ministrarnos el doctor Manuel Tri¬ 
llos Pallares su actual gerente y 
gestor de los avances conseguidos. 

El total de préstamos y descuen¬ 
tos en 31 de diciembre de 1943 fue 
de $ 77.177,58 y en 1944, $ 199.133,84. 
En el mes de diciembre de 1943 esa 
cuenta sumó $ 11.844,93 y en 1944 
$ 43.270,20. Las inversiones ascen¬ 
dieron en 31 de diciembre de 1943 
a $ 2.022,00 y en 1944 a $ 31.056,17. 
La cuenta de acreedores sumó en 
31 de diciembre de 1943 $ 54.856,86 
y en 1944 $ 145.123,51. La cuenta 
de capital después de 8 años figu¬ 
raba con $ 44.410,69 habiendo su¬ 
bido en el año de 1944 a $ 98.128,29. 
Las utilidades fueron en 1943 du¬ 
rante el primer semestre $ 1.159,78 
y en el segundo de $ 2.819,54. En 
cambio en 1944 se distribuyeron así: 
primer semestre $ 4.257,69 y segun¬ 
do $ 4.033,77. Los socios eran en 
31 de diciembre de 1943, 764 y en 
la misma fecha del 44 ascendían 
a 1.441. 


ANTIPALUDICO BEBE, antianémico poderoso (J. G. B.) 


( 104 ) 












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